En cumplimiento de la Asamblea Arrocera llevada a cabo en la región del Ariari, puntualmente en Granada, Meta, el productor Eduardo Melón Brown expuso en Diariolaeconomia.com, que aspectos tales como cultura arrocera, historia y tradición arrocera no pueden borrarse como si no pasara nada en vista que hay de por medio inversiones, empleos y consumidores que siguen confiando en el suministro colombiano que sacó la cara en pandemia al igual que el cuerpo médico y hospitalario.
El empresario manifestó que los agricultores están sumamente preocupados y confió que con el nuevo presidente de la República se le pueda dar un vuelco total al tema del arroz en Colombia que sigue en manos de la industria, clara muestra que es necesario que el gobierno intervenga en asuntos de mercadeo en vista que si ni hay intervención del Estado el sector molinero seguirá fijando precios al productor, un asunto que no puede seguir porque los costos de producción siguen demasiado elevados debido al entorno geopolítico y guerras que encareció los fertilizantes y otros agro-insumos, contexto para mirar con mucho cuidado porque ya los arroceros están perdiendo plata.
Las cosas se han puesto muy difíciles, manifestó Melón Brown, porque ya se nota una afectación en la cadena del arroz, es decir que muchas empresas y personas han dejado de percibir ingresos por decisiones tomadas que sin duda afectarán a la región del Ariari.
“Nosotros en esta región del Ariari estamos angustiados porque Arroz Diana es una firma de gran tamaño que siempre ha estado presente en las compras de arroz, la verdad es una compañía con muchos años y entristece y preocupan esos rumores, ya a voces en el sentido que se van de la zona, que ya cerraron, un asunto para estar intranquilo porque para nuestro caso vamos a quedar en las manos de Arroz Roa que era la competencia de Diana en el Ariari”, señaló el muy amable arrocero.
Al indagar por qué parte la empresa, Melón Brown dijo que los argumentos pasan porque las cuentas no les dieron, que el ejercicio no fue el esperado y por eso crearon una infraestructura de acopio en Barranquilla lo que hace prever que abandonarán al campesinado nacional porque las ganancias están en las importaciones, en traer arroz de otras partes dejando solos a los agricultores locales que producen un cereal totalmente diferenciado y cargado de atributo, una determinación que hace que el gran juez sea el consumidor final de quien se espera siga fidelizado con el campo colombiano y tomando distancia de unas compras que obligan a trabajar en trazabilidad, confiabilidad y calidad porque como bien es sabido, a Colombia no siempre llega lo mejor.
El agricultor deploró la medida, es esencia porque se dejó de apoyar el producto nacional que compite con calidad, investigación y mucho esfuerzo. Añadió que hoy no se sabe en qué terminará todo ese asunto porque la absorción de cosecha por parte de la industria molinera es una necesidad regional.
La calma poco a poco se va yendo del Ariari porque el arroz es el producto fuerte del Ariari y después plátano, ganadería y palma, este último un cultivo que va progresando más allá de las inversiones por hectárea y el trabajo que demanda.
Otro sector oneroso es el del plátano porque actualmente sembrar una hectárea con este alimento con todas las calidades cuesta 30 millones de pesos y como los arroceros son plataneros y maiceros a la vez, les toca jugar de esa manera para depender del monocultivo.
Expresó que tal y como vienen las cosas, la agricultura en Colombia es un sector en vía de extinción, algo que llama a la reflexión porque un país que no produce comida nada bueno genera, contrario a tener la barriga llena que posiblemente no deje dormir, pero sí gestar los mejores pensamientos.
“Como todos saben, el hambre lleva a instancias de violencia e ignominia y por eso soy un convencido que el Estado debe centrarse en este momento en el que muchos están a punto de salir del mercado en políticas tendientes a salvar y catapultar la agricultura porque quizás en unos años, si nada se hace, sea demasiado tarde, eso con agravante que una guerra estalla a cualquier hora afectando la cadena de suministro, algo para detenerse un poco a pensar”, opinó Eduardo Melon Brown quien aplaudió el entusiasmo y el fervor de los productores que acudieron en Granada, Meta, a la Asamblea Arrocera.
Como lo han hecho varios países, es hora de potenciar la ruralidad porque quien no tenga agricultura no va a vivir y por eso los arroceros abrigan la esperanza que el Primer Mandatario de los colombianos llene las expectativas que generó en campaña frente al sector agropecuario, puntos que tuvo muy claros y que si pone en marcha será para festejar porque con ideas, diálogo y trabajo al unísono entre agricultores y gobierno, progresar es el único resultado posible.
“Es bueno que el Presidente de la República nos honre con personas que conozcan y sepan del campo, que ojalá hayan sido agricultores para que se den cuenta cómo es la movida porque ese ejercicio de coger la plata para tirarla al sol y el agua en un lote no es nada sencillo y sí por el contrario genera estrés y sufrimiento bien sea porque llueve mucho o porque hace verano, todo un juego de azar en donde se puede perder dinero y ver a los bancos embargando los bienes del productor, todo por hacer patria por cuanto no solo se genera empleo y crecimiento económico, se hace una labor que le da de comer al país y a mucha gente que depende de los agricultores”, precisó Melón.
Más allá de los pronunciamientos del ministro de Agricultura que causaron malestar en la gente, los productores consideran que distinto a debatir o apartarse de la coherencia lo más recomendable es sentarse en una mesa, dialogar y tender puentes de entendimiento porque una cosa sí es real, el campo reúne a todo un país y si bien las actividades del campo se alejan de las zonas urbanas, pero las alimentan, cierto es que la única presencia trascendental en el Ariari es la de Fedearroz que ha brindado apoyo con semillas y con insumos.
La gran deficiencia en la región, apuntó Melón Brown, está en la parte de infraestructura molinera que es en la que se acopia el arroz que produce la región y visible es que se necesitan bienes públicos, mejores vías e infraestructura postcosecha.
Indicó que hay que tener fe en los campos porque hay presidente y un conocedor de la realidad nacional en los campos por lo que 2027 puede ser un año ideal para vislumbrar una buena expectativa y por esa ruta entusiasmar a unos agricultores que quieren seguir en su medio porque les gusta, porque aportan y los hace sentir satisfechos llevando los mejores productos a la mesa de los colombianos, es, recalcó, una buena oportunidad para sonreír porque hoy el sector está de capa caída.
La situación es dura, mucha gente se ha ido del arroz porque sembrar una hectárea de arroz con los costos elevados puede ascender a 9 y hasta 10 millones de pesos y con los precios actuales el arrocero debe hablar mínimo de 100 bultos y para el caso del Ariari es bueno subrayar que es territorio secano porque no hay riego y el que llega cae del cielo cuando el Todo Poderoso se compadece, de resto, dijo, no se tiene otra expectativa de riego. En ese juego de ganar y perder, teniendo en cuenta el problema del clima, lo más seguro, pronosticó Melón, es más fácil perder.
Con problemas súbitos la salida está en los seguros agrícolas
Un problema para tener en cuenta son los inconvenientes súbitos que generalmente llegan con la naturaleza, el diario vivir y pasan facturas que derrumban cualquier proyecto o a cualquier inversionista y allí nuevamente la solución está en los seguros agrícolas, algo que Eduardo Melón Brown califica como estrategia principal porque ese tipo de cubrimiento le daría verdadera fortaleza al agricultor para invertir. La prevención, resaltó, tiene un costo, pero garantiza estabilidad y seguridad porque recientemente pasó algo muy tenaz en el municipio de Fuentedeoro, Meta, en donde más de 500.000 plantas de plátano anochecieron el 27 de agosto pasado y el 28 después de un vendaval todas amanecieron en el piso, fueron arrasadas por unos vientos que no eran los comunes de la zona sino huracanados, demasiado fuertes y totalmente nefastos porque muchos quedaron en la física calle, asunto muy apremiante porque era gente que tenía plata y hoy está con los brazos cruzados.
Lo ideal es contactar firmas serias, del tamaño de la Previsora, o manejar el asunto con Positiva visto que para Fedearroz como para otras agremiaciones del sector agropecuario es perentorio hacerse con seguros de cosecha porque con los cambios atmosféricos ya da miedo sembrar cualquier alimento, en arroz, enfatizó, hay una marcada dependencia del agua, pero si San Isidro se niega a abrir las válvulas seguirá la irresolución y todo lo extremo sin seguro es el boleto más directo a la ruina.
Ahí, exteriorizó, es en donde hacen falta los seguros agrícolas que, si bien es como aplicar dos o tres bultos adicionales de fertilizante en el cultivo, finalmente dan seguridad y la certeza que ante un evento de ese calibre la firma aseguradora cubrirá el 70 o el 80 por ciento de la inversión.
Ese tema, el de los seguros, debería tratarse con el gobierno nacional en cabeza del ministerio de Agricultura porque en eso, asumió el empresario, los agricultores han sido descuidados porque no tienen ningún tipo de protección y hacen inyecciones de capital en cultivos en donde todo se le deja a la bondad del Santo Padre y en momentos la naturaleza llega y se lleva la totalidad de los luchados bienes, en ocasiones y ante un hecho fortuito la banca presta el 50 por ciento y la otra mitad sale de lo que haya quedado de patrimonio
Eduardo lleva 43 años sembrando en la región del Ariari, su aventura con los cultivos empezó en 1983 y por eso afirma que todo lo que tiene se lo debe a Dios, a la madre tierra y a la agricultura y en ese balance el arroz fue la plantación predilecta, sencillamente todo cambia, acentuó, porque hubo una época bonita en la que los arroceros ponían en los suelos solamente tres bultos de abono, uno de urea, otro de fosfato diamónico, DAP, y uno de fósforo, hoy en día las aplicaciones cambiaron por cuanto hay que utilizar entre 12 y 15 bultos para una hectárea de arroz, un cambio tremendo en la estructura de costos y eso obliga a sacar mayor producción para poder cubrir gastos y compras, una parte delicada que debe revisarse con el Estado, exponer salidas y por esa vía seguir en la agricultura.
Las asambleas seccionales se hacen cada dos años y allí hace presencia todo el gremio arrocero que elige un comité compuesto por siete personas principales y siete suplentes que serán quienes representen y lleven la vocería de la región para dar a conocer problemáticas o proponer nuevas salidas para crecer y afianzar el sector arrocero. Granada, Meta es una destacada seccional, pero Fedearroz está representada en 22 departamentos y eso muestra que hay unión, comunión y respeto, todos con las mismas ganas de empujar y salir adelante porque el reto es cambiarle el semblante al país.
A los arroceros se les nota la cuota de fomento, hoy por hoy Fedearroz tiene mucho que mostrar y eso pasa por laboratorios, centros experimentales, molinería, marca de arroz y la muy gourmet “Mi Tienda del Arroz”.
El agricultor aseveró que con Fedearroz se tiene un gremio sólido que brinda respaldo al hacer investigación sobre semillas para el futuro, Detalló que ese punto cinco que pagan los arroceros y que se descuenta con las ventas del cereal en los molinos se ve plenamente reflejado en activos, exploración, nuevos materiales resistentes y larga vida al sector en vista que Fedearroz es el único abanderado en la parte de producción de semillas para varios departamentos en donde varían rendimientos y calidades porque en Colombia no todos los suelos, climas o regiones son iguales sobre todo en zonas tropicales y en el caso de Meta y el Ariari, el gremio los ha favorecido con espectaculares variedades de arroz, una manera de garantizar economía agraria y arroceros por muchos más años, una tarea que seguro impulsara el presidente de la Republica al que esperan Dios lo ilumine para que el país retoñe.
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