Sábado, 22 Agosto 2015 17:45

“Vamos a morir viendo el campo en quiebra y asolado”

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Los labriegos del Tolima dicen que el gobierno los abandonó y lamentan que con los TLC vendrá mucha más soledad en el campo porque los jóvenes se fueron a las ciudades a recibir dinero fácil, que no se merecen porque no es fruto del trabajo. Una visita a don Vicente.

Eran las diez y media de la mañana cuando llegamos a la finca El Recuerdo en una de las veredas de Icononzo en el Tolima, hacía un clima fresco y una brisa tenue nos daba la bienvenida al tiempo que nos estrechaba su mano fuerte don, José Vicente García, un hombre de 73 años, amable y curtido en las labores del campo.

Este lugareño, atento y sonriente ya con el blanco de los años en su cabello le narró a Diariolaeconomia.com que la situación rural se complica cada día más e hizo una fuerte crítica al gobierno por considerar que abandonó y dejó de manera injusta al labriego a la deriva, en el cuarto de San Alejo.

Su patrimonio es una pequeña finca, ocho vacas y un toro de cruce Gyr, un muy buen F-1 como se conocen los cruzamientos en ganadería cebuína, de igual manera un pequeño estanque de mojarras y cachamas así como una linda casa blanca con un mirador de baranda azul que hace juego con el verde de las montañas de este municipio.

Su casa está casi sola, no hay gente joven, tan solo está su esposa, Rosa Elena Ortiz, sus dos perros y su hermosa gata, Pachurria, la felina blanca de nariz negra y cola del mismo color. En ese remanso de paz hay nostalgia, sentimiento y todo un escaparate adornado de recuerdos que salen de la boca de este buen hombre con palabras en sepia, cuando no, en blanco y negro.

García aseguró que sus vacas las tiene esperanzado en que mejoren en su aspecto rentable con inclusiones o soluciones genéticas porque lamentablemente ni el clima ni los pisos son buenos en este ángulo que se pierde en los rincones de la cordillera central.

Para este hombre de las montañas tolimenses, ser campesino es sinónimo de aguante, resignación y olvido, motivo por el cual mucha gente está saliendo de las fincas y de los campos en general porque con el escenario de hoy no hay ninguna perspectiva. “No tenemos incentivos ni razones reales para permanecer aquí, los que seguimos en las fincas lo hacemos porque no tenemos otra actividad que desarrollar”.

“Tenemos un mal ICA”

García anotó que la ayuda estatal no se conoce y dijo que lo último que vio como entidad de asistencia técnica fue Corpoica, pero dio por terminado su vínculo con este ente en el año 2002.

Comentó con enorme preocupación que en materia de vacunación el ICA no fue a vacunar a sus predios ni a otros aledaños, es decir que el ciclo de vacunación que se venía realizando de manera cumplida, dejó de ser una tarea juiciosa por parte de la autoridad sanitaria. Replicó que no hubo negligencia por parte de los campesinos y ganaderos sino olvido por parte del estado que es demasiado grave porque está en juego el estatus sanitario de Colombia que de perderse le llevará las pérdidas al de siempre, al campesino dueño del pequeño hato.

Esta vereda está en jurisdicción de Purificación y a la fecha nadie del ICA ha ido a preguntar o a decir por qué no se vacunó. “Lo cierto es que se saltaron el ciclo de mayo para el tema aftosa, el ICA pasó de agache y para completar hubo un brote de Carbón Sintomático que alcanzo a matar algunas reses del sector que si bien no es una enfermedad de control oficial, si es una muestra de la falta de asistencia técnica”.

El señor García siembra algunas plantas casi que peleando con los suelos porque hay deficiencia de materia orgánica y humedad. En medio de las vicisitudes, este labriego se da mañas y siembra yuca, maíz, plátano y otros alimentos que no se pueden decir que son del todo pan coger porque de todas maneras hay que ir a comprar frutas y otros alimentos básicos que la tierra no alcanza a dar. En otros tiempos García sembraba pepinos, tomates, habichuelas y otros alimentos, pero el suelo no dio más y el gobierno no ayuda a potenciar los suelos ni es doliente de la seguridad alimentaria.

“El campo está en su peor momento, no hay ayudas para fertilizar en todas las áreas cultivadas, hay falencias enormes en infraestructura vial, hay una complicada situación de orden público, distancias abismales, falta de incentivos y unos precios en insumos impagables lo cual hace casi que imposible sembrar, engordar ganado y practicar otras actividades, porque en lo corrido del año, por citar un ejemplo, subió en 15.000 pesos el bulto de concentrado para peces”, anotó García.

Alimentar ganado es otro reto porque la zona no cuenta con dispensarios y los que se consiguen están en Girardot y Melgar lo cual resulta más costoso porque hay que pagar los mayores precios y un transporte de alto valor el cual pesa en los costos de producción.

“Esto es muy complicado, el estado no tiene cooperativas ni mecanismos de mercadeo que ayuden o incentiven al productor, no contamos con subsidios y tenemos que luchar solos contra todos los fenómenos económicos y naturales, aquí no hay estado, nosotros no sabemos que son políticas estatales para darle sostenibilidad al negocio rural”, declaró el señor García.

Este hijo de Icononzo, nació en la vereda Yopal, en el valle del río Cunday. De ascendencia totalmente campesina, trabaja el campo desde muy joven, pero dice con pesar que ha tenido que ver a muchos de sus familiares partir para Ibagué o Bogotá en donde la situación es aún más complicada.

José Vicente se quedó en el campo a la brava, porque sus conocimientos y sus pasiones están en el agro y en la cría de bovinos. Asegura que paradójicamente las ayudas y los subsidios se los da el gobierno a los desmovilizados y a personas que sin trabajar y sin hacer nada por ganárselo, lo reciben dejando a la ruralidad en el total desamparo.

“Los que nacimos y envejecimos en el campo no conocimos la palabra subsidio y sabemos que existen porque nos llegó mucha gente de la costa norte, del Pacífico y de otras regiones que los reclaman y tan solo nos ocasionan problemas y malos ejemplos, ese ha sido el aporte del estado a Icononzo. Tristemente los subsidios se los dan a los bandidos, pero al campesino honesto y trabajador no se le brinda nada”, apuntó.

La vida le ha regalado bendiciones y gracias a García, entre las tantas sus cuatro hijas, su esposa y su pequeña finca en donde cosecha a diario felicidad.

Muñeca y Chiquitina son las dos mascotas que alertan la llegada de propios y extraños y las mismas que se divierten con las travesuras y los retos amigables de Pachurria.

Una vida con altibajos

A los siete años en una región del Tolima cercana a Icononzo, el trágico nueve de abril sorprendió a la familia García, José Vicente contaba apenas con siete años y alcanza a recordar que en ese año, 1948 le cambió la vida a muchas familias.

Los habitantes de Paticumbe, un pequeño caserío, pasaron las verdes y las maduras, porque debieron hacerle el quite a los embates de la violencia.

“Nosotros salimos para un punto llamado Cabrera gracias a los acuerdos de la Junta Militar con los movimientos campesinos, en ese lugar, me acuerdo, regalaban los niños como regalar mascotas. Al año vino la primera amnistía de Rojas Pinilla y fue cuando volvimos a las regiones, pero en ese tiempo había mucho niño desaparecido, perdido y sin posibilidades de ubicación, entre esos niños estaba yo porque me enviaron para Bogotá, aclaró, no regalado como la mascota, pero si en una forma muy parecida. Yo llegué a parar en Usme en el año 1952 y por fortuna me rescataron para volver a la región y aquí estoy”, narró García.

Desde su infancia, José Vicente, fue testigo de persecuciones, balaceras y muertes de personas en sus casas y en los campos, asegura que es tan doloroso ese capítulo en su vida que le resulta amargo y difícil recordar. “Ese fue el momento más complicado de mi vida, justo en mis 17 o 18 años. Lamentablemente, parece que esa es la constante de muchos campesinos por no decir que de todos”.

Precisó que el campesino no conoce la dignidad porque al parecer está condenado a sobrevivir y a caminar por senderos de riesgo en donde los grupos armados ilegales los tienen en la mira.

Alcanzó a recibir educación en el SENA en 1963 cuando fue fundado el Centro Agropecuario del Espinal. Dice que a él le correspondió poner las primeras matas.

Con el TLC, “hay Dios mío”

Admitió que en medio de sus pocos conocimientos, sabe que los tratados de libre comercio son un sofisma y una dificultad para el productor primario.

“Como vamos a tener alguna ilusión o expectativa con el TLC cuando no tenemos una producción importante o una oferta exportable que valga la pena, salvo dos o tres sectores que tienen productos posicionados, esta no es una economía fuerte y el campesino sabe que un acuerdo de esos implica enviar lo poquito que producimos para que nos devuelvan los retazos de los allá, mejor dicho, nosotros les mandamos los pollos y ellos nos envían las alas y los picos”, conjeturó.

La herencia para nadie

García asegura que al campesino de hoy le entristece saber que lo poco que consiguió trabajando en los campos será herencia de nadie porque no hay apego ni amor por la ruralidad. Dijo que muchos morirán viendo el campo arruinado y sin gente porque los que se van de las fincas lo hacen para nunca más volver.

Sobre la ayuda de la clase política manifestó que es muy pobre por no decir que nula porque los políticos según García, visitan las veredas, pero en campaña porque pasadas las elecciones se pierden y se alejan de los campesinos que votaron por ellos, es decir, asevera, lo mismo de siempre, pero el país no coge vergüenza, les pasa y les pasa, pero van a las urnas como corderos al matadero.

“Llegó el colmo que el alcalde de Icononzo, pagó 40 millones de pesos por una publicación sobre noticias del Congreso en donde da unas declaraciones que lo dejan como el mejor alcalde de Colombia y del mundo, lamentablemente la revista no dijo que el burgomaestre mintió y que habló de una carretera pavimentada que jamás se hizo, pero todo lo contrario divulgó la revista dejando mucho que pensar de estas publicaciones”, denunció el labriego.

La clase política tiene hastiado a este campesino que tuvo que presenciar un crimen ambiental con la tala de muchos árboles que tenían más de 100 años acompañando el ecosistema de la región, pero una orden de los que mandan torpemente los echó abajo, dejando expuesta la región como si nada pasara.

“Estamos solos en el campo, nos tocó morirnos de viejos o irnos igual porque no hay quien nos ayude, no regalándonos nada, pero si haciendo presencia estatal y corrigiendo por la vía de la justicia lo que está mal o se hace mal, nos vamos a morir sin ver progreso y regentados por funcionarios corruptos que gozan de aplausos y elogios en medio de las mentiras, pero ahí están”, sostuvo.

Una solución para retomar las labores campesinas sería volver a la educación agropecuaria vocacional para enamorar a los niños del campo y mostrarles las bondades de sembrar o de criar ganado o especies menores.

El señor García fue educado en un centro educativo de este perfil, era una escuela rural llamada, Luis Bustamante que era una granja de experimento agrícola la cual se caracterizaba por tener una educación y una enseñanza muy especial. Con mucho pesar le notificaron que dicha granja dejó de existir.

“Volver a esa educación sería lo mejor que nos pudiera pasar porque requerimos de gente con capacidad para hacer del campo una verdadera empresa”, concluyó, José Vicente García.

En medio de derrotas y fracasos, pero de trabajo y logros en franca lid, este hombre, digno representante de la ruralidad colombiana nos abrió las puertas de su finca, nos llevó a los potreros y nos dijo ya en los corrales, en medio de su ganado, que seguirá adelante, a pesar de sus años, porque su finca, aun teniendo el nombre, no será en su vida, para lamento de muchos El Recuerdo, o la simple emulación musical de Las Acacias.

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