Sábado, 26 Septiembre 2026 09:51

Huila, mientras florecen los cafetos la democracia se marchita: Montenegro

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En la ecuación para fijar la cotización internacional y en Colombia el precio interno de compra el indicador esencial es el precio tazado en la bolsa de Nueva York.

Los commodities tienen un origen milenario toda vez que intercambiar productos básicos como granos, metales, fibra para textiles, sal o ganado por citar algunos son antiquísimos y arrancaron con las civilizaciones vanguardistas en agricultura y sedentarismo como en el Neolítico. De todas maneras, en el siglo XIX, puntualmente en 1848 es creada la Bolsa de Chicago en donde se afianza el Chicago Board of Trade, CBOT, con lo cual fue factible normalizar los contratos de futuros agropecuarios, un mecanismo que impulsó el comercio global debido a que morigeró la indecisión y perplejidad de los precios tanto para compradores como para vendedores.

Este mercado bursátil para los productos de la ruralidad alcanza una época moderna y admirablemente dinámica entre los años 70 y 80 del siglo XX.

Un precedente del mercado para varios bienes se dio en esos complejos años 70 cuando surgió la crisis del crudo, hidrocarburo que destrozó los precios abriéndole paso a un mercado libre para el petróleo. En 1983 llegan los contratos de futuros con el lanzamiento del indicador WTI vital para establecer con transparencia los precios uniformes a nivel mundial.

Con la aparición de la era digital en los años 90 se hizo posible ampliar el mercado y abrirlo a un número importante de inversionistas globales que inicialmente sacaron provecho de la Internet y las plataformas electrónicas.

En materia de café el precio se forma y se determina por vez primera en Nueva York en 1882 haciendo uso de la Bolsa del Café de Nueva York, en ese momento hubo una admirable organización. Tiempo después del establecimiento de la bolsa que finalmente estandarizó el grano, en el siglo XX se avanzó en otro sistema de mercado, el contrato de futuros. Hoy por hoy y en aras de cotizar la variedad Arábica, el mercado maniobra con el uso de plataforma Intercontinental Exchange, ICE, con la que se cotiza la variedad Arábica, pero, además, es bueno recalcar, le permitió evolucionar al mercado de contratos futuros.

 

 

Al mirar al pasado, el café ha tenido tremendas caídas y situaciones apremiantes que seguramente fueron forjando la resiliencia de la caficultura, un común denominador. Basta con evocar la Guerra de los Mil Días y ver como un sector que nació y empezó a exportar terminó entre 1899 y 1902 totalmente atomizado, hecho añicos y literalmente en el piso, un momento muy difícil en el que los caficultores tuvieron que volver a empezar porque de los espesos y cargados cafetales tan solo quedó un paisaje en ruina en donde hasta las mulas parecían lamentarse.

En Colombia y en las zonas cafeteras del mundo las crisis han llegado por desplomes globales en la bolsa de Nueva York, también por aspectos climáticos, fitosanitarios, sobreoferta de grano, valores muy altos en los insumos en donde los costos de producción no compensan la cosecha, inseguridad y por líos geopolíticos en donde generalmente hay traumas con la cadena de suministro.

Recordar cada una de las crisis nos demandaría un buen tiempo porque el café desde el siglo XIX ha mostrado picos y caídas estimables. Por ejemplo, entre 2018 y 2019 el precio se derrumbó hasta tener registros muy por debajo de los 100 centavos de dólar por libra, evento que impactó el precio de la carga de 125 kilos que para ese tiempo se pagó a 687.000 pesos colombianos, un valor muy por debajo de los costos de producción. Así las cosas, más de 500.000 familias cafeteras debieron trabajar a pérdida por espacios de algunos meses, un aprieto que conllevó a protestas y peticiones perentorias de rescate financiero ante la calamidad del Fondo de Estabilización de Precios.

En 2013 surgió una dificultad bastante compleja que tuvo su origen en una sobreoferta internacional de grano que llegó acompañada de revaluación en Colombia, todo un coctel molotov porque le metió la mano al bolsillo a los caficultores que vieron caer estrepitosamente sus ingresos, dineros que no alcanzaban para adquirir fertilizantes o pagar mano de obra. El resultado de esa situación fue el Paro Nacional Cafetero que llevó al bloqueo de vías por parte de los agricultores en departamentos icónicos para esta economía como Huila, Caldas y Cauca, regiones que con desespero pidieron subsidios directos, verbigracia, Protección al Ingreso Cafetero, PIC. Así como también alivio para obligaciones con los bancos.

 

 

Otro recuerdo terrible fue la caída del Pacto Cafetero o Acuerdo de Cuotas, mecanismo que reguló el mercado mundial, pero que fue dado de baja en el fatídico 1989, por lo visto, la peor noticia para los cafeteros del planeta, tristemente con votos en favor de su punto final por el bloque centroamericano conformado por Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Guatemala y El Salvador que le dijeron NO a la propuesta de Brasil y Colombia para ampliar la prórroga.

El asunto fue delicado porque a Colombia se le acabó el escenario de precios estables, una condición de la que gozó por décadas. Al ocurrir este hecho el mercado cafetero quedó desregulado abriéndole la puerta grande a competidores nuevos y de gran tamaño como Vietnam y el mismo Brasil, contexto lamentable porque llenó de incertidumbre un mercado que pasó de la certeza y la estabilidad a la incertidumbre expresada con tiempos buenos, regulares y tremendamente malos.

El día oscuro de la caficultura el precio del café oscilo entre 1,20 y 1,40 dólares por libra, pero al no haber consenso en Londres el precio bajó a niveles de 0,69 y 90 centavos de dólar por libra, un recuerdo del que siempre habló el otrora gerente general de la Federación Nacional de Cafeteros, FNC, Jorge Cárdenas Gutiérrez, hoy en los campos del señor.

Crisis, en efecto varias, causas muchas, pero lo real es que los productores aprendieron a manejar ciclos y a apostar por valor agregado y calidad en taza, en ese sentido muchas cosas buenas han pasado y los colombianos saben que su grano es de gama alta y siempre en ese altar de prestigio y atributo.

Hoy los momentos no son malos, pero tampoco óptimos, los caficultores han visto con cierto vértigo las cotizaciones de los últimos días que amenazaron con bajar de los dos millones de pesos por carga, sin embargo, el factor precio externo mantuvo sonrisas y ese tufillo de esperanza que jamás se pierde en tierras colombianas.

 

 

En charla con Diariolaeconomia.com, el experto en café y todo un referente de la caficultura huilense Jorge Enrique Montenegro Polanía, dijo que hoy los productores tienen un manejo que permite estar en la poltrona de la tranquilidad por unas cotizaciones internacionales que al permanecer altas ayudan a paliar fenómenos como el de la revaluación que tiene a muchos empresarios locales en shock.

Anotó que aspectos como la geopolítica, la devaluación del peso frente al dólar, sumado a ello lo atinente a los asuntos climáticos y los mismos inventarios que pueden generarse en el mundo, no dejando atrás la cosecha de Brasil que prácticamente hizo su remate a finales de agosto cuando con algunas cosas en el mes de septiembre hace prever que puede haber un panorama desde la perspectiva de los precios del café a toda vista a la baja porque si bien se recogió la cosecha brasilera todavía no hay cifras concretas que permitan dilucidar la cantidad de la recolecta, empero se puede anticipar, recalcó que al no haber inconvenientes y sumar a la oferta, se cumplirá con la ley de la oferta y la demanda, es decir que habrá un precio con tendencia a la baja.

Sobre ¿qué se percibe a nivel de Colombia?, en este punto Montenegro Polanía afirmó que como lo indicó en este medio a comienzos de año, se mantiene en tres aspectos fundamentales, el primero, es que después de una cosecha buena como fue la de 2025, la siguiente no será de las mismas magnitudes por la fisiología de la planta lo que involucra cantidad y calidad, en segundo lugar, recordó, está el factor climático que empezó con algo de invierno y ahora un intenso verano que tiene al vaivén precisamente lo que puede ser el café en su volumen o lo que puede generar la cosecha en cantidad.

En ese entonces, manifestamos que la cosecha cafetera del país podría disminuir con respecto a 2025 a razón de 25 o 30 por ciento y a merced lo dijo la FNC en un audio generado por la institucionalidad cafetera en cabeza de la gerencia general en donde estima que la producción colombiana rondará los 12.2 o 12.5 millones de sacos de 60 kilogramos para el año calendario 2026 como se aseveró a inicios del periodo actual.

Por el otro lado se vislumbró que el precio del café lo sostenía la bolsa de Nueva York porque si la gente lo detalla, el proceso de revaluación de la moneda local es y por eso el peso se mantiene fuerte frente al dólar, promedio de 3.100 y 3.272 pesos, un cambio que se ha venido cayendo dejando ver una economía exportadora que lucha con un dólar barato, pero que en el tema del café el precio lo pone la bolsa de Nueva York en un 75 por ciento y si bien el debilitamiento de la divisa americana es un factor influyente, no es el factor fundamental.

 

 

Montenegro expuso que, si se comparan los periodos con un dólar en pleno proceso de devaluación frente al peso y a un valor de 3.000 o 3.200 pesos, lo que sostenía los precios de 2.5. 2.6. 2.7 y hasta 2.8 millones de pesos por carga de café era el indicador bursátil de la “Gran Manzana”.

 

“Hoy en día con esa misma devaluación, se cae la bolsa, afecta notablemente el precio del café a nivel internacional, revalidando lo dicho en Diariolaeconomia.com, en el sentido que básicamente el precio del café lo estaba sosteniendo la bolsa de Nueva York en donde las cotizaciones se estipulan por dos o tres instancias fundamentales, primero la oferta y la demanda del café existente que sin duda se ve afectado por el clima y por ello el factor atmosférico dice de cuánto será el precio del café y allí surge una pregunta, ¡salió mucho café de Brasil, país que está por consolidar cual fue su obtención, a qué se debe la baja del grano, quizás por la enorme producción brasilera a que posiblemente estén sacando los inventarios?, en síntesis, hay que determinar qué está ocurriendo con exactitud el acontecer del mundo cafetero, sin embargo habrá que esperar a que pase el primer semestre tras la recogida brasilera parta tener claridad de cuál va a ser el precio del bebestible finalizando 2026 e inferir la perspectiva en el 2027, insisto, con el papel protagónico de oferta y demanda, es decir la cantidad de grano en el mundo, por otro lado el clima que castiga la producción y luego los fenómenos cambiarios medidos en devaluación o revaluación, dependiendo del lado que se mire”, declaró el señor Montenegro.

 

Lo cierto, apuntó, es que ya se están haciendo los análisis y viendo las distintas aristas para poder calcular el precio del café en la postrimería de 2026 y qué ruta se marcará de cara a 2027. Insistió, producción de Brasil, oferta y demanda, clima, otro indicador, inventarios y revaluación, un tema que está marcando hacia la baja, pero que obliga a esperar datos de producción en ese país, acopio y ventas cafeteras a nivel mundial.

Un punto a tener en cuenta es que todos los países cafeteros en el mundo deberían generar información temprana para que el globo haga sus cuentas y tome decisiones sin darle espacio a los especuladores, a esos jugadores que buscan la mayor ganancia cuando se facilita el distractor de la gallina ciega, lo ideal es que todos al unísono sepan en cada uno de sus núcleos productivos hacia dónde van los precios del café y obviamente la producción, una práctica que pueda alentar en alguna medida a los cafeteros el poder contemplar negocios expresados en futuros que deben consolidarse en Colombia, precisamente para prever inconvenientes con los apostadores del mercado, igual con el clima y la moneda.

 

 

Allí, insistió, hay que traer a colación algo que en Colombia no se manejó de la mejor manera ya que el mercado de futuros es una herramienta que en las actuales circunstancias debería servir muchísimo porque ante una situación difícil de factores climáticos que desmejorará cosechas o a mostrar inconvenientes en las cosechas venideras, el caficultor pudiera hacer seguramente uno o dos años de futuros con algunos compromisos teniendo en cuenta cuál será su producción, pero comprensiblemente pegándole al precio y no especular con esa productividad que pudiera tener. Eso, acentuó debería ser lo ideal, pero lamentó que con la experiencia que tuvo Colombia con el tema de los futuros hay mecanismos que no se han reglamentado y reconoció que ha habido experiencias que no fueron las mejores y caso opuesto generaron dificultades en el manejo y resultados de las cooperativas que sin decir mentiras, muchas obviamente, perdieron dinero y que en alguna medida dejaron de ganar unos recursos que perfectamente pudieron ser invertidos en la actividad o en la familia cafetera, algo que sería ideal porque en cierta medida se puede conocer cuál será el comportamiento del clima que ya traza derroteros en la economía del café para el cierre de 2026 y 2027, luego ya hay señales que dicen qué se debe hacer.

La caficultura, señaló Montenegro, no se puede apartar de la realidad cambiaria, un factor que sigue a la baja, precisamente para generar esos negocios en una herramienta a futuro que parece que para estas circunstancias del dólar, las proyecciones climáticas, el cambio, los inventarios y la productividad, resultaría ideal para apostar por ventas a futuro a unos precios seguramente mejores, amortiguando los costos de producción, sin esperar a que se desplome el valor del café, obteniendo algún margen de rentabilidad.

Sobre las cooperativas, aún resentidas, dijo Jorge Enrique Montenegro, hay muchas cosas que no se han contado del todo y que es factible, seguramente es así, haya generado un impacto no solamente en las arcas de las mutuales y seguramente de la FNC, sino también que además de eso la situación ha llevado a que las cooperativas no hayan hecho el correspondiente trabajo en materia de bienestar hacia el caficultor en materia de tener mejores precios de acuerdo a lo que ordena el mercado internacional a través del mercado bursátil para finalmente ofrecer ese contexto a los caficultores, un tema en donde, subrayó, falta mucho por decir y precisar con el mínimo detalle cuál fue el resultado de esas negociaciones a futuro, qué tanto daño le ocasionó a la institucionalidad cafetera en la parte económica y de compromisos, pero igualmente en las cooperativas porque se sabe que en el Huila hay caficultores que todavía están debiendo café, que tienen inconvenientes, que no lo han entregado y seguramente no lo van a entregar, escenario muy duro porque seguramente se vendrán procesos jurídicos para el cumplimiento de los mismos y es ahí, comentó, en donde se debe generar una reglamentación muy clara, totalmente diciente para efectos de poder advertir y evitar cualquier inconveniente que se pueda presentar en ese sentido.

 

 

Queda claro que el mundo habla, el clima habla, la divisa habla, el mercado habla y todo el espectro del café lo hace porque amén de las grandes vicisitudes de la actividad cafetera, la salida es una, valor agregado con el que se pueden conjurar muchos problemas porque cierto es que con commodities se vende grano, pero muy por debajo de la realidad de mercado, un ejemplo, la libra de café excelso a la fecha se va casi regalada, no pasa de 12.000 pesos, y a esa suma deben restársele contribuciones, logística y otras arandelas, mientras tanto a Colombia ingresa pasilla de la más temible calidad, con las exposiciones que se sabe tiene para la salud y se transforma en café que en bolsa de 500 gramos cuesta entre 23.300 y 30.500 pesos, un negocio absurdo porque al cafetero le daría más plata convertir su excelente grano en café tinto.

Muchos productores lo han dicho, en caficultura se cometen las más aberrantes injusticias, mucha inversión, demasiado trabajo, todos los problemas y un ingreso modesto, Ahora, es ahí en donde la institucionalidad debe replantear negocios, ajustar portafolio y mirar de las fincas hacia adentro en vista que hay un hecho demostrable, esos predios anteriormente destinados a la siembra de café son un recuerdo porque fueron reemplazados por ganadería y aguacate has.

Un valor agregado bien logrado, apuntó Montenegro, lo hacen los comerciantes o quienes transforman café, advirtiendo que en la línea de especialidad hay productos de gama alta que valen oro y son la apuesta de muchas fincas que se dieron cuenta que dar unos pasos adicionales resultaba mejor que poner café en puerto a precios de suerte y azar ya que no hubo una política de apoyo en comercialización que la sintiera el campesino o el caficultor de base, hoy existen varios cafeteros emprendiendo en todo el país con granos diferenciados que en algún momento derrotarán a mucha oferta en góndola de precaria calidad pues la gente quiere café arábico, de tostión media, con sabores y fragancias únicas, más no unas pasillas quemadas y malsanas, un mal canje por lo bueno que se logra.

A criterio de Jorge Enrique Montenegro Polanía, el agricultor no solamente debe estar en el tema de la productividad de café sino en la generación de ese valor agregado que le da un plus, precisamente en donde él tiene la materia prima que le genera unos réditos o dividendos, porcentajes de utilidad que premian la rentabilidad.

Antes de observar un interesante ejercicio hecho con Montenegro Polanía que ratifica que el factor que pone el precio en el café es la bolsa de Nueva York teniendo en cuenta en primer lugar que el costo por libra se fija en ese mercado, segundo ítem la tasa de cambio, sin ir tan lejos la revaluación o devaluación del peso frente al dólar estadounidense y en tercer lugar está el hecho que las 208 libras que conforman la carga de café, entendiendo que una libra americana equivale a 454 gramos y no los 500 colombianos. A lo anterior hay que adicionarle el pago de la prima por calidad de café de Colombia que en bolsa es variable, pero que normalmente fluctúa entre 15 y 20 centavos de dólar, eso sí restando costos y gastos en el proceso de exportación que puede marcar 15 centavos de dólar.

 

 

Bajo estas premisas se hicieron dos ejercicios con componentes hipotéticos que de todas aproximan a la realidad. En el primer ejercicio se contemplaron tres dólares por libra de café que fue el precio en su momento que hoy en día está a dos dólares y algo más. Esos tres dólares se multiplican por el valor del peso colombiano frente al dólar, en este caso, 3.100 o 3.200 pesos y se multiplica por 208 libras americanas que es la conversión que se da arroja el valor de la carga de café sin agregar el pago que se le paga al país por la calidad de su grano, unos 15, 18 o 20 centavos de dólar. Allí da un precio, pero si se toman dos dólares el precio de la libra de café y se multiplica por la misma tasa de cambio para las 208 libras más 15 centavos de prima allí se hace notorio el argumento de comienzos del año, es la bolsa de Nueva York la que realmente pone el precio del café.

 

“Vuelvo y lo digo, hacer un ejercicio de tres dólares la libra de café y otro de dos dólares la libra en la actualidad y si a tres dólares por libra se le adiciona una tasa de cambio de 3.100 pesos, pero caso opuesto a esa misma libra ya de dos dólares en valor se le pone una tasa de cambio de 4.000 pesos, la primera fórmula da mayor precio en el mercado, dejando ver que es la bolsa neoyorquina la que indexa el precio para los caficultores, un precio que está supeditado a la ley de la oferta y la demanda igualmente sujeta a la producción y los cambios climáticos”, precisó Montenegro.

 

Como en muchas cosas, el clima puede venir con algunas sorpresas amables habida cuenta que en Bogotá y el centro del país las mañanas son calurosas, pero las tardes y las noches sorprenden con lluvia e inclusive aguaceros, lo propio pasa en otras regiones como el norte del Huila y el sur del departamento “bambuquero”. Para el caso de Jorge Enrique Montenegro Polanía su finca de Gigante y otras caracterizadas por tener café de muy buena calidad han gozado de un verano relativamente suave que ha estado acompañado de lluvias, un asunto muy positivo porque disparó la floración lo que hace pensar en una buena cosecha cafetera en 2027, situación que debe ir acompañada de algunas lluvias en octubre y parte de diciembre para que esa flor que está brotando por estos días se convierta en grano sin ningún problema y con las reservas de agua suficiente para llevar nutrientes durante ocho meses para convertirse en cereza de café y por supuesto se pueda salvar la cosecha, entonces, si bien es cierto, se está preparando una excelente floración en el Huila y seguramente en muchas regiones cafeteras, no es menos cierto que seguramente en los meses de diciembre y un poco empezando el año, deben caer algunas lluvias para que esa flor se convierta sin inconveniente en fruto en favor de la recolección de 2027.

 

“Todo muestra que las cosas pintan muy bien, pero seguimos obviamente condicionados al tema del clima, es decir, de esa radiación solar que debe darse en el momento adecuado, pero también de la presencia de agua cuando la planta lo demande para poder llenar ese grano que se convirtió en fruto gracias a la floración manifiesta en las zonas cafeteras, insisto, mucho en el departamento del Huila”, aseveró el conocedor.

 

Baja participación en urnas, ¿elecciones o desilusiones?

 

 

Quienes lo conocemos sabemos de la pasión y el encanto que tiene Montenegro Polanía por las siembras de café, es una buena persona que no se conforma con cualquier cosa y por eso vive muy bien informado de lo que acontece en el siempre agitado mundo cafetero.

Técnicamente lo tiene todo claro, analiza la complexión de las matas y lee el futuro de las mismas en cosecha, nadie lo engaña y es de los pocos que saben de lo que hablan, por fortuna no es político, es un hombre del café y para el café que a juicio de muchos no debió dejar su cargo en el Comité de Cafeteros del Huila, el que se siente hoy huérfano, sin voz, sin la cara del doliente y con la dinámica que conocimos en cámara lenta. No es zalamería, sus declaraciones pasaron fronteras, salieron de su sede en Neiva para alimentar oídos especializados en Europa, Estados Unidos, México, España y muchas otras latitudes.

Es incómodo decirlo, pero el huila dividió su historia, antes de Montenegro y después de Montenegro, la gloría y la reputación, todo acompañado de cifras quedó en el recuerdo, hoy la gente demostró que hasta pereza les dio ir a las urnas a cumplir con el derecho democrático para elegir a sus representantes, una situación que puede interpretarse de muchas maneras, pero la primera que salta a la vista es que al Huila se le agotó la confianza y hasta la felicidad.

 

Una región con mucho café, muy pocos votos y baja cultura democrática

El propio Jorge Enrique Montenegro, un caficultor acompasado y cargado de sensatez deploró la lánguida participación de los huilenses en las pasadas elecciones cafeteras. Viendo el proceso electoral cafetero se pueden sacar conclusiones, de un lado el país alcanzó en promedio el 55 por ciento de los votantes a nivel nacional, muy bien representados por departamentos con tradición cafetera como el Tolima que logró el 89,6 por ciento y el mismo Caldas que reportó una participación del 82 por ciento, dignos líderes de la democracia cafetera, regiones para emular porque el Huila por ejemplo mostró una contribución del 41,4 por ciento, una vergüenza para el departamento que más produce café y calidad en Colombia.

 

 

Con esa votación, llegan los comentarios y las conjeturas, alguien a manera de pregunta lo dijo abiertamente, ¿será que los cafeteros del Huila no se sienten representados?, como haya sido la experiencia deja una dura lección, el café es para que lo manejen y lo administren los caficultores más no los sectores políticos que recurrentemente se equivocan y no se ponen mínimamente colorados.

 

“Todo esto nos lleva a pensar como huilenses, y lo digo con el mayor respeto, unos son los que ponen la producción y la calidad del café como el departamento del Huila, el gran referente por volumen y atributos, pero otros son los que manejan la democracia del país ya que departamentos como Caldas y Tolima son paradigmas de esa dirigencia. Qué puede pensar uno en ese sentido, sencillo, que allá los caficultores tienen claro lo que implica la democracia cafetera, seguramente creen en su institucionalidad o en la iniciativa cafetera de sus departamentos, algo que no se da en el Huila en donde la gente es muy reacia a votar y no ejerce ese derecho en donde verdaderamente talvez haya un 50 por ciento de la representación, al parecer consecuencia de inconformidad a nivel regional cuando se hace el contraste con otros departamentos, insisto, como Caldas que mostró una participación que superó el 80 por ciento, enarbolando banderas de democracia cafetera”, apuntó Montenegro.

 

A lo anterior, puntualizó, hay que sumarle también otras cosas, seguramente distintas posiciones y visiones, departamentos, repito, como Caldas o Risaralda por nombrar a algunos, en donde los cafeteros son mucho más empresarios y por eso tienen una visión más clara en ese sentido sin querer decir que el Huila no lo sea, pero tal vez la estructura, la idiosincrasia de ellos es mucho más empresarial y ampliamente dada al manejo y a la estructura de la federación, roles que seguramente han faltado en el departamento del Huila. Montenegro fue claro, lo dijo y lo dirá hasta el cansancio, el Huila tiene la productividad y la calidad en el país, pero le falta una representación que pueda llegarle al caficultor de la mejor manera para efectos de poder ejercer esa democracia cafetera y la gente se motive a participar en las elecciones sectoriales, la fiesta democrática de la caficultura, lastimosamente, dijo, no sucede en la tierra opita lo que genera una gran inquietud y seguramente el poder proyectar un trabajo en ese aspecto para mejorar y tener seguramente una mayor participación así como credibilidad en lo concerniente a la democracia regional.

 

 

En la caficultura puede haber agotamiento, muchos se sienten solos, lejanos de la institucionalidad y lejanos hasta del gobierno, en ese sentido Montenegro apuntó que es posible que haya cosas por ajustar porque los temas son cambiantes y obliga a mirar hacia dentro la actividad, pero igual para afuera con los efectos de la geopolítica. Defendió una institucionalidad que, según su conocimiento, siempre ha estado cerca del caficultor, además porque ha demostrado ser buena sin que sea perfecta, pero de la mano de quienes siembran café.

 

“Yo creo que no es animadversión por la institucionalidad sino algún tipo de distancia con algunas personas, no todas, que hacen parte de la dirigencia cafetera y eso le puede estar pasando al Huila, seguramente personas mucho más estructuradas y versadas en el manejo empresarial y con mayor carisma, los que inclusive pueden tener una visión para liderar y ser reconocidos a nivel nacional en el ejercicio de la caficultura, no solo por la productividad o la calidad del café, sino por su don de gente, calidez, preparación, estructura y proyección. Estoy seguro que la institucionalidad, per se, no tiene inconveniente alguno, quizás algunas personas que están con ella y allí vuelve la inquietud, por qué si responde Caldas a una democracia con cerca del 80 por ciento y por qué el Huila tiene unos datos muy por debajo del 45 por ciento cuando es sinónimo de liderazgo en calidad y volumen de grano, un sector que hace la tarea, pero al parecer las personas que representan la institucionalidad en el Huila no le generan credibilidad ni confianza al cafetero, lo digo con mucho respeto, el poder sentirse representado por ellos, un asunto que el Huila tiene que analizar, seguramente esa comisión se vea afectada por aspectos políticos, algo delicado cuando el café es parte importante de la economía y del tejido social”, manifestó Montenegro Polanía.

 

Colombia suma actualmente 550.000 familias cafeteras juiciosamente dedicadas a las siembras del grano, de ese universo el departamento del Huila tiene en promedio 88.000 familias productoras de café las cuales se distribuyen en 35 municipios, sin embargo, la cadena cafetera es mucho más larga porque involucra transporte, valor agregado, transformación, venta del bebestible y otros grupos que viven del café, pero que también ponen votos lo cual conlleva a una injerencia política en los temas cafeteros en donde quien siembra al parecer no se siente representado y si manipulado o manejado por instancias políticas huilenses que empiezan a romperse ante la negativa campesina que sabe de la importancia del café en la economía regional, nacional, pero igual familiar, algo tan determinante que puede llevar sus elegidos al Congreso, la Gobernación, alcaldías y cargos de alto turmequé.

 

 

Para Jorge Enrique Montenegro Polanía hay municipios y regiones que se deben exclusivamente al café, es un producto que ofrece identidad, calidad y reconocimiento que difícilmente puede reemplazarse por otra actividad, el café es una forma de vida, un sueño y una gran meta, solo que hoy se anhela entre cafeteros y sin la intervención política que arruina prácticamente todo.

Hay llamados de atención, dijo el contertulio, asimismo temas para evaluar y aspectos por mejorar, todo para generar una dinámica que lleve al departamento del Huila no solamente a ser el primer productor de café por volumen y calidad sino por su democracia cafetera, una representación ojalá encomiable a nivel regional y en el ámbito nacional.


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