La crisis del sector petrolero tiene muy alineada a la industria que es consciente que con el desplome de los precios y con la nueva propuesta en oferta y demanda la situación debe manejarse de otra manera y con otras reglas de juego.
En diálogo con Diariolaeconomía.com, el presidente de la Asociación Colombiana del Petróleo, ACP, Francisco José Lloreda Mera, indicó que al término del primer Congreso “A new Thinking on Oil & Gas”, queda en evidencia en que hay una nueva realidad en la industria petrolera la cual debe ser entendida para poder adaptar las compañías a esa circunstancia.
Comentó que tras escuchar a los expertos internacionales y a los representantes del ejecutivo queda la sensación que hay un buen espacio y un muy buen insumo para trabajar con el gobierno que ha manifestado toda su disposición.
Sobre un pronóstico de precios, Lloreda aseguró que resulta demasiado complejo hacer conjeturas porque hay incertidumbre y fijar precios es literalmente imposible.
“Cuando a uno le pronostican precios que van desde 20 dólares hasta 140 dólares lo que se dice es que cualquier precio es posible”, agregó.
En este momento, anotó, es necesario repensar la industria y por eso el gremio sabe que ello es perentorio, asunto que de hecho sabe el gobierno en cabeza del ministro de Minas y Energía.
“Se han tomado unas medidas de carácter más coyuntural para atenuar el impacto de la caída de los precios en relación con las empresas, pero el desafío que tenemos por delante gobierno y empresas es pensar en el mediano y largo plazo porque si no repensamos y relanzamos la industria no vamos a estar en capacidad de competir y todos sabemos que en este negocio la competencia es dura y exigente”, anotó.
Sobre el tema de competitividad, Lloreda aseguró que la carga impositiva es uno de los factores que más fuerte impacta la dinámica de las industrias y ese es un tema del cual el gobierno tiene conocimiento y por eso no se descarta una revisión de la carga tributaria después de un estudio contratado por el ministerio de Minas en donde quedó claro que los impuestos son un rubro que castiga el ingreso petrolero.
“Dicho de otra manera, con o sin precios bajos, era imperativo repensar la industria por las exiguas reservas y la perspectiva de una caída en la producción. La caída en los precios resultó ser la gota que rebosó la copa y quien lo creyera, un campanazo de alerta de un problema que el país no había dimensionado y que no se debe soslayar. Perder de un tajo $20 billones de pesos, 3% del PIB, no es cualquier cosa; aunque se compensen con impuestos, reducción del gasto, y déficit fiscal”, añadió Lloreda.
Sobre qué pasará con la industria y que quiere esta, el dirigente gremial anotó que dependiendo de la respuesta de la industria, las medidas adoptadas y por adoptar serán o no adecuadas. “Si queremos ser un jugador importante debemos hacer más, todos. Y la única forma de que eso ocurra es con una creciente inversión extranjera y nacional en exploración, pozos de desarrollo y en innovación tecnológica”.
En opinión de la ACP, la industria necesita convertir los factores internos que afectan negativamente la competitividad en factores de oportunidad. Insistió en la urgencia de revisar el régimen tributario y el de regalías, y su estabilidad; aplicar con determinación la ley en el territorio; reducir los tiempos de licenciamiento con una licencia única que ponga orden al galimatías de permisos de orden nacional y territorial, bajo una modelo más sencillo y basado en la buena fe.
La industria adolece además según las multinacionales de una infraestructura de transporte del sector más moderna.
Problemas fiscales preocupan
Las petroleras con operación en Colombia no dudaron de la determinación del ejecutivo para conjurar los líos del sector, hoy venido a menos por la coyuntura de precios y por los cambios en el mercado.
“Nos preocupa que con la mejor intención termine siendo un instrumento limitado que no nos permita recuperar la competitividad fiscal y relanzar al país como destino de inversión, que no quede en firme este año, y que, como se nos indicó, se examine en las discusiones de la reforma tributaria estructural. Es urgente que tenga efectos fiscales en 2016”, precisó Lloreda.
La industria consideró que la preocupación se basa en la feroz competencia que ya existe y la que vendrá una vez los precios se empiecen a recuperar. Un ejemplo de la complejidad del mercado, apuntó, es México, un país con diez veces más reservas que Colombia, con una prospectividad e infraestructura envidiables, y una regulación atractiva. Pese a eso, explicó, el país azteca tuvo una primera y una segunda ronda muy regular, pese a que para la última ronda introdujo varios ajustes y clarificaciones, e incluso redujo el Government Take.
La Asociación fue enfática en decir que la nueva realidad no es sólo de exceso en producción e inventarios astronómicos. Hoy hay más de 3.000 bloques ofertados globalmente en busca de inversionistas, entre ellos los de las mini-rondas de la empresa estatal y que oferte la ANH.
En el último año se cancelaron inversiones Costa Afuera por 100.000 millones de dólares. Es decir, estamos ante una situación de sobre oferta y de cambió en la relación de fuerzas: hoy las empresas e inversionistas tienen de donde escoger.
El Gobierno Nacional ha buscado atenuar el impacto fiscal causado por la caída en los precios y busca, con razón, impulsar otros sectores de la economía. Pero lo cierto es que a corto y mediano plazo, es difícil que surja uno que reemplace los recursos y aportes del sector de hidrocarburos a la economía. Este sector, continúa siendo por lo tanto, una de las mejores, sino la mejor oportunidad, que tiene el país para lograr más desarrollo. De ahí la importancia de volverlo a impulsar.
“Como lo señala con razón el Ministro de Minas y Energía, la industria petrolera le ha aportado al país 118 billones de pesos en los últimos cuatro años. Con estos recursos se ha podido financiar el presupuesto de educación durante cuatro años, o financiar 2,5 veces el actual proyecto de carreteras 4G, o construir 1,3 millones de casas de Vivienda de Interés Social. Y en los últimos diez años, con Ecopetrol a la cabeza, el aporte a las finanzas públicas supera los 200 billones de pesos”, sostuvo el presidente de la Asociación Colombiana del Petróleo.
Aseguró que los beneficios que genera esta industria van más allá de los aportes fiscales en vista que la labor que realizan las empresas en el marco de su responsabilidad social empresarial e inversión social obligatoria, las han convertido en eje fundamental de desarrollo regional. En los últimos cinco años, expuso, el sector ha destinado cerca de 5 billones de pesos para el desarrollo de proyectos de inversión en educación, fortalecimiento institucional, desarrollo de proveedores, e infraestructura vial.
Asimismo, la industria genera un promedio de 130 mil empleos, de los cuales el 70% corresponde a mano de obra local. Lo anterior, sin contar los más de 30 mil empleos directos e indirectos del Downstream.
La actividad petrolera, argumentó Lloreda, también dinamiza la economía nacional y regional a través de la compra de bienes y servicios cercanos a los 35 billones de pesos anuales. “El desarrollo responsable y sostenible de las regiones ha sido, es y será un objetivo fundamental de nuestra gestión social y ambiental”.
Lloreda expresó que la industria petrolera ha sido una aliada del desarrollo de Colombia y por eso el país ya conoce de lo que esta industria es capaz.
Dijo también que el sector puede ser el gran aliado de la paz porque está en medio del conflicto, lo conoce, y lo ha padecido. De igual forma conoce las necesidades de las regiones, a las que ha contribuido socialmente.
Para la ACP hay conciencia de la de la oportunidad de desterrar por fin la violencia y de la necesidad de que llegue y se consolide el Estado con más inversión, más institucionalidad, y autoridad.
“Si en estas cinco décadas, en medio del conflicto, esta industria ha podido aportar tanto al desarrollo del país y de las regiones, imaginemos lo que podría aportar en un escenario de convivencia pacífica. Eso sí, con el apoyo decidido del Estado en ampliar y demostrar los beneficios de este sector para que el empleo, la compra de bienes y servicios, la inversión social, y la responsabilidad ambiental no sigan siendo un instrumento de chantaje, sino fuente de crecimiento y desarrollo”, dijo.
La industria agregó que ha sido muy reiterativa en señalar que el mejor negocio para Colombia, más en este momento histórico, es impulsar la industria. Aún más, sabiendo que la energía mueve al mundo y al país. La demanda de energía y de hidrocarburos, aseguró, seguirá creciendo, con o sin el sector. Se requerirá, indicó, energía de diversas fuentes, renovables y no renovables. De ahí la importancia de decidir si el país y su industria petrolera desea o no ser un jugador importante en la región o si opta por ser un jugador tímido.
“Si nos decidimos a ser un jugador importante, que es lo que debemos hacer, se impone actuar en consecuencia. Tomar decisiones de fondo para recuperar la competitividad. Para quintuplicar la exploración, doblar los pozos de desarrollo, apostarle con decisión a los Yacimientos No Convencionales y los de Costa Afuera, modernizar la infraestructura de transporte de hidrocarburos, y modernizar la regulación en materia de refinación, importación y distribución de combustibles”, razonó Lloreda Mera.
En su diálogo, el presidente de la ACP insistió en que la industria debe además, recordarle al mundo y al país la verdad sobre el impacto social, económico y ambiental de esta industria. Recordar, dijo, que gracias al desarrollo que ha permitido la energía y en especial la que se origina en hidrocarburos, a base de plantas muertas, cientos de millones de personas en el planeta en los últimos 160 años han logrado salir de la pobreza o mejorar su calidad de vida y otros, en países en desarrollo, tienen aún hoy la posibilidad de mejorarla.
En opinión del dirigente, hay tres características necesarias y sin las cuales la humanidad no sería lo que es hoy, sencillamente energía abundante, poco costosa y confiable.
“Gracias a esta fuente de energía, por ejemplo, existe el transporte aéreo, marítimo y terrestre. De no ser por ésta industria, tan vilipendiada, no existiría la mecanización de la agricultura que nos permite alimentar a 7.000 millones de personas, ni la medicina habría avanzado tanto, pues sus servicios y unidades dependen de energía confiable”, comentó.
Es el momento entonces de reconocer abiertamente la importancia de los hidrocarburos. De entender su invaluable aporte al desarrollo de la humanidad y abrir una discusión, con sustento científico y cifras en la mano, sobre sus reales costos y beneficios. Y digo reales, porque se han dicho muchas mentiras sobre esta industria, en el mundo y en Colombia, y sobre las mal llamadas energías “sucias” y “limpias”, y lo que habría sido y sería de no contar con esta fuente de energía.
El gremio que cumple 50 años, asegura que la industria está ante una nueva realidad de la industria de hidrocarburos, que impacta el Upstream, Midstream y Downstream.
Contrario a lo que se ha difundido, explicó, hay hidrocarburos en abundancia y cada día más la tecnología permite acceder a esos recursos de manera responsable y a costos razonables para generar energía, para mejorar significativamente, como ha ocurrido en los últimos 160 años, la calidad de vida de los seres humanos en la tierra y la sostenibilidad ambiental.
“Esa nueva realidad nos obliga a preguntarnos qué más hacer para no perder el impulso, para ser un gran jugador en un mundo petrolero cada vez más complejo y competido. Un mundo con innovación permanente a lo largo de toda la cadena de valor, desde la extracción de los hidrocarburos hasta la distribución y consumo de combustibles y lubricantes, pasando por el transporte, la refinación, y desarrollo de productos derivados del petróleo, presentes cada vez más en nuestras vidas”, afirmó el presidente de la ACP.
Al reconocer que la industria está golpeada, aclaró que no es la primera crisis, ni la más profunda, ni será la última. Fue muy contundente al decir que la industria petrolera no se amilana ante los desafíos, pero repitió que la tarea no la hace sola la industria.
“Requerimos del Gobierno Nacional, del Congreso, de las Altas Cortes, de las autoridades y los líderes regionales, de las comunidades, de los líderes de opinión, de los medios, de los colombianos. Es urgente que se entienda que esta industria es estratégica para Colombia”, indicó el señor presidente de la ACP.
“Colombia tiene hidrocarburos. Decidámonos a desarrollarlos, con convicción y responsabilidad. Decidamos ser el más importante productor de petróleo y gas de América Latina y el Caribe, a tener la mejor infraestructura de transporte, a ser líderes en refinación y transformación de hidrocarburos en la región, y contar con una industria de distribución mayorista y minorista de combustibles y lubricantes cada vez más organizada, moderna y confiable, esa debe ser nuestra visión. Aquí está la industria de hidrocarburos dispuesta como siempre a jugársela por nuestro país. Aquí está nuestra industria, de pie, diciéndole sí a Colombia”, concluyó Lloreda.
Cabe recordar que hace 50 años, cuando nació la Asociación Colombiana del Petróleo, el país era muy incipiente en la extracción de petróleo y por ello producía tan solo 200.000 barriles de crudo por día. Esta dinámica fue creciendo cuando el gobierno reverso la famosa concesión “De Mares” en 1951, dándole vida a la Empresa Colombiana de Petróleos, Ecopetrol, y con ella vino mayor prospectividad y mucha más exploración del llamado “Oro Negro”.
Actualmente son 74 países los que abastecen al mundo de petróleo y unos 40 los que se dedican a garantizar el suministro de gas.
El gremio que nació en 1965 ha visto el desarrollo y la evolución de un país que se ha movido en medio de las guerras, los conflictos y los desentendimientos, empero, el crudo le ha dado desarrollo y progreso a las regiones y ha contribuido con el fisco para que los colombianos tengan una verdadera calidad de vida y el acceso a las oportunidades.
En medio de las dificultades, la industria petrolera continúa imponente en una economía de acertijos y en un mar de dudas más grande que el productivo Mar del Norte, sin embargo sigue apostándole a un país que tan solo sabe dar problemas y generar inconvenientes en cada rincón en donde operan las asociadas. Es tan lamentable el lío que el solo robo de petróleo al Oleoducto Trasandino, OTA, les cuesta a los operadores más de 20 millones de dólares anuales.
El panorama es crudo, la realidad incierta en un mundo que se mueve en escenarios de globalización y de nuevas apuestas energéticas. La industria petrolera tiene cuerda para rato, pero de todas formas el tiempo se agota y el hombre trata de suplir lo que no hay con otras fuentes ajenas a los hidrocarburos.
En Colombia por ejemplo se necesitan anualmente 200 pozos prospectivos, nuevos y por fuera de la producción incremental porque de lo contrario no habrá forma de reponer ese declive de los campos ya por fuera de producción.
Desde los aborígenes changüíes en el Magdalena Medio en el sector de la Tora, por allá en el siglo XVI cuando el adelantado, don Gonzalo Jiménez de Quesada, vio a los aborígenes del Magdalena Medio untar en su cuerpo un líquido negro y espeso, hasta 1905 cuando don Roberto de Mares, tras percibir un profundo olor a petróleo decidió buscar algo más que caucho y otros bienes vegetales en tierra de los yariguies. Esa exploración lo lleva justo a descubrir un yacimiento que se le entrega en concesión a este militar que participó en la guerra de los Mil Días junto con el general Virgilio Barco y el Coronel, José Joaquín Bohórquez.
Así, de esta manera amena y hasta paradójica, el país ha tenido un pasado interesante y llamativo para los que gustan de la historia económica de Colombia y particularmente el pasado del ingreso petrolero que tiene sus orígenes en las entonces selvas vírgenes del Río Opón y del enigmático y paradisiaco Catatumbo.