En las tierras de Fura, la perdonada infiel desde el sagrado trono de sol que regía los destinos de los Muzos, se levanta oronda la población de San Pablo de Borbur, un municipio del Occidente de Boyacá con tradición minera que hoy ve dos disyuntivas que generan preocupación y aliento de manera paralela, de un lado la actividad esmeraldífera vino a menos por todas las prohibiciones enmarcadas en una regulación que genera dudas y de otro lado el reinicio de las actividades agropecuarias que serán definitivas en el futuro de esta población y de la misma humanidad.
Finalmente en muy pocos años millones suplicarán por agua, y a esta tierra le sobra, millones querrán comer y en San Pablo de Borbur la tierra es generosa y próspera motivo por el cual se puede asegurar la alimentación para sus gentes, para Colombia y si hay empuje, puede haber oferta exportable. El mundo está cambiando y los commodities cada vez cuestan menos, el verdadero valor lo tienen los alimentos porque por inmensa que sea una riqueza no alimenta a un pueblo con piedras preciosas ni mucho menos puede darle de beber crudo, hoy el único mineral que superará a todos y que fue maltratado es el agua, la bendita bebida que es no en vano, sinónimo de vida.
Esta hermosa población boyacense, propietaria de un paisaje único y de una hospitalidad sin igual le apuesta también al desarrollo turístico con el fin de aumentar las opciones de trabajo y poder así diversificar y desprenderse de la actividad minera, esa que ha dejado una huella de maltrato y de poca prospectiva para el común de los habitantes porque el subsuelo tan solo llena los bolsillos de algunos, pero no de todos, hay desigualdad en la repartición de la riqueza y los pocos pesos que llegan van a bares y a sitios no muy recomendables, como suele suceder la plata de la minería mal usada marca el camino fijo y rápido de la ruina.
En diálogo con Diariolaeconomia.com, la alcaldesa de San Pablo de Borbur, Libia Mariela Lancheros Durán, aseguró que gracias a Dios el pueblo fue bendecido porque cuenta con las esmeraldas más bellas de Suramérica junto con Muzo y toda la Provincia de Occidente.
“San Pablo de Borbur, actualmente cuenta con 252 bocas de mina, este municipio tiene todos los tipos de climas y es por ello que contamos para orgullo nuestro con los mejores paisajes del departamento. Esta es también una particularidad aquí en Occidente y es por esa condición de suelo y clima que la agricultura se afianza como uno de los principales ejes productivos y económicos de la provincia y del municipio como tal”, declaró la señora Lancheros Durán.
San Pablo de Borbur es una tierra de verdad muy bella, su pueblo está escoltado por unas montañas verdes y húmedas que la hacen ver como la mejor pintura de Dios, como la obra mágica de Are en donde crecen las mejoras semillas y de donde brotan las verdes y suntuosas lágrimas de la bella, esbelta y petrificada Fura. Sus 25 y hasta 35 grados de clima hacen de esta población un destino obligado de visitar porque ofrece belleza natural, paz, respeto y toda la amabilidad de sus habitantes.
El tema agrícola crece, manifestó la funcionaria y por eso se encuentra en la tierra de este emblemático pueblo de Occidente, productos de alta calidad e inocuidad como el cacao que vive su propio apogeo, café, maíz, yuca y frutales.
“Tenemos el mejor aguacate de la provincia de Occidente y actualmente vamos a cultivar 50 hectáreas adicionales al amparo de un proyecto gestionado por nosotros gracias al Ministerio de Agricultura, a la Secretaría de Fomento del departamento y a recursos propios del municipio. Igualmente tenemos unas deliciosas guanábanas, pitaya y toda la variedad de productos que se pueden encontrar en un municipio que cómo el nuestro tiene producción agrícola en tierra fría y en pisos calientes”, aseveró la alcaldesa.
No menos importante es la labor pecuaria y ganadera porque la población se dedica a la cría de especies menores y al levante de ganado de enorme calidad y trabajo genético. Esa tarea en ganadería, comentó, conllevó a la creación de la Asociación de Ganaderos la cual organiza la mejor feria bovina del occidente de Boyacá que es donde se comercializan semovientes cada dos meses en el sector de San Martin.
San Pablo de Borbur, tierra de gente buena
La alcaldesa de San Pablo de Borbur, Libia Lancheros, dijo que una particularidad de su pueblo es la calidad humana y el sentimiento hospitalario y noble de sus habitantes. La población suma 10.650 personas en 27 veredas y 300 poblados.
La preocupación que surge hoy es precisamente porque esa población ya no está tan vinculada a la minería y todo el entorno de pesimismo hizo que se produjera una migración considerable, sacando campesinos para las ciudades y mineros que no soportaron la iliquidez.
“Desafortunadamente el auge de la esmeralda se ha venido disminuyendo, hoy hasta la producción es escasa y las perspectivas de progreso por ese lado disminuyeron”, indicó la primera autoridad municipal.
Esta excelente persona quien a su vez es representante de la Mesa de Esmeraldas de la Provincia de Occidente exhortó por un mejor trato para la población que poco a poco ve cómo se pierde la calidad de vida. Dijo que si bien hay respeto por la inversión y el desarrollo, el ejecutivo debe comprender que hay un riqueza en el subsuelo que les pertenece a los raizales, a quienes han estado allí por siempre, razón por la cual debe generarse un entorno amable y justo con el minero y con las comunidades para que tengan acceso a la riqueza, la misma que salió en barcos europeos en tiempos de la conquista y la colonia y que tanto reclamo ha generado a la fecha. La historia no se aprendió, o no se asimiló y hoy la descendencia de los Muzos está siendo apartada de lo que por derecho y Constitución le corresponde.
Los problemas no son ajenos a otras regiones mineras, hay un alto índice de menores embarazadas, creció el número de madres solteras cabeza de hogar, la desocupación es cada vez más grande y se requiere con urgencia la intervención del gobierno para estimular el agro-negocio e incentivar el retorno de los hijos que se fueron.
“El Municipio Esmeralda de Colombia” tiene 53 años y su nombre deriva del presbítero, Pablo Valette quien fue el primer párroco en 1918. Cabe precisar que en 1875 se erigió el primer caserío, pero solo hasta el año 1912 se construyó la primera capilla por el ánimo que puso, Guillermo Lancheros. La historia dice que este municipio nace como un apéndice de Pauna el nueve de diciembre de 1959 que es cuando conforma su andamiaje político y administrativo.
La joya verde que es San Pablo de Borbur, está ubicada como con las manos del creador en las estribaciones de la cordillera oriental, haciendo convergencia con el Valle del Río Magdalena. Es por eso que su territorio o geografía es accidentada en donde se izan montañas de cuchillas escarpadas y en donde se ubican planicies o faldas de cerro fértiles, muy aptas para la producción agrícola.
En medio de los sucesos y de los retos que se han formado, es bueno decir que este municipio tiene todo para llegar lejos, independiente de una problemática que causa la población flotante y que de manera injusta recae en los lugareños, en los dueños del aviso, en esos buenos seres humanos que están a la deriva esperando una mano firme del gobierno y mirando en el horizonte los soles rojos que se enarbolan en las noches como una señal de gracia y bienaventuranza.
“Amanecerá y veremos”.