Generalmente cuando algo ocurre y resulta traumático para una persona o una sociedad quedan secuelas y un nerviosismo marcado por la eventual repetición de ese evento nocivo más cuando se vive en un país en donde todo es improvisación, baja lectura de los nuevos escenarios y medidas de última hora que a la fecha no tendrían ninguna justificación, más allá de una sequía que asoma y de unas plantas térmicas que tendrían que estar mejor acompañadas por otras de mayor capacidad y un sistema totalmente aperado por todo lo que implica cobrar un impuesto llamado cargo por capacidad, determinación que lleva años en vigencia y que pondría en la palestra pública a quien decida bajarle la palanca del fluido eléctrico a los colombianos.
En la calle los empresarios, comerciantes y el público de a pie, ese que tiene que pagar el recibo de la energía no ve consecuente apagar el país, someterlo a la oscuridad y a la pérdida de competitividad por falta de acción y de una adecuada inversión en soluciones térmicas, un tema espinoso que en tiempos de los grandes debates del Senador Hugo Serrano Gómez, puso al descubierto el poco conocimiento que sobre generación eléctrica versus mercado había, momentos en los que se cuestionó los otrosí, los PPA, los contratos BOOMT y todo lo que tenía que ver con estipulaciones bilaterales de largo plazo y hasta subastas.
Lo cierto es que a la gente se le impuso una tarifa en el dispendioso recibo, se alimentó con el rubro un sistema que puso en marcha generadoras térmicas, sin embargo, y al parecer se bajó la guardia en generación. Sigue la pregunta, y con los billones recaudados ¿qué pasó, porque la incertidumbre en el sector eléctrico?
Mirando un poco al siglo pasado a nadie se le olvida que desde 1996 la Comisión de Regulación de Energía y Gas, CREG, le dio vida al cargo por capacidad a través de la resolución 001 del mismo año, este modelo que entró a regir el primero de enero de 1997 tuvo una transformación y terminó siendo relevado por el Cargo por Confiabilidad. La idea de la entidad reguladora era reducir la volatilidad de precios en bolsa y garantizarles un ingreso base a las empresas generadoras de energía.
Sin embargo, la gente está inquieta porque esta medida efectiva desde hace 30 largos años hoy se desmorona y hace que se pierda la fe. Fue creada para garantizar el suministro de energía eléctrica y con ello conjurar los apagones en tiempos de extrema sequía o fenómenos de El Niño, un voto de tranquilidad que se paga sí o sí cada mes y que hoy pone a más de uno a pensar ya que ese rubro tiene como destino específico respaldar financieramente a las plantas térmicas para que estén prestas, sin novedad alguna y suministren el fluido eléctrico cuando los embalses se desplomen en sus niveles.
Los colombianos siguen sensibles, evocan el tremendo apagón de 1992 en el mandato de César Gaviria Trujillo que fue exacerbado un durísimo fenómeno de El Niño, un lío paralelo que derivó en la baja de los embalses y el retraso de unos proyectos energéticos como El Guavio que terminó pasando factura y vaya que fue elevada.
Ese inolvidable apagón o racionamiento eléctrico empezó un dos de marzo y se extendió hasta el siete de febrero de 1993, contexto que le dio origen a la hora Gaviria. En época del racionamiento los cortes de electricidad fueron de nueve horas en Bogotá, 10 horas en la Costa Atlántica y hasta 18 horas en San Andrés y Providencia.
Hoy nuevamente el país está cerca de un racionamiento debido a que la demanda de energía es muy superior a la oferta, los embalses han recibido aguaceros, pero se estima que a finales de año y en 2027 el verano sea muy fuerte y como ya pasó se habla de atraso en nuevos proyectos de generación, hay problemas, la presión climática está encima y como muchos dicen, el sistema no fue potenciado a tiempo para esta coyuntura que será un común denominador en adelante porque el hombre apostó por industrialización y extracción sacrificando medio ambiente y eliminando las barreras naturales de las catástrofes. Como diría mi abuelita, “chupe”.
Ahora bien, las medidas apalancaron las plantas y su equipamiento para generar con el famoso cargo por confiabilidad, hoy se ve con preocupación cómo sube de precio el insumo esencial para estas térmicas que es el gas, un ajuste para algunos expertos, artificial, ya que se hace con gas importado y ahí el cargo por capacidad es un componente y la tarifa que se paga ya por el combustible es otro teniendo en cuenta que la disponibilidad del equipo no incluía ese gas, algo complicado porque para los analistas ahí se verá el gol que no se apreció en el pasado mundial de futbol y varios agentes en el sector harán su agosto.
Comentarios son muchos, puntos de vista los que uno se imagine, pero por fortuna hay expertos y analistas que viven el día a día de la generación eléctrica y que dan las mejores luces para saber en dónde está y para donde va Colombia en el tema de energía.
En plática con Diariolaeconomia.com, el presidente Ejecutivo de la Asociación Nacional de Empresas Generadoras, ANDEG, Alejandro Castañeda Cuervo afirmó que la situación del sector eléctrico no es la mejor y anotó que obviamente es un tema que todo el mundo ha visto y ya las agencias internacionales materializaron un fenómeno de El Niño por lo que se dice que la posibilidad de ocurrencia es de casi el 100 por ciento y con más del 80, casi el 90 por ciento, la probabilidad de que ese evento climático sea fuerte o muy fuerte está ahí latente un asunto que preocupa porque el sector eléctrico en los últimos cuatro años debido a las malas decisiones del actual gobierno y sumando las que no se tomaron, coge al país con dos puntos en contra, uno desde el punto de vista financiero ya que hay deudas acumuladas por el no pago de los subsidios, un tema que golpea fuertemente a las empresas comercializadoras y distribuidoras de energía, unas acreencias que con corte a junio se acercan a 1.2 billones de pesos del lado eléctrico más un billón desde la orilla del gas natural, es decir que se habla fácilmente de 2.3 billones de pesos que deja la administración saliente al gobierno de Abelardo de La Espriella.
Por otro lado, dijo el dirigente gremial, la mala gestión administrativa de una empresa intervenida con Air-e que lamentablemente mostró pocas acciones o gestiones en contra de la misma compañía y de la industria, acumula deudas por valor de 2.9 billones de pesos al sector eléctrico de los cuales 1.8 billones hacen parte de las deudas con el sector termoeléctrico.
Para que el público tenga una idea de la magnitud del gran lío, las compras de combustible de un mes de generación de todo el parque térmico tanto el gas, carbón y combustibles líquidos le cuesta a la industria aproximadamente 1.5 billones de pesos, es decir que ya se está arrancando con un fenómeno de El Niño y prendiendo las térmicas al debe, sin tener la plata suficiente para adquirir combustibles, una situación que acertadamente ha sido hablada ya con el presidente entrante Abelardo de La Espriella, tema que ya está en el radar, y mapeado como lo dijo en su primer discurso en donde reconoció que esas deudas hay que honrarlas y que son causa del desgreño administrativo de Gustavo Petro.
Recalcó que se empieza la nueva coyuntura climática con una situación financiera difícil y anotó que como si fuera poco hay un déficit de energías firme, el equivalente a un hueco de energía de más o menos 2.4 por ciento según XN que es el operador del mercado y de donde la ministra nueva tendrá que partir para enfrentar un delicado inconveniente desde el punto de vista energético y eso dice que el país no tiene toda la energía para aguantar un fenómeno de El Niño lo que lleva a tomar medidas que en el horizonte cercano tienen que ver con concientizar a la gente sobre el buen uso de la energía, que no se puede derrochar el recurso en estas épocas y que es necesario apelar a un programa lo suficientemente atractivo para que la gente que malgaste la energía salga penalizada, pero igual una iniciativa que premie y beneficie a aquellos que utilicen bien la electricidad y reporten disminuciones del fluido eléctrico en sus consumos mensuales, una disciplina que debe reflejarse en facturas menos costosas y beneficios de un mejor pago por esos kilovatios no consumidos.
El otro punto, dijo Castañeda Cuervo, es agregar nuevas formas de generación por cuanto no es mucha la que se está construyendo, reconociendo que hay unos excedentes que en efecto pueden dar una mano y que están del lado de la industria en Colombia que tiene una capacidad de producir energía en sus procesos solo que hay que dar el incentivo correcto desde el punto de vista de precio para que esos remanentes de obtención de energía en Colombia se pongan en el servicio nacional y finalmente queden en el sistema por su venta.
Lo abocado, expresó el presidente Ejecutivo de ANDEG, son medidas de las que ya se pueden dialogar, pero enfatizando en el programa de ahorro y concientización por parte de la gente será fundamental porque es urgente que los nacionales entiendan que se trata de una situación que habrá que manejar desde hoy hasta el próximo año porque el riesgo grande de apagón no es ahora, no será en este semestre, el riesgo estimable de apagón, puntualizó Castañeda Cuervo, es a partir de marzo y abril de 2027.
En opinión del conocedor, el riesgo es latente, pero está en manos de los colombianos hacerlo menos severo e intenso si se ahorra energía y si se evita el desperdicio del fluido eléctrico.
Independiente de que las termoeléctricas estén montadas y generando, el inconveniente no pasa por el combustible que está listo y existe, el apuro, acentuó el presidente Ejecutivo de ACOLGEN, es que el gobierno saliente no hizo la tarea porque recibió un colchón de energía firme en más del cuatro por ciento en el año 2022 y no trabajó en la expansión de esa energía del sistema por lo que hoy se habla de que a partir de este año hay unos déficits del 2.5 por ciento en la referida energía firme, lo que también deja ver, manifestó Castañeda Cuervo, que Colombia no fue capaz de adicionar nueva capacidad de generación agudizando los riesgos.
“No es decir como sostiene este gobierno, que se agregó una cantidad inmensa de energía solar, muy bueno por eso porque la generación fotovoltaica ayuda, pero lamentablemente no da firmeza y no ayuda tanto como la energía térmica en los momentos más críticos como el fenómeno de El Niño, un punto bien importante para que la gente lo tenga en el radar, entonces no se trata de comparar el sistema de generación térmica con un Ferrari, el problema es que ese tremendo auto se quedó pequeño porque está hecho para cinco y ahora somos seis. Más o menos ese es el tema de capacidad en donde el gobierno de Gustavo Petro no hizo la tarea”, declaró el señor Castañeda Cuervo.
En el tema de gas, para ser muy puntual, precisó el entendido, el problema de este combustible es que no es un inconveniente de los generadores térmicos porque la facilidad de importación que ofrece Cartagena, los 450 millones de pies cúbicos que equivalen aproximadamente al 45 por ciento de lo que consume Colombia en un momento dado hoy se utilizan para atender la demanda no solo térmica, también para el sector industrial, comercial, residencial y para todos los usos, pero a partir de que las térmicas empiecen a prender o que ya estén en operación, sucederá que ese gas importado, en promedio el 32 por ciento de lo que consume Colombia en su totalidad, sencillamente no va a estar disponible, y el problema al final del día no será exclusivamente para el sector eléctrico desde el punto de vista combustibles sino para el resto de los usuarios del país porque muy posiblemente tendrán que racionar o limitar el consumo industrial sino no se tienen nuevas plantas de importación de gas como se espera que lleguen, pero obviamente, explicó Castañeda Cuervo, habrá momentos de criticidad y de déficit en algunos momentos en este segundo semestre de 2026.
Cosa sería, el país está expuesto a dos racionamientos, el de energía y ahora de gas, un asunto para tomar decisiones inmediatas porque el hidrocarburo no puede faltar y tampoco el suministro eléctrico.
En el tema del costo del gas, ciertamente se depende de lo que suceda en la geopolítica y en el día a día de los mercados internacionales del fluido. Hace un par de meses se conseguía gas entre los ocho y los 12 dólares, pero actualmente por el asunto del estrecho de Ormuz el gas importado se ubica entre los 15 y los 20 dólares el millón de BTU, un incremento fuerte frente a la producción nacional que impacta de manera directa las tarifas de la energía.
“Ese es un tema que no controlamos nosotros porque la verdad es que la facilidad de importación nos atiende, pero no tenemos tampoco la capacidad de comprar contratos de largo plazo por las cantidades y por un número de factores de mercado que conduce a que no nos vendan y nos toca depender infortunadamente de lo que esté sucediendo día a día en el mercado del gas también”, aseveró el presidente Ejecutivo de ANDEG.
Es notorio que, ante el aumento de la demanda de energía, Colombia debió adelantar inversiones en nuevos proyectos de generación eléctrica, pero allí, subrayó el directivo, nuevamente se eleva la queja, el gobierno no hizo la tarea, no adelantó proyecciones frente al crecimiento del mercado y siempre subvaloró los repuntes de dicha exigencia y al estar creciendo el consumo en los últimos años a tasas mucho más arriba de las esperadas es que tampoco hubo capacidad de reacción frente a nuevos planes o desarrollos.
En este tema, Alejandro Castañeda Cuervo especificó que no hay mucho dentro del panorama de proyectos térmicos, prácticamente, enfatizó, las iniciativas son inexistentes, solamente la ampliación de una planta pequeña de tan solo 20 megavatios y nada más porque según el docto en generación eléctrica, el gobierno lastimosamente tomó la decisión, más ideológica que técnica, de enfocarse simplemente en renovables haciendo de lado aspectos prioritarios como garantizar firmeza en la seguridad energética, razón por la cual ninguna planta térmica se comprometió a desarrollarse en los últimos cuatro años.
La experiencia deja una gran lección, el tema si es explorar y buscar nuevas opciones de generación eléctrica, pero de manera integral y sin que ello implique acabar con gas, petróleo, carbón o cualquier otra fuente. Este, aclaró Castañeda, no es un tema de sustitución, pero equivocadamente la ideología del presidente Petro fue suplir lo que Colombia tenía, de no usar los recursos a la mano y señaló que viendo la experiencia internacional lo que emerge es que ya no se habla de sustitución sino de adición, el punto, refrendó, no es sustituir, claramente adicionar, es decir que un país puede sumar fuentes renovables, pero sin descuidar los recursos convencionales porque los combustibles fósiles se tendrán que utilizar hasta 2050 o 2060 que es como se está proyectando todo a nivel global.
“Esperamos que en cabeza de la nueva ministra y obviamente en compañía de todo el sector seamos capaces de sortear este mal momento y poder revertir la tendencia para que volvamos a ser atractivos haciendo que la inversión retorne o se recupere porque los capitales aterrizan a los lugares en donde hay condiciones, rentabilidad, confianza y prospectiva. El cargo por confiabilidad fue vital, hay térmicas y por eso contamos con la capacidad de energía actual”, concluyó el presidente Ejecutivo de ANDEG, Alejandro Castañeda Cuervo.
Cabe anotar que el cargo por confiabilidad es el precio o tarifa que pagan los colombianos para tener de manera segura y garantizada la electricidad en tiempos de complejidad como la sequía, verbigracia, el fenómeno de El Niño. Este mecanismo es prácticamente una póliza que retribuye a las compañías generadoras el tener plantas de apoyo prestas para funcionar de manera infalible evitando los cortes o racionamientos del fluido eléctrico.
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