Durante milenios el hombre ha luchado contra las plagas en sus cultivos, en un comienzo el ser humano acudió a distintos sistemas primarios de nutrición vegetal, acudieron a desechos animales como el estiércol, vegetales en proceso de descomposición, ceniza lograda con la quema de madera o rastrojo, pero también mantos de arcilla.
Otra técnica fue el barbecho la cual consistía en recolectar una cosecha y permitir el descanso a esos predios por espacio de uno o más para que los suelos recuperaran nutrientes gracias a el accionar en reposo de la misma naturaleza, pero igual como pasó en India el incipiente agricultor utilizó los limos o sedimentos minerales de granos finos entregados por los ríos, en este caso del Tigris, el Éufrates y el Nilo que con cada creciente ponían este potente nutriente en las tierras de cultivo con resultados fabulosos.
Ahora bien, las plagas, hace 8.000 0 10.000 años en pleno Neolítico eran atacadas con prevención, muros físicos, extractos botánicos y composiciones minerales. Eran tiempos duros, pretéritos, sin herbicidas o venenos en donde el plantador acudía a su vigilancia permanente de suelos, trabajo intenso a mano y el aprovechamiento continuo de los bienes que obsequiaba la naturaleza.
Para espantar insectos, civilizaciones atávicas como las chinas o sumerias acudían al azufre, también se apalancaron en la ceniza de madera y hasta de tiza para salvaguardar el grano recolectado y en acopio. Los insecticidas también los dio el hábitat, en ese tiempo se usaron aceites e infusiones obtenidos de plantas cargadas de propiedades repulsivas para las plagas, siendo los primeros repelentes en la historia de la humanidad, para esa época unas sustancias extraídas del tabaco, el derris, con raíces ricas en rotenona, o el piretro, compuesto sacado del crisantemo.
Otra forma de evitar problemas de enfermedades, ya agudas por la inestabilidad climática, mal de siempre, el agricultor puso en práctica la rotación de cultivos para refrescar el suelo y darle reposo, todo evitando la multiplicación de plagas e insectos que en tiempos de domesticación de los productos agrícolas se quitaban a mano en jornadas extenuantes.
Así como la naturaleza castiga, también envía sus propias soluciones y en tiempos iniciales del agro, aparecieron grandes aliados de los cultivos como ranas, aves y algunos insectos protectores que generalmente fueron hostiles con las plagas en sus entornos.
Los siglos han pasado, el tiempo fue testigo de avances y luchas permanentes entre el hombre y las plagas en las siembras, pero siempre hubo una salida. Para el caso de la fertilización el hombre llegó tras duras jornadas en laboratorio a la síntesis química.
En ese capítulo de la química en la agricultura hay que citar a los alemanes Fritz Haber y Carl Bosch quienes en el amanecer del siglo XX extrajeron nitrógeno del aire para producir amoniaco a partir de procedimientos industriales, con ello los prestantes químicos dieron un tremendo paso adelante. Este proceso llamado Haber-Bosch se inscribieron las bases de la agricultura contemporánea.
Cabe evocar que en 1909 Fritz Haber encontró tras una dura exploración el procedimiento para sintetizar amoniaco partiendo de nitrógeno e hidrógeno gaseoso a presiones y temperaturas bastante elevadas, un trabajo que redundó en 1918 en un Premio Nobel de Química.
El señor Bosch siguió avanzando en sus investigaciones y llevó el gran hallazgo ya perfeccionado a niveles industriales y en 1913 diseñó, no solo reactores, sino maquinaria especial para la producción a escala del nuevo insumo.
A partir de estos estudios llegan los fertilizantes nitrogenados en producciones intensivas, abonos que hoy alimentan cerca de la mitad de las plantaciones en el globo. Gracias a los abonos de síntesis química la agricultura logró aumento de alimentos, mayor eficiencia y toda la rentabilidad, hoy algunos la cuestionan por sus impactos en la salud humana y en la misma salud de los suelos.
Es oportuno dejar claro que la mixtura de nitrógeno, fósforo y potasio, NPK, como principio de una agricultura de mayores rendimientos, fue inspirada, investigada y llevada a la teoría en 1840 por el químico alemán Justus von Liebig. En ese momento del siglo XIX el inquieto hombre de ciencia determinó que las plantas demandan los tres sólidos inorgánicos fundamentales.
En charla con Diariolaeconomia.com, el líder de desarrollo, tecnología e innovación de Nitrofert Juan Pablo Pérez Vélez anotó que es hora de cambiar el chip en agricultura y apostar por insumos amigables con los suelos, protectores de la tierra cultivable y que ofrezcan garantías en lo que tiene que ver con confiabilidad, inocuidad y vida.
Anotó que sin duda el compromiso debe ser por insumos que mantengan los suelos vivos y que ofrezcan sostenibilidad porque es un hecho, hay que devolverle la vida a la tierra para lo cual se hace necesarios concebir el agro de una manera distinta porque cuando se habla de fertilidad en un cultivo se hace referencia a la que parte de la química que es la que se hace de manera tradicional con los fertilizantes de química o de minerales, pero también existe, explicó, la fertilidad física y la biológica.
Expuso que esas tres fertilidades juegan de manera determinante para dar el máximo potencial productivo a las plantas y también brindar sostenibilidad, es decir, no desgastar ese recurso suelo que es tan valioso para todos.
“Nosotros bajo ese concepto, mediante la tecnología conocida como Xper-Tech también llamada bioestímulante, matizada por combinarse con nutrientes tradicionales, ideal para optimizar la productividad de las cosechas y vigorizar, así como fortalecerla tierra, le estamos apuntando a esa sostenibilidad”, declaró el señor Pérez Vélez.
En desarrollo del 54 Congreso Nacional de Cultivadores de Palma de Aceite que se cumplió en Barranquilla, los agricultores pudieron apreciar el Sello Verde de Verdad que valida el compromiso de las empresas agrícolas responsables con el medio ambiente y que tienen dos referencias de Nitrofert, Nitrosmart y Nitrovital. En el caso de Nitrosmart, el sello se obtuvo por parte de la ONG CO2CERO debido a que el producto es hoy una alternativa que tienen los agricultores colombianos y del mundo con el que se puede usar una fuente ureica, pero protegida con unos aditivos que reducen las emisiones de gases efecto invernadero, GEI, como Co2, amoniaco y óxidos nitrosos, algo amable porque en la medida en que se merman los GEI, igual redunda en que el producto sea mucho más eficiente porque obviamente hay menos pérdidas, el nitrógeno se queda dentro del suelo que es donde la raíz lo necesita y con ello hay una mayor toma de ese nutriente que se convertirá en materia seca.
Más allá del uso eficiente de los recursos, la reducción de emisiones y el infalible compromiso con la agricultura sostenible en Colombia, este producto arrastra otros nutrientes que ayudan a que la planta tenga un mayor consumo de Co2, lo saque de la atmósfera y lo secuestre en su sistema o materia seca.
Por su parte el Nitrovital, afirmó el ingeniero agrónomo y Magister en Ciencias, geomorfología y Suelos de la Universidad Nacional, también tiene el Sello Verde de Verdad y allí, dijo, es más consecuente porque este producto es una formulación de bacterias promotoras de crecimiento vegetal en una matriz de compost obtenida de caña de azúcar. Allí, puntualizó el vocero, el beneficio es más directo porque se trata de organismos vivos que ayudan a aumentar el rendimiento en los cultivos mediante fijación atmosférica de nitrógeno, solidificación de fósforo, movilización de nutrientes como potasio, calcio y magnesio. Especificó que la solución ayuda con la producción de fitohormonas que hacen mucho más voluminoso el sistema radicular, indispensable ya que en concentraciones muy bajas regulan crecimiento, desarrollo y es vital en las respuestas al entorno.
Sobre este punto el ingeniero agrónomo Juan Pablo Pérez Vélez enfatizó que las fitohormonas sirven de barrera de protección a la planta contra enfermedades radiculares. Adicionalmente, informó, el Nitrovital tiene otro sello ecológico que es el de Biotrópico, quizás la certificadora orgánica más grande de Colombia con casi 50 años de experiencia que otorgó el sello para que el Nitrovital lo puedan usar las plantaciones que necesitan exportar con validación orgánica.
El campo necesita formación y transferencia de conocimiento
Es común ver en diversos cultivos de la geografía colombiana que muchas personas no miden las cantidades de fertilizantes o insumos requeridos y sencillamente abonan por costumbre, dicho de otra manera, fertilizan por fertilizar, pasando por alto que cantidad no es efectividad como tampoco es garantizada una gran cosecha por utilizar el mismo grado o fórmula.
Expresó que, para ser eficientes, actualmente existen muchas herramientas, las más tradicionales el análisis de suelos que aunado al análisis foliar dice exactamente que hay en el plato de la planta, que nutrientes tiene y que disponibilidad tiene de recibir otros, es algo similar a un examen de sangre en donde se puede observar al interior del vegetal en realidad qué nutrientes está tomando. Otra opción que se tiene es la curva de extracción de nutrientes de los cultivos para llegar al máximo potencial de productividad la cual se cruza con las dos anteriores, y también está, orientó el ingeniero agrónomo, los reconocimientos visuales de eficiencias o de toxicidades de elementos y adicional.
“Adicional hoy, la tecnología nos está brindando igualmente los monitoreos satelitales, sin embargo, se están utilizando drones que asimismo ofrecen mucha más información. Digamos que tenemos muchos recursos a la mano para llegar a la máxima eficiencia el uso de todos esos instrumentos e insumos”, acentuó el profesional.
Daño de los suelos, un llamado de atención
Los excesos con química amenazan el suministro de alimentos, dijo en este medio el científico colombiano Luis Orlando Castro Cabrera, toda vez que siguen arrasando suelos y matando la vida en ellos, una equivocación enorme porque pone las tierras cultivables en línea de extinción.
En respuesta a este punto el ingeniero agrónomo aseveró que uno de los errores que se ha cometido es la labranza excesiva, fenómeno que rompe la estructura del suelo, la daña o la deshace y al ocurrir esto y llegar agua o viento, apuntó, se pierde materia orgánica, dispara la erosión, degrada los terrenos. Señaló que igualmente se pierde suelo por la escorrentía o escurrimiento, agravando temas de deterioro y compactación, eso en desmedro de la vida porque elimina microfauna necesaria como hongos y lombrices.
En opinión del líder de desarrollo, tecnología e innovación de Nitrofert, gracias a la ciencia, los investigadores y casas productoras de insumos detectaron que se estaba haciendo un daño y por fortuna identificaron el cómo revertir esa situación y frenar aquello de alto riesgo que se puso en carrera.
“Digamos que hay métodos de labranza menos agresiva, lo otro también es el uso de coberturas porque un concepto tradicional que se afianzó fue tener un cultivo limpio con cero arvenses o malezas hoy está revaluado porque se sabe que puede haber malas hierbas dentro del cultivo y otras matas que ayudan a que no se den esos procesos erosivos, además aportan materia orgánica y mejoran la biota del suelo. Repito, hoy existe mucha tecnología, de hecho, nosotros con los insumos y los abonos también estamos llevando más allá la manera tradicional de trabajar un fertilizante sintético y es por ejemplo combinarlos con moléculas, como acontece con el Nitrosmart donde estamos reduciendo la emisión de gases efecto invernadero, un Nitrovital con el que aportamos microorganismos promotores de crecimiento vegetal junto con materia orgánica que también mejorará esa parte física del suelo, igual tenemos otros con bioactivadores que mejoran los procesos fisiológicos y metabólicos de las plantas. Estos ya no vienen en microorganismos sino en sustancias que por ejemplo alimentan los diminutos, pero benéficos seres vivos de los predios, potenciando todo el trabajo que hace el producto sobre la planta y la conservación del suelo. Afortunadamente la ciencia nos está entregando herramientas para detener esos daños que le hemos hecho al suelo, reponer propiedades y ofrecer una solución con la que el agricultor no bajará su productividad”, precisó Juan Pablo Pérez Vélez.
En su plática, el ingeniero apuntó que muchas veces hay conceptos de agricultura orgánica con la que el labriego debe sacrificar rentabilidad y es ahí donde el plantador opta por no subirse al bus de agro verde, pero indicó que Nitrofert y su marca Nitrosoil a través de la ciencia, implementando tecnología puede garantizar con los mismos insumos al agricultor que mantendrá su productividad, pero haciendo conservación de suelos, todos ganarán bastante.
Una realidad si enfrenta el ser humano y es el calentamiento global, es el momento de hacer agricultura responsable, de buenas prácticas y con excelentes rendimientos para poder sumar buena cantidad de víveres porque no pocos hablan de una crisis alimentaria o de una hambruna de grandes magnitudes, un lío que se puede agudizar por la coyuntura geopolítica y la salida masiva de inmigrantes que puso en dificultades a muchos productores que no pudieron recoger la totalidad de las cosechas.
El planeta está enfermo, seguramente con pronóstico reservado y dependiendo de un milagro, pero eso depende de mejorar productos, de propender por mejores soluciones y buscar en la tecnología la salida a un apuro de grandes magnitudes por cuanto ya hay suelos muertos en Asia, se ven los impactos en occidente y todos saben que, si no hay resultados, la tierra seguirá agonizando y con ella la comida de miles de millones de habitantes en el globo.
No se puede omitir que la población mundial es de aproximadamente 8.300 millones de personas, una cifra que no deja de crecer ya que repunta a un ritmo de 70 y 80 millones de habitantes anualmente. Las proyecciones demográficas dicen que a 2050 el número de habitantes podría subir a razón de 9.600 y 9.700 individuos.
A juicio del líder de desarrollo, tecnología e innovación del Grupo Nitrofert Juan Pablo Pérez Vélez, si no se mejoran los métodos de agricultura, no habrá suelos, tampoco alimentos y prácticamente no se les dejará planeta a las generaciones futuras y por ello la responsabilidad está en las manos de cada empresa, de los agricultores y de la humanidad como un todo. Por fortuna, reiteró, ya hay herramientas para detener los impactos ambientales, revertir lo que se hizo mal y recuperar los suelos, pero eso solo se logra, manifestó, abriéndole la puerta a las nuevas tecnologías para empezar a implementarlas.
Agricultura tropical, permanente desafío
De otro lado, el líder de desarrollo, tecnología e innovación de Nitrofert instruyó que hacer agricultura en zonas tropicales es tremendamente complicado porque se vive en una permanente lucha con plagas y enfermedades. El tema, recordó, es muy diferente porque en las latitudes más meridionales en donde hay estaciones, los países ubicados en esas zonas pueden tener fácilmente tres meses de suelo congelado como mínimo, en ese periodo no hay agricultura y el terreno pudo descansar, allí es preciso anotar, afirmó el ingeniero, que cuando se congelan tierras cultivables se para toda actividad, luego se hace agricultura en la mitad del año, algo que trae beneficios sobre el suelo, en el mismo balance, no tienen el mismo régimen de precipitaciones lo que hace que no sean suelos tan lavados y que diferente a los del trópico sean mucho más fértiles lo que hace que utilicen menos insumos.
Otro favor del invierno en regiones con estaciones es que mata todas las plagas porque se congelan y si bien algunos vuelven a aparecer no se da en la medida que en los países tropicales como Colombia en donde los patógenos e insectos devoradores de plantas hacen presencia todo el año y por ello el manejo es totalmente diferente porque una cosa es cultivar con mejor trato climático a luchar con unas condiciones tropicales que involucran agua, verano, humedades relativas altísimas e indescifrables temperaturas, una condición que hace que el manejo tecnológico sea totalmente distinto.
El trópico es una realidad, las condiciones son de total desventaja frente a otros países, pero allí no hay nada que hacer en materia de mercado, elementalmente hacer las cosas bien, tener ojo avizor, hacer las aplicaciones debidas, ir de la mano con las soluciones tecnológicas y sacar lo mejor de cada predio porque el escenario es uno y no se modifica, oferta y demanda.
En el trópico, instó el experto, la agricultura tiene que estar soportada sobre tecnología que es lo que mantendrá a los productores en el juego, de lo contario no habría nada que hacer.
Hay muchos retos en la agricultura, el cambio climático y las modificaciones que ya muestran los patógenos logrando mayor resistencia porque sin duda la evolución es para todos. No se puede descartar que algunas enfermedades que se creían ya superadas estén de vuelta, cierto, es que pestes ha habido durante toda la historia de la humanidad, pero afortunadamente y amén de los desafíos hay nuevas tecnologías, antibióticos y otras soluciones, herramientas eficientes para superar todo tipo de problema, un ejemplo es el Covid-19 que si hubiese llegado 100 años atrás habría matado más gente, pero en estos tiempos los instrumentos son varios y dan tranquilidad.
Geopolítica, un asunto complicado
El mundo suma 53 guerras y de estas dos amenazan con escalar, Rusia-Ucrania y lo que sucede entre Irán con Estados Unidos e Israel que, si bien ya dejó todo dicho, abrió los portones de la incertidumbre y visos de amenaza global. Los empresarios y analistas tienen sus reservas por lo que pueda ocurrir con las cadenas de suministro y el impacto en el abastecimiento.
El punto es complicado, exteriorizó el ingeniero agrónomo porque eso lleva a mirar las fuentes de nitrógeno, en primer lugar, indicó, está el aire puesto que se utiliza el N2 que es parte del elemento que respira el ser humano. El asunto no es sencillo porque para convertir ese N2 en fuentes biodisponibles para la planta hay que invertir mucha energía que debería ser barata y hoy en día la más económica es el gas.
Dijo que las plantas de amoniaco en el mundo están sobre yacimientos de gas y aquí, expuso, entra a jugar un papel determinante, el estrecho de Ormuz, una zona rica en petróleo y en gas lo que hace que existan en la región muchas plantas de amoniaco y de urea, de hecho, el 50 por ciento del suministro de nitrógeno en el mundo sale de Asia Oriental, de ese estratégico sector de Irán.
Descifrar el tema , afirmó Pérez Vélez, si se arma una guerra y se forma un bloqueo de salida de buques eso hará que a una igual oferta mundial se baje la demanda, luego obviamente los precios suben y nadie puede montar una planta de urea así el nitrógeno esté en todas partes porque caso distinto el gas no se encuentra en cualquier sitio, de otro lado, refirió, erigir una planta de urea es sumamente costoso, luego no se trata de decir que si hay un gran conflicto bélico cualquiera monta una planta de urea, eso, insistió, no es así.
“En el caso del fósforo y el potasio se puede aseverar que la situación es peor porque los yacimientos están en ciertas partes del mundo, el tema no es que alguien metió una pala y extrajo cualquiera de estos elementos, eso no funciona así porque son minerales y tienen su propio manejo y ubicación en el mundo. Si bien hay este tipo de recurso, fósforo, en China, Marruecos, Estados Unidos y Rusia, también son trascendentales las existencias de potasio en la misma Rusia, Bielorrusia, Canadá, China y la misma Ucrania. Eso hace que si Rusia, el mayor productor de potasio escala su guerra de inmediato se complica el suministro, luego no es tan fácil hacer esos reemplazos. Uno diría, apliquemos materia orgánica, pero resulta que, si uno quisiera equiparar el aporte de nutrientes de un fertilizante sintético versus uno totalmente orgánico, tendríamos que aplicar como mínimo 10 o 15 veces más la cantidad de abono de síntesis química, luego hay unas proporciones descomunales y si se buscan los volúmenes para hacer el relevo, no los hay”, subrayó el versado.
Otro problema adicional con los bio-abonos es que al hablar de eficiencia porque en últimas, apuntó, la contaminación es lo que sobra, y la materia orgánica registra un inconveniente y es que los nutrientes pueden ser cualquiera, no es como un grado de fertilizante que tiene un porcentaje de nitrógeno, uno de fósforo, de potasio, calcio y magnesio. En una materia orgánica, acotó, eso no pasa porque le quedan faltando unos y les sobran otros compuestos, luego si se aplica mucho volumen de eso, también se pueden tener pérdidas de lo que la planta no utilice y eso genera contaminación, es decir, no es tan elemental esa transición ya que a toda vista es muy complicada por los suministros y la nivelación de nutrientes.
Hoy, apuntó el ingeniero Agrónomo, con el cierre de la persiana por parte de Rusia, Bielorrusia y Ucrania se nota la caída en el suministro de potasio y si a eso se suma lo de Medio Oriente con el nitrógeno se va complicando el panorama.
La agricultura, más allá de los problemas, sigue creciendo en el país y pensando en cinco años hacia adelante, el futuro es alentador porque según Juan Pablo Pérez Vélez, Colombia va por un buen camino ya que hoy en día la tecnificación se está implementando lo cual hará que el sector sea más eficiente y eso llevará a que los agricultores sean más competitivos en el tema de costos y de calidad.
Celebró que en los últimos años el sector agropecuario ha venido creciendo constantemente lo cual es el resultado de adoptar excelentes soluciones y las más avanzadas tecnologías, todo sinónimo de eficiencia lo que hace pensar que el agro seguirá creciendo en Colombia, una buena noticia porque con ese repunte viene la diversificación.
Hay condiciones, hectáreas disponibles y mayor conocimiento para recuperar cultivos que jamás debieron irse de Colombia como el algodón y otros, igual para recuperar hectáreas en maíz, cereales y muchos más que seguramente serán reactivados porque hoy más que nunca el país demanda alimentos debido a que ante la incertidumbre geopolítica nadie sabe qué puede venir y allí es clave tener un sector agropecuario totalmente fortalecido y generoso.
En el territorio, dijo el ingeniero agrónomo, hay una buena cantidad de tierras con potencial para reavivar la agricultura y conjurar la seguridad alimentaria, pero también para aumentar la oferta exportable.
El Grupo Nitrofert que tiene bajo su techo Nitrosoil es de capital extranjero, el conglomerado hace parte de un conjunto de empresas a nivel mundial en donde entre todos comercializan más de 10 millones de toneladas de fertilizantes, un volumen bastante grande porque para tener una dimensión del mercado, Colombia en un año, dependiendo de las condiciones de los cultivos, puede vender entre 1,6 y 2.1 millones de toneladas de fertilizantes, una posición que le permite a Nitrofert poder ser competitivo, garantizar permanente suministro y presentarles a los labriegos colombianos tecnologías que se desarrollan en cualquier parte del globo.
Hay retos, pero igual ideas, conocimiento, experiencia y la capacidad de pensar y resolver problemas apalancados en una cada vez más sorprendente tecnología. Basta con ver que en menos de 12.000 años el hombre pasó de vivir en cuevas a formar ciudades y el tema no ha cambiado, la evolución avanza y el éxito se fundamenta en la eficiencia, la tecnología y en abrirle la puerta al cambio para poder implementar soluciones sobre todo en un país como Colombia en donde hay 40 millones de hectáreas que aguardan por la agricultura y la optimización.


