fbpx
Imprimir esta página
Sábado, 15 Agosto 2026 02:40

Hermes Carvajal, un abuelo criador de ovejas siempre aferrado al cordero de Dios

Por

El campo sigue en medio del abandono y amenazado por importaciones, además la caza ilegal exacerbada por estos días tiene a la fauna silvestre sin presas y buscando alimento en los rebaños.

No importa cuantos años hayan pasado, las ovejas fueron vitales en la dieta y el vestuario de los humanos desde tiempos remotos, tan cierto como que fueron los ovinos los primeros rumiantes en ser domesticados, según registros acopiados por la ciencia entre el 11.000 y el 9.000 antes de Cristo, a.C, prácticamente los pioneros en las granjas del Neolítico y el comienzo de la ganadería, en este caso de muchísima importancia porque la oveja suministró carne, leche, lana y cuero. La historia de los ovinos empieza a escribirse en la Antigua Mesopotamia y en la otrora Anatolia, hoy Turquía, cuando los agricultores más pretéritos hicieron uso del muflón salvaje, una solución alimenticia esencial, pero igual importante fuente de materias primas.

El tema ovino es sumamente interesante ya que con el tiempo llegó la revolución de la lana por allá en el año 6.000 en el imperio persa, hoy Irán, y en la Mesopotamia innovadora y dueña de muchos inventos y soluciones. En esos tiempos se impulsó una selección de ovejas con el fin de obtener más lana, siendo esta fibra de origen animal el primer producto de colosal precio que le dio dinámica al comercio global, prácticamente fue el primer commoditie y la fabulosa solución para diseñar y fabricar prendas de vestir y otros productos útiles para el hogar.

Las ovejas fueron una bendición en los inicios de las civilizaciones, ya en la Edad del Bronce se reportó una interesante expansión de la afortunada cría llegando a Eurasia y la parte norte de África. Con el paso de los años surge la muy pedida casta merina en España que según los historiadores fue crucial en la financiación de los viajes a América.

 

 

La ovinocultura sigue creciendo como actividad pecuaria a nivel global, hoy por hoy se calcula que existen más de 1.000 millones de cabezas en el mundo de distintas razas y particularidades puesto que las ovejas siguen siendo importantes en la industria textil debido a la calidad de las fibras naturales, pero también en la buena alimentación en donde crece la demanda de cordero y carne de ovejos con más edad.

Los expertos aseguran que en el mundo hay más de 1.000 razas de oveja, sin embargo, en los registros de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO, existen 1.300 variedades acondicionadas a distintos pisos térmicos y desde luego a las necesidades de cada pueblo y región en el globo. Cabe anotar que las razas de oveja generalmente están dispuestas para tres demandas, carne, lana, leche o doble propósito, en cárnicos son famosos linajes como Suffolk, Hampshire Down o Texel, animales robustos de acelerado crecimiento, en fibra o lana es muy apetecido el ganado Merino, muy reconocida en cada rincón del planeta, en leche están como muy eficientes la Frisona Oriental y la raza Lacaune de elevada producción lechera muy utilizada en la elaboración de queso y yogurt, en doble propósito, en este caso carne y lana, hay razas demasiado buenas como la Romney Marsh y la Corriedale entre tantas.

No sobra decir que las ovejas llegaron a América en el segundo viaje de Cristóbal Colón en 1493, en principio a las islas del Caribe y con los años fueron llevadas a la América Continental. A Colombia llegaron por la Costa Norte siendo común su cruzamiento de donde surgió la oveja criolla colombiana de destacada resistencia y adaptabilidad.

 

 

En los primeros instantes de la conquista y la colonia las ovejas resultaron determinantes porque suministraron carne, lana y cuero, un abastecimiento de gran importancia para los primeros pobladores o advenedizos puesto que el Colombia prehispánica la oveja no existió y la carne y otros bienes para el tejido y el abrigo provenían de la vicuña, la alpaca y los camélidos andinos en general, esencialmente de Perú, Bolivia, Chile y el norte de Argentina, región en donde estos animales surgieron hace 6.000 años. En Colombia la crianza de estos animales fue baja y el vestido vino de la fibra de algodón y el fique, muy particular en los Muiscas.

Según los datos históricos los primeros ovinos llegaron a Colombia vía Panamá en el siglo XVI desde donde viajaron al resto de la región, los primeros ganados fueron traídos obviamente desde la Península Ibérica, destacándose razas como Churra y Manchega de conocida rusticidad y un marcado doble propósito, carne y leche, su lana no era muy fina, pero tuvo uso más allá de su poca calidad.

Del ovino criollo surgieron tres grupos de oveja de gran importancia, primero la de lana que encontró hábitat en las frías y altas montañas del territorio, básicamente en Boyacá, Cundinamarca, Santander y Nariño, los de pelo fueron corderos ideales para zonas cálidas de la Costa Caribe, Tolima, Huila y los Llanos Orientales. Con el correr del tiempo apareció la oveja Mora Colombiana, una raza sintética que alcanzó su desarrollo máximo en Boyacá y Cundinamarca, muy solicitada por su lana naturalmente oscura.

 

 

Este proyecto de lograr una oveja diferenciada y con grandes atributos empezó en 1979, ya en 1985 se logró afianzar el primer núcleo genético. Para alcanzar la estirpe Mora Colombiana fueron utilizadas para el cruzamiento razas introducidas como Hampshire, Romney Marsh y Corriedale, todo para lograr un animal de muchísima rusticidad de lana oscura apta para el tejido evitando tinturas o colorantes artificiales.

Hoy Colombia tiene en la oveja criolla una base genética importante, este animal guarda además un compendió de gran relevancia para los futuros criadores y para quién investiga sobre orígenes y mezclas. El país apostó por nuevos ovinos con el fin de optimizar la producción y con la llegada de razas eficientes como Hampshire Down, Dorper, Ile de France y Catadin, se ha mejorado la producción y atributo en carne y lana especial, no obstante, sigue la inversión y el cuidado de razas de muy alto rendimiento como la Romney Marsh, uno de los tesoros de las altas y heladas montañas de la muy guapa municipalidad de Güicán de la Sierra, lugar paradisiaco y cargado de belleza, perfectamente incrustado en los bordes de la cordillera oriental el cual amable y generosamente nos acogió.

Infortunadamente cuando vamos a la ruralidad colombiana la queja es generalizada, “el campo sigue muy olvidado y por fuera de las políticas del Estado”, nada mentiroso ni por fuera de contexto, a los productores colombianos les toca hacer de tripas corazón y competir en medio de una desigualdad que aterra, sin bienes públicos, sin subsidios, sin ayudas, sin infraestructura vial y paradójicamente con una mano de obra que ya no quiere ir a los sitios de plantación, cosecha o cría porque con las ayudas, literalmente, a los labriegos les pagan por no trabajar, un caos de cara a la seguridad alimentaria y al relevo generacional.

 

 

En charla con Diariolaeconomia.com, el reconocido criador de ovejas, usualmente campeón a donde quiera que vaya con sus ejemplares ovinos, Hermes Carvajal, anotó que en sus más de 60 años dedicado a la ovinocultura, vive agradecido de su actividad porque con las ovejas hay rentabilidad y permite que quien a ellas se dedica logre sostenerse porque generalmente son un ingreso que se toma a manera de ahorro en vista que el negocio pasa por lana, genética, carne y prácticamente todo puesto que los desechos llamados ovinaza resultaron un abono orgánico de gran eficiencia para los cultivos.

Hoy no escribo esta nota bajo el techo de Corferias y en cumplimiento de Agroexpo que estará de vuelta el año próximo, en esta ocasión tuve la oportunidad de desplazarme a la bonita Güicán de la Sierra y visitar la vereda San Antonio de La Cueva en la parte alta del municipio, un lugar mágico, totalmente verde y fértil en donde pastan ganados de todo tipo, una fábrica de agua y el santuario de muchas especies de fauna, no en vano tierra de osos andinos, venados de cola blanca, pumas, halcones, águilas, cóndores y mucho más.

Esta tierra izada a 3.492 metros sobre el nivel del mar, pero que puede llegar y superar fácilmente los 5.000 metros cuenta con un casco urbano de gran belleza, una iglesia por donde pasan ángeles, ancestros beatos, santos y deidades, entre ellas la Morenita de Güicán, la amada y sublime Patrona del municipio, frío por su geografía, pero cálido por sus afables habitantes.

El juicioso ovejero apuntó que muchas actividades campesinas demandan subsidios como en Estados Unidos o Europa porque está de por medio un trabajo arduo, complejo y de alto riesgo, para garantizar seguridad alimentaria, más no ayudas para algunos lugareños que dejan el trabajo honrado y dignificante por unos cuantos pesos.

 

 

Una esperanza para don Hermes y para el campesinado de la provincia de Gutiérrez en el Norte de Boyacá es que el gobierno los tenga siempre presentes, que los determine y cuente con ellos para diversas dinámicas porque las visitas de la gente importante de las ciudades tan solo son posibles en elecciones y por estos días como no hay nada, probablemente los campos sigan vacíos, sin dolientes y entristecidos porque nadie pregunta por ellos.

Por estos días hay inquietud por la avalancha que generó la creciente de ríos como el Cóncavo y Lagunilla, aunque hay dos más, que se llevaron, para el caso del primer afluente citado, dos puentes vehiculares y tres peatonales en la vereda La Cueva en Güicán de la Sierra, un evento que dejó incomunicada a la comunidad rural, asunto que llevó a la construcción de pasos provisionales para tratar se sobrellevar la emergencia.

 

Caza ilegal e inseguridad, otro dolor de cabeza

Las comunidades rurales denunciaron con mucha preocupación que hay una cacería indiscriminada de venados en la región, un fenómeno que nadie detiene el cual tiene arrinconada la especie que podría verse cerca de la línea de extinción y en vilo a los criadores de ovejas que están reportando pérdidas abultadas por la desaparición de corderos y borregos que son arrancados de las montañas por águilas y halcones, pero igualmente devorados por pumas. Cómo si esa alternativa terrible de la naturaleza fuera poco llegan cazadores y ladrones que aprovechando sus indebidas jornadas de caza salen de las fincas con ovinos que sacrifican para ajustar su dieta, un contexto de angustia y alarma porque hay dinero invertido en levante de animales y genética de gama alta.

 

“Nos dijeron que vieron personas en la noche rondando por nuestra propiedad y muy seguramente queriéndose llevar nuestras ovejas, ahora nos tocará hacer conteo para determinar cuántas nos hacen falta, un apuro que no podemos sobrellevar ya que es del resorte de las autoridades y de los gobiernos municipal, departamental y nacional, ahora el punto es que, si siguen robando en estas zonas altas y de montañas frías nos acaban”, declaró el señor Carvajal.

 

 

 

Las ovejas de don Hermes se alimentan de muy buena pastura en la finca Cueva Blanca por donde corren y prosperan, solamente van al corral para conteo, aplicación de medicamentos, revisión y esquilado, bueno, también para sesión de fotografía. Los animales reciben en tiempos difíciles o de sequía, ensilaje, pero usualmente son suplementadas con vitamínicos y fortificadas con sal.

El cuidado de los ovinos de Hermes Carvajal es máximo a tal punto que no se les ve decaimiento o garrapatas, disfrutan de las lomas verdes y pastan al aire libre en medio de una dicha visible en madres y corderos que solamente opacan los graznidos de águilas o halcones.

En ese recurrente balido de ovejas y corderos, Carvajal agregó que mientras todo salga bien, las ovejas son un cheque al portador ya que ante una necesidad se venden dos o cinco y la gente las paga bien porque adquieren calidad, usualmente son ovinos que van a otros sectores del país como Santanderes, Cundinamarca, Risaralda, Nariño y otras zonas de Boyacá, un ejemplo Tuta, Paipa y otros que igualmente tienen crías o granjas importantes.

Lo ideal para este agricultor y ganadero sería duplicar o triplicar el hato de ovejas Romney Marsh, pero el temor que le da es el accionar despiadado de los amigos de lo ajeno puesto que entre más tiene la gente que trabaja con gran esfuerzo, más le roban.

La cría de ovejas le dio solidez económica a don Hermes y del matrimonio con doña Alicia Duarte, una reina en las alturas de la vereda San Antonio de La Cueva, brotaron siete hijos, los que llegan a la casa de la montaña, pero igual sus nietos, familiares cercanos y los buenos amigos, entre ellos Martha Luz Carreño nacida en la vereda La Cueva, quien fuera testigo de la furia del río Cóncavo que arraso con la poca infraestructura.

Afortunadamente en la casa de don Hermes Carvajal no faltado nada, el trabajo dio para muchas cosas y para vivir dignamente, poco a poco fue comprando predios para meter en ellos unas vacas normandas y unos toros del mismo linaje, de muy buena calidad, otra labor que le quita el sueño a un lugareño entregado a las tareas del campo en un clima frío y retador que no le impide como a su hijo partir a las 4:30 de la madrugada a darle una vuelta a los ganados, suministrarles agua y atenderlos con sales y suplementos.

 

 

Las vacas son ordeñadas a las 6:30 de la mañana y su leche no va toda para el mercado por cuanto hay que darle el tetero a Noha la pequeña venada huérfana víctima de los cazadores que la dejaron sin su progenitora, asimismo piden leche los laboriosos perros, Mack, el ovejero, Happy y la traviesa Nala.

Si bien sus hijos fueron educados, algunos se quedaron en el municipio y otros en el campo en donde ya hicieron empalme de cara a seguir con unas actividades agropecuarias que están muy en el ADN de la familia Carvajal Duarte. El granjero lamentó que una gran cantidad de personas del campo se van a las grandes ciudades a ganar poco, a comer mal o morir jóvenes, muchos, acentuó, sufren por la compleja adaptabilidad a las urbes, pero siguen allí y con el sueño de vivir en capitales dejando cada vez más solo el campo, una juventud que se pierde para la ruralidad y que podría retornar y asumir el agronegocio.

 

“Muchos ya estamos viejos y algunos no tienen quien les haga el relevo, cada vez hay menos niños en los campos y los jóvenes siguen partiendo, sin duda el campo está agonizando”, puntualizó el célebre criador de ovejas Hermes Carvajal.

 

Javier con la finca al hombro

 

 

Sin duda, la mano derecha de don Hermes es su hijo Javier Carvajal Duarte, madrugador, y con tareas perentorias más allá del frío, el agua, los malestares, enfermedades o la espesa neblina.

Desde la granja ovina Cueva Blanca y su raza estrella Romney Marsh, Javier, reiteró la bienvenida y le pidió al nuevo gobierno que le dé una mano al campo, no suministrando todo, aclaró, tan solo que les faciliten las cosas a los labradores y ganaderos, en el caso de las ovinocultura para hacer refrescamiento de sangre, dicho de otra manera, introducir un macho ovino de la misma raza, ojalá importado, pero de fuera del criadero y de distinta línea genética para que se reproduzca con las hembras del núcleo y apostar así por mejoramiento para optimizar tamaño, peso y vigor en las nuevas crías.

En su diálogo con este medio, el conocedor enfatizó que es igualmente importante que el ejecutivo les dé apertura a los criadores para hacer comercialización de la carne y la lana que es la base de la economía de unos ganaderos expertos en especies menores, innovadores y trabajadores, un ejemplo su señor padre que educó siete hijos con la raza Romney Marsh.

Anotó que vienen tiempos complejos con el fenómeno de El Niño porque se hace necesario comprar ensilajes y heno, productos que llegan a Güicán de la Sierra a precios muy altos, uno de los riesgos que se corre en la ovinocultura de disminuir vientres por los costos de alimentación y suplementos dietarios para los animales porque en época seca hay una marcada escasez de pasto y agua por lo que es necesario salir a comprar silos y todo tipo de alimentos para las ovejas y los corderos, un ejercicio espinoso porque a la hora de analizar el estado de pérdidas y ganancias es muy factible que aparezca saldo en rojo.

 

 

Durante su exposición reveló que el costo de producción de carne y lana en una oveja que ronda los 400.000 o los 450.000 pesos sube debido a una onerosa manutención por la obligada adquisición de alimentos e implementos de cría, un factor que dispara los precios, eso sin contar con el tiempo que demandan para atenderlas y evitar que desfallezca el proyecto.

Una oveja de 450.000 pesos, aclaró Javier Carvajal, sube automáticamente de precio y alguien, afirmó, debe asumir la mayor inversión para tenerlas, no solamente vivas, sino en las mejores condiciones.

En materia genética que tiene implícito un valor estimable, el criador tiene hembras entre los cuatro y los siete meses de la raza Romney Marsh, en el momento actual que hay animales de elevada calidad, podría venderlas por tan solo dos millones de pesos, un regalo.

 

“Estamos totalmente desprotegidos del Estado puesto que los recursos que llegan los toman dos o tres personas que realmente manipulan a las asociaciones y por consiguiente al campesino no le dan nada de plata, como factor adicional el Instituto Colombiano Agropecuario, ICA, no hace presencia, no se ve asistencia técnica y estamos pidiendo a gritos al gobierno que nos colabore con reproductores para refrescamiento de sangre bien sea importados de Brasil, Uruguay, Argentina o de un país que tenga la raza Romney Marsh y que cuente con el convenio de importación con Colombia”, señaló Javier Carvajal.

 

Insistió en la necesidad de adelantar con urgencia un trabajo ambiental porque independiente que haya depredación de ovejas por parte de zorros, pumas, águilas o halcones, el problema se está exacerbando como consecuencia de una matanza absurda de animales, a tiempo que recordó que Güicán de la Sierra es territorio de osos y otras especies como el disminuido venado de cola blanca, tan escaso que los carnívoros silvestres tienen que ir a las granjas a buscar alimento en desmedro de la cría de ovinos.

Los productores no quieren matar animales, le apuntan a la conservación, pero pidieron la presencia del gobierno y de las autoridades ambientales, inclusive de las Organizaciones no Gubernamentales, ONG, para ver de qué manera de reponen los animales depredados teniendo en cuenta el costo elevado que asumen los ovinocultores que trabajan con genética pura o con animales que ya no estarán en el mercado significando pérdidas y pagos de acreencias.

 

 

Un caso que puntualmente experimentó Javier fue el ataque de un puma en la granja Cueva Blanca que en una noche acabó con la vida de 32 ovejas, pero además reportó el ataque cada vez más común y fuerte de águilas y halcones que matan a los coderos recién nacidos.

El problema, subrayó, es la caza insoportable de venado porque hay mucha gente dedicada a eso y para completar se llevan dos o tres ovejas en las noches, un problema totalmente fuera de control en la región lo que demanda una mirada más comprometida de las autoridades ambientales frente a ese tema. Casualmente en la noche anterior a esta entrevista los vecinos detectaron personas sospechosas en los predios de los Carvajal.

Sobre la reposición de animales, Javier indicó que el asunto es complicado porque existen muchos protocolos y talanqueras para pagar una oveja, pero sostuvo que dialogando y llegando a un acuerdo es posible salvar las inversiones hechas y proteger la fauna que finalmente no tiene la culpa de que le quiten sus presas naturales.

Hoy los criadores de ovejas deben tener alertas encendidas con enfermedades como carbunco sintomático, carbón bacteriano, también llamado carbunco o ántrax, Miasis, Hemoncosis, Enterotoxemia, Ectima contagioso, Pietín, Coccidiosis, neumonía, paratuberculosis, Toxemia de la preñez, mastitis y otras.

Como es visible los ovinos son proclives a distintas enfermedades parasitarias, infecciosas y metabólicas lo que obliga a tener asistencia veterinaria, observación meticulosa, vacunación, desparasitación y cuidado o manejo del hábitat.
Últimamente a la par con el ataque de pumas se ha vuelto repetitivo la depredación por parte de perros, los mismos entrenados para corretear venados.

 

 

Al terminar el recorrido por la finca el triunfador criador Hermes Carvajal salió con caminar cansino, el vetusto y amable ovejero fue dejando el predio en tanto Javier se ocupó de los últimos detalles ayudado por su fiel perro Mack. Se nota la huella de los años en un hombre que toda la vida se la dedicó a los trabajos del campo, hoy es propietario, tiene tierra y unos excelentes animales, le gustan las buenas ovejas y sabe que si hay mejoramiento genético hay futuro. Con casi 80 años subió a su camioneta de doble tracción y con entusiasmo llegó a la cocina de su casa en donde la señora Alicia esperaba con un delicioso almuerzo, preparado con todo el detalle, pero sobre todo con amor y la felicidad de quien recibe una visita que se estuvo aplazando por cosas del destino. Otro lugar fabuloso es la silla mecedora ubicada en el portillo de la abrigada vivienda en donde el aire helado encuentra resistencia en cobijas gruesas de lana, igual en ruanas y en café con algo de licor.

En la charla de comedor, con humo saliendo de la estufa con la quema de madera y esperando el café de la tarde don Hermes habló de los tremendos daños que ocasionó un ventarrón, tan fuerte que descapotó parte de los corrales, dejando las tejas a muchos metros y totalmente dobladas, como quien dice en ese mundo de las ovejas, otra pata que le sale al gato.
Pasaron los días y la vida obsequió un instante solemne en las montañas de Güicán de la Sierra, unos altozanos tapizados con pastos verdes y decorados con piedras y un cielo azul intenso que nos permitió ver la grandeza del nevado del Cocuy, de hecho, un vecino preclaro.

Visto 2645 veces

Otros artículos