La apertura o reapertura de la frontera colombo-venezolana ha tenido todo tipo de reacciones, desde la más optimista hasta la fría, cruda y crítica. Razones hay por montones para escuchar las opiniones que llegan de lado y lado. Lo único cierto es que como en todo proceso, los pasos serán lentos y tras consolidar acuerdos y confianza, es posible que los dos países retomen una agenda comercial, la misma que fue bloqueada por aspectos políticos, lo que a criterio de muchos fue un histórico error porque se hizo caso omiso a no revolver peras con manzanas.
Todo comenzó un 19 de agosto de 2015, día en el que el Gobierno de Venezuela decidió hermetizar la frontera con Colombia, un hecho que pasó a la historia porque le puso punto final a unas relaciones hermanas muy cercanas y le abrió la puerta a la migración de venezolanos, un hecho que invadió la región, acentuando un lío económico y social de enormes magnitudes.
El presidente de la Asociación Nacional de Comercio Exterior, Analdex, Javier Díaz Molina, le dijo a Diariolaeconomia.com, que la, anhelada para muchos, apertura de la frontera con Venezuela no deja de ser una ilusión porque en el corto plazo no tendrá un impacto importante en materia de comercio exterior. Expuso que el hecho tendrá impacto en la frontera y en el comercio que se da en ese espacio territorial divisorio.
Según el dirigente gremial los productos que más se mueven en la zona de frontera o mejor conocida como el tercer país, son alimentos, medicinas, productos de aseo y otros de gran demanda. Anotó que la espera puede ser mayor a lo que se puede calcular en vista que la economía del vecino país se ha dolarizado, fenómeno que sugiere una alta demanda de este tipo de productos en la línea fronteriza.
“Lo concerniente al comercio exterior y a las exportaciones va mucho más allá porque depende de variables como el pago, es decir la manera en que se solventarán los bienes importados desde Colombia, el gran problema de la última relación comercial con los vecinos cuando la Comisión Nacional de Administración de Divisas, Cadivi, colapsó y le puso freno de mano a los desembolsos de las exportaciones colombianas, con gran afectación en la pyme que vio comprometido su capital de trabajo. Es claro, si no hay seguridad en materia de pagos, el exportador colombiano prefiere no enviar ya que se expone a despachar una mercancía que después no será solventada ni honrada”, apuntó Díaz Molina.
Aclaró que la gente ha tomado ese tipo de operaciones como procedimientos de oportunidad y recalcó que el impacto será en la frontera en donde habrá un exponencial crecimiento de la demanda de productos básicos, pero insistió que el tema, de momento, no irá mucho más a profundidad por las actuales condiciones de Venezuela como país y como economía.
Para quienes viven en la frontera, los que han pasado por momentos sublimes y trágicos en materia de integración e intercambio, la noticia puede ser vista como una cuota inicial de recuperación de un comercio que en principio tendrá efectos psicológicos. Con ello, explicó Díaz Molina, el comercio de Cúcuta podrá verse fortalecido porque es indudable que Venezuela sigue desabastecida y sigue requiriendo producto y suministro permanente y de calidad.
“En la medida en que los venezolanos se puedan abastecer en Cúcuta, con toda seguridad va a desarrollarse un comercio de frontera que se puede ver alentado porque la economía del vecino país, prácticamente se ha dolarizado, es decir que ahora la capital de Norte de Santander pasará de los bolívares a los dólares, lo que dejará ver un renacer comercial de frontera, particularmente de Cúcuta hacia Venezuela”, declaró el señor Díaz.
Una reactivación más rápida en una primera etapa sería viable si el gobierno de Venezuela, los empresarios de los dos países y una veeduría se comprometieran a liquidar los bienes o productos exportados, solo, subrayó el presidente de Analdex, si hay reglas de juego claras y certeza, no habría problema en exportar a Venezuela, empero, es una decisión totalmente venezolana.
Para despejar las dudas en materia de desembolsos o retribuciones, comentó el directivo, hay que tener todo muy bien definido, es decir, cómo va a ser el pago y quién lo hará porque Venezuela sigue con la figura de control, de cambios, luego si no hay disposición de dólares, muy difícil será el tema comercial.
Evocó que el comercio que se realizaba entre privados, cambió de naturaleza y ahora se hace con la venía del sector público de Venezuela, del Gobierno venezolano que es el comprador directo, como quién dice que el empresario no tendrá que vérselas con comerciantes o empresarios del país hermano sino que le corresponde entenderse con una empresa gubernamental venezolana y ahí nuevamente surge el tema de la seguridad jurídica para el pago de las distintas operaciones.
Queda una experiencia, según anotaron algunos empresarios cucuteños consultados por este medio, y es que independiente del credo, el color político o las tendencias que maneje un gobierno, mientras pague lo que pide se le puede exportar porque finalmente lo que pase de fronteras para allá es un asunto que no le tañe a Colombia.
Sobre ese comentario Díaz Molina dijo que independiente de todo, Colombia tiene un vecino al otro lado de la tapia y pese a que hayan peleado, sigan enemistados y todo, lo único real e que siguen siendo vecinos, luego anhelo que se puedan dar unos canales de entendimiento y así reestablecer algún tipo de institucionalidad para temas de permisos y asuntos de aduana.
“Uno podría esperar que el paso siguiente pueda ser ese, reestablecer algún tipo de relación a través de consulados, porque hoy hay líos, pero reitero, el vecino está ahí y, gústele o no le guste, seguirá permaneciendo en su sitio geográfico, pero si sería bueno tener un canal sano para poder lograr entendimientos y buenas relaciones. En aras de superar la situación un diálogo juicioso y consecuente ayudará en ese propósito”, comentó el presidente de Analdex.
Aún se recuerdan las exportaciones a Venezuela que superaron los 7.000 millones de dólares en 2008, el mejor año de las ventas al país hermano. Lamentablemente a mediados de 2009, el fallecido Presidente Hugo Chávez, cerró la frontera y empezaron los inconvenientes.
La noticia de apertura de la frontera puede ser mucho más alentadora para Venezuela que para Colombia, pero Analdex estima que en la medida en que se logre algún tipo de entendimiento con el vecino, la noticia puede ser muy buena para los dos.
Insistió en que hay una realidad y es que hay un vecindario compartido que puede ser muy útil en proveeduría porque una cosa es comprar alimentos en sitios lejanos, a costos altos, sin obviar los traumatismos logísticos, con fletes imposibles, que hacer mercado al otro lado de la frontera.
Díaz Molina añadió que con claridad y dejando sosegado todo, habrá futuro en Colombia y Venezuela porque independiente de todo, los países se necesitan, hacen parte del mercado natural, un promisorio augurio en la frontera que de darse las cosas, se puede ir expandiendo para reestablecer alguna parte de la relación comercial.
Entre Venezuela y Colombia hay mucho en común, 2.219 kilómetros de frontera, una hermandad bicentenaria y un lindero vivo porque quienes allí habitan tienen familia en el otro lado, más de un motivo para llegar a un entendimiento y dar pasos positivos e igualmente históricos.