Sábado, 12 Julio 2025 17:31

JÜPPA, calzado ancestral, innovador, con calidad y adeudo ambiental

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La compañía usa cueros libres de cromo, un proceso muchísimo más limpio en el medio ambiente garantizando pronta biodegradación. Reconoce que hay trabajo amén de las amenazas.

La industria del calzado en el país sigue dando muestras de resiliencia, empuje, aguante y valor puesto que, si bien se ha visto entre la espada y la pared por el contrabando, desplome de mercados estratégicos como Venezuela, dificultad para abastecerse de cuero, problemas con mano de obra y las importaciones masivas los empresarios supieron acudir al talento, la innovación, la creatividad y un diseño espectacular que con mucho orgullo lleva la marquilla de origen, “Hecho en Colombia”.

Según las cifras de la industria en 2024 Colombia produjo 47 millones de pares de zapatos, una cifra inferior a la de 2023 cuando las empresas elaboraron 50 millones de pares.

El calzado colombiano sigue vendiéndose muy bien fuera de las fronteras y por eso no paran los pedidos de manufactura colombiana de calidad a Estados Unidos, Ecuador, islas del Caribe, Panamá, Emiratos Árabes y Costa Rica, de hecho el año anterior el país exportó 40,7 millones de dólares, un descenso del 4,3 por ciento versus 2023.

Los despachos a Venezuela más allá del temor por la manera cómo se pagan los zapatos vendidos deja ver indicadores de reactivación en vista que los negocios alcanzaron 1,6 millones de dólares, un crecimiento del 24 por ciento básicamente en calzado y textiles.

Frente a 2023, Colombia reportó un crecimiento en las importaciones de calzado del 7,8 por ciento, 14, 8 por ciento aumentaron las de origen Chino, 21,9 millones de pares y 14,6 los despachos de Vietnam, Brasil dejó ver una caída en las importaciones de zapatos del 8,8 por ciento, 8,5 millones de pares, y más agudas las de Ecuador que desplomaron hasta alcanzar el -25,8 por ciento.

 

 

La dimensión del mercado colombiano del calzado es bastante interesante, según los empresarios el país consume entre 120 y 130 millones de pares anualmente, un número que atrae la atención de muchos que ven en el país un potencial estimable. Hay una recuperación de los productos locales elaborados en cuero, una buena noticia porque muchos de los que se fueron del sector están volviendo y buscan recuperar terreno perdido con diseño, calidad, innovación, tecnología y precio.

Estos registros nos llevan a 2008 cuando Colombia mostró una marca importante en la fabricación de calzado, 80 millones de pares manufacturados por factorías nacionales antes de la entrada masiva y dolorosa de zapatos chinos de muy bajo costo.

En desarrollo del International Footwear & Leather Show, IFLS + EICI, encuentro que se cumplió en las instalaciones de la Corporación de Ferias y Exposiciones S.A, Corferias, fueron varios los fabricantes que hicieron presencia con lo mejor de sus creaciones, colores, cueros y un diseño que sigue siendo admirado por los distintos mercados internos y exógenos.

En diálogo con Diariolaeconomia.com, la Gerente de Marca de Calzado JÜPPA Ibón Tatiana Ariza Ribon, expuso que la fábrica está enfocada en la creación de calzado sostenible y en la reducción del impacto medioambiental que se tiene en la moda a través de los materiales y por ello manufacturan sus productos con materiales reciclados, reutilizados o de origen natural como las fibras de fique, algodón y plátano. La directiva anotó que esta industria de zapatos urbanos fundada por dos hermanos con un tremendo arraigo ancestral en la obtención de calzado, utiliza cuero de muy buena calidad evitando los insumos sintéticos porque suelen ser grandes contaminantes.

Especificó que JÜPPA usa cueros libres de cromo, un proceso muchísimo más limpio en el medio ambiente garantizando que si se disponen en un relleno sanitario su biodegradación se dará en un término de entre tres y cuatro años, diferente al cuero normal con otras prácticas de curtido que puede tardar 10, 20 y hasta 30 años en su descomposición.

 

 

En su comentario la Gerente de marca lo que también incluye calzado Armori, apuntó que es oportuno decirles a los empresarios de las curtiembres que lo más apropiado es procesar pieles de manera responsable, sin químicos, tóxicos o materiales que afecten las fuentes de agua o los ecosistemas, a los curtidores que siguen con la línea tradicional les recordó que deben acudir al debido proceso de manejo de aguas residuales.

Como se anotó, JÜPPA es una empresa familiar y el hermano de Tatiana, Diego Ariza, está a la cabeza del diseño, no en vano es diseñador gráfico, quien se dedicó a aprender y a asimilar todo sobre los procesos de producción y aprovechando que tiene conocimientos de modelaje se dedicó a darle vida a unas maravillosas creaciones expresadas en botas, zapatos y calzado deportivo o para el descanso.

La empresa maneja colores, variedad, estilos y opciones, se trata de un calzado útil para el trabajo, el campo y para experimentar confort, por ello, explicó Tatiana Ariza, hay pluralidad en los diseños que van desde botas tipo outdoor, zapatos, zapatillas y una pequeña línea de dotación que se activa cuando el cliente lo pide.

La compañía elabora calzado de muy buenas características para hombre como para mujer, una manufactura de buen impacto a la vista, llena de detalles, color y diseño, sin duda la empresa es consciente que llegó al sector para ofrecer lo mejor en atributo, durabilidad y cualidad, un calzado a toda prueba, pero hecho con buen gusto y sendos valores agregados.

 

 

Esta factoría comenzó labores a finales de los años 80, más exactamente en 1989 cuando la erigió don Ramiro Ariza el padre de familia que igual traía una vena zapatera y creativa que le permitió estar en el mercado con la mejor reputación en Bogotá. Siendo una sociedad de orígenes santandereanos, con raíces veleñas, ha sabido hacer uso de la tradición con lo cual se aprovecha el conocimiento y una experiencia adquirida durante 35 años, una práctica y usanza que lo formó como maestro para poder enseñar e instruir con criterio y autoridad a las nuevas generaciones, un asunto nada fácil porque hay muchísimas cosas, referencias y pinceladas en la cabeza del señor Ariza que deben absorberse paulatinamente de quien ha manejado el cuero como arte y propuesta.

Los años pasan, los almanaques caen, pero el gran artífice de la empresa sigue trabajando, dando instrucción y sacando de ese banco de sabiduría las más acertadas soluciones para hacer de JÜPPA una de las mejores marcas de calzado. Solo hay una cosa que no sabe el señor Ariza, quedarse quieto.

El sector calzado ha pasado por todo tipo de vicisitudes, ha visto años de contrabando exacerbado y la llegada de China con todo tipo de zapatos, botas, botines o zapatillas, el asunto no fue fácil, pero ahora se suma la oferta brasilera y la mexicana, países muy fuertes en la fabricación que hacen aún más retador estar en un sector casi atomizado por los fenómenos citados en donde hubo hasta prácticas ilegales en favor del lavado de dinero.

El calzado es un sector que lleva años de transformación y hace reflexionar, aseveró la Gerente de Marca de Calzado JÜPPA Ibón Tatiana Ariza Ribon, sobre un tema que obliga a optimizar procesos y propuestas al público ya que quienes logren sobrevivir a estos periodos terminarán siendo empresas sólidas y afianzadas.

 

 

“Creo que el tema del cuero va a sobresalir, es algo en lo que tenemos que trabajar para alcanzar diferenciación en calidad, modelos y estilos, muy dentro de lo artesanal, con temple artístico y unos procesos llenos de atributo que permita resaltar la propuesta de valor soportada con lo hecho a mano, productos y fabricaciones únicas por fuera de las economías de escala, forjadas en China, de manera abruptamente masiva, algo que también ocurre en México en donde hay una historia hecha en cuero y tradición en donde se compite con el enfoque Hecho en Colombia, buscando un apoyo nacional que permita hacer sostenibles las empresas locales, la generación de empleo y el progreso en el territorio con talento propio”, declaró la señora Ibón Tatiana Ariza Ribon.

 

Algo para resaltar en el proceso de cambio de la empresa es que en la transformación que se dio desde 2022, se vieron resultados casi que inmediatos ya que permitió evolucionar a una sociedad más organizada en términos de consolidarse como persona jurídica totalmente a la luz de la formalidad y estableciendo temas como la fabricación de calzado en cuero y sostenible, altamente diferenciado.

En asuntos de manifacturas en cuero mucha agua ha corrido por debajo del puente, la industria ha estado amenazada por múltiples factores, en un comienzo la apertura económica, la descomunal competencia, la falta de fomento empresarial, cargas impositivas que cada vez restan mayor competitividad, problemas de demanda y revaluación, un fenómeno que entre los años 90 y el inicio del siglo XXI con el año 2000 se presentó por la desafortunada apertura económica y los inconvenientes con el mecanismo de banda cambiaria, pero igual en las nuevas épocas llegó indexada por la libre flotación del tipo de cambio y el ingreso de capitales, unos buenos y otros espurios en vista que llegó divisa al país por privatizaciones, venta de petróleo, exportaciones agrícolas e industriales, un intercambio de excelente reducto por las compras venezolanas, inversión extranjera y otras actividades, pero igual entraron los dineros verdes por accionar del narcotráfico, una mixtura que abarató el dólar y le restó utilidad a las exportaciones.

Los problemas no dejan de darse bien sea por causas domésticas o por escenarios internacionales, caídas y crisis económicas, guerras, confrontación comercial Estados Unidos-China, Covid-19, aprietos globales en logística, inconvenientes en la Zona Euro, Brexit, invasión de Rusia a Ucrania, calamidad en Gaza, punto final a la globalización por aranceles forzados a la medida de Washington, incertidumbre, temas bélicos en remojo y todo tipo de afectación por efectos de la geopolítica.

 

 

Las condiciones comerciales vapulearon a Colombia, los distintos gobiernos entraron en una ola neoliberal precariamente concebida en donde la meta era vender o facilitar la adquisición de activos rentables, liquidar empresas del Estado y poner en marcha un modelo económico desigual, inapropiado y descuidando fuentes de ingreso regulares, el país acabó con el campo y el empleo apelando a importaciones desbordadas, los genios económicos no pasaron de ser unos soñadores carentes de conocimiento y sensatez, todo un contexto para la pérdida de recursos naturales, la entrega de la salud y la imposición de un sistema pensional complejo que hoy pretende despojar a los colombianos del ahorro acumulado para dejarlos en el mismo andén de quienes no ahorraron o se dedicaron al chupe antes que al trabajo.

En síntesis, no hubo dinero para inyectarles tecnología, innovación y capital a las empresas, menos a las pymes ofertantes de casi todo el empleo en Colombia, llegaron las quiebras, el cierre de fábricas como también de comercios porque todo se hizo mal, algo parecido a entregar lo poquito que tuvo el país para permitir liquidaciones y ventas sospechosas que tienen más cara de obsequio, algo que bautizaron como inversión extranjera directa sin que nadie responda fiscalmente por el desmedro ocasionado a los colombianos, hoy dueños de nada, es más si se descuidan mañana les cobran el aire que respiran.

Tristemente en toda esa historia de llanto y bancarrota, entraron las empresas de calzado y marroquinería, no hubo quien las defendiera y cayeron en un torpor alarmante porque no tuvieron los instrumentos para superar los baches o problemas intratables, era obvio, estaban totalmente solos y en esa condición siguen, solo que con más impuestos.

Varias cerezas se pusieron en ese agrio postre de la economía, después de la fiesta de los años 80 llegaron los 90 con las esperadas consecuencias de la apertura económica que impactó la producción y dejó a muchos por fuera de órbita, una ruina que segó felicidad, tranquilidad y vidas. Vuelvo y lo digo, muchos trabajadores de El Restrepo y el sector de la Valvanera, quedaron con una mano adelante y la otra atrás, no tuvieron ni siquiera para comer, hoy algunos hacen parte del oscuro mundo de los habitantes de calle, pero de eso no se dice nada.

 

 

De todas maneras hubo gente visionaria y audaz, sacaron fuerzas de donde no la había y se dieron a la tarea de competir con todos, allí se hizo visible que el calzado colombiano es de muy buena calidad, de gran diseño y totalmente vanguardista, como se pudo los empresarios hicieron un reordenamiento de la producción y pusieron en vitrina joyas en cuero que fueron valoradas por los compradores nacionales e internacionales, bueno quienes tuvieron conciencia porque otros se fueron por el zapato chino de muy bajo costo sin saber lo que ello desencadenaría.

Con el Covid-19, expresó Ibón Tatiana Ariza Ribon, las empresas la pasaron muy mal y las que sobrevivieron debieron reducirse a la mitad o más, pero celebró que siguen apostándole a la calidad, al buen diseño y confiando en que los colombianos le hagan el gasto a la industria nacional aún en cuidados intensivos.

Hay, sostuvo la Gerente, muy buena fabricación de calzado en Bogotá, pero en general en Colombia y la creación y manufactura de calzado hace parte de una bonita tradición, de una herencia formidable y monumental, algo que se debe transmitir con toda la pasión por lo que se hizo, se hace y se hará en cuero.

Una recomendación importante al consumidor es exigir que le digan sin engaños qué origen tiene el calzado, ahora bien si es bien diseñado y ofrece calidad porque no apoyar a los industriales colombianos que tienen que luchar contra viento y marea para poner sus zapatos en vitrina, una manufactura hecha con amor, conocimiento, innovación y atributo. Solo comprándole a Colombia, señaló la experta, será factible impulsar su industria, defender el empleo y garantizar crecimiento, de lo contrario el futuro es muy, pero muy oscuro.

Dentro de ese marco de defender lo hecho en Colombia es ideal que se le compre a las empresas legalmente constituidas que remuneran a sus trabajadores y les reconocen seguridad social, lamentablemente, denunció, a la fecha campea la informalidad, empresas que no están registradas en Cámara de Comercio, apersonadas de una nómina y responsables empresarial, social y ambientalmente.

Un problema grave es que muchos empresarios que tuvieron que cerrar su empresa decidieron ir a China de donde traen contenedores repletos de calzados subfacturados o con fabricación propia hecha en China o en cualquier otro punto de Asia.

 

“Estamos dando la debida contraprestación, al colombiano que compra calzado colombiano, les estamos dando calidad, diseño, tradición, durabilidad y todas las bondades resumidas en cuero a los compradores. Lo propio garantizamos al cliente en el exterior, pues a donde quiera que vaya el zapato colombiano lo consumidores solo verán y sentirán confort, clase y distinción. El tema del cuero es muy apetecido afuera, bien en marroquinería y desde luego en calzado”, subrayó la Gerente de Marca de Calzado JÜPPA.

 

 

 

La vocera lamentó que falte unión y colaboración entre los productores nacionales entendiendo que hay desventajas competitivas al mirar otras regiones que fabrican calzado. Detalló que por ejemplo en Cali y Bucaramanga la mano de obra y el arriendo son rubros mucho más baratos que en Bogotá y por eso la idea de JÜPPA no es competir con precios sino con diseño y calidad, pero invocó la consecuencia para que haya una alianza de empresarios del calzado por el país, fortalecer la gremialidad y dejar de lado la guerra de precios o las disputas innecesarias que terminan en deslealtad y perjuicio, algo que ya se nota en algunas regiones.

JÜPPA, dijo Ariza Ribon, es una palabra tomada de la lengua indígena Wayuu en la Guajira que se relaciona con los pies y con el calzado, un término que gustó porque además es de fácil pronunciación tanto en español como en inglés.

La empresa lo tiene claro todo, sigue mejorando sus procesos y fabricando calzado de verdadera calidad, el año anterior fue reconocida con un sello de sostenibilidad Icontec, el ESG Verified Pymes. La única factoría de calzado con ese reconocimiento que respalda el compromiso social, ambiental y económico.

Es oportuno decir que JÜPPA eco-shoes tiene la planta de fabricación en el barrio Kennedy en un punto muy cercano a la avenida Primera de Mayo con Boyacá, lugar que cuenta con una pequeña exhibición en donde igualmente se atiende al público. Cabe anotar que este calzado se adquiere a través de las redes sociales y las tiendas virtuales, la primera la que maneja la línea en cuero www.armori.co y la sostenible que atiende en el correo www.juppa.co.

Antes de la pandemia la empresa llegó a tener más de 20 empleados, cerca de 30, pero la enfermedad obligó a la empresa a reducirse de manera drástica por cuanto hoy hay cinco personas más algunos trabajos indirectos que llegan a cuatro individuos.

La queja es uniforme en el sector del calzado y en otras industrias, es necesario contar con una política industrial de Estado, un ente financiero aparte que atienda necesidades a bajo costo y por esa vía lograr acceder a recursos, tecnología, innovación y conocimiento porque con las uñas ya nadie trabaja, muchos prefirieron irse o cambiar de actividad. A juicio de la Gerente de marca, el tema del capital es complicado y entrar a negociar un crédito con un banco privado es sumamente difícil porque no hay empréstitos de fomento y las condiciones son sumamente desfavorables, sin duda el favor es para la entidad financiera que gana por intereses y plazos. Por eso, manifestó la fabricante, un apoyo financiero sería afortunado, no para que regale dinero sino pidiendo colocaciones en términos de sensatez y con sentido humano.

 

 

Hay una realidad, el sector calzado está en riesgo, si bien algunos empresarios se sostienen y otros regresaron haciendo de tripas corazón, con toda seguridad necesitan condiciones y competir en igual de condiciones, es decir en medio de la formalidad ya que los ilegales, los que evaden compromisos terminan celebrando y hundiendo a los fabricantes que acatan las normas, una consecuencia del río revuelto en donde el control es mínimo, muy diferente a lo que acontece con prendas de vestir en donde se sufre menos pues los números de ese sector son mejores en términos de ventas, rotación de inventario y aporte al crecimiento económico.

Unas botas para caballero con el sello JÜPPA, concluyó Ibón Tatiana Ariza Ribon, cuestan en promedio 190.000 y hasta 300.000 pesos, un precio bajo para la calidad y las garantías que ofrece la marca la misma en donde los trabajadores transforman materias primas, dándole vida a las ideas de quienes dirigen la compañía, un ejercicio que coadyuva a llevarles a esos colaboradores una opción de vida digna.

Han pasado siglos desde que el calzado llegó para quedarse como protección, prenda y moda. En Colombia cuando el país estaba en tiempos de la colonia el calzado era elaborado o manufacturado por artesanos, zapateros llenos de talento capaces de poner guantes en los pies. En los tiempos coloniales así como en desarrollo de la República los fabricantes de calzado laboraban en talleres ubicados en ciudades o veredas para atender la demanda campesina.

Más allá de que los españoles trajeron formas de vestir y de calzar, hay registros que dan cuenta de las habilidades de las familias precolombinas para tratar pieles y posteriormente fabricar prensa y calzados incipientes.

En Colombia la primera fábrica de calzado fue La Corona en Bogotá erigida en 1913, una empresa que puso la primera piedra en lo que tiene que ver con industrialización del cuero en el país. En Santander también hubo actividad manufacturera de avanzada y por eso abrió sus puertas calzado Derby en 1946, luego vino en 1948 la inauguración de la empresa Damton de Colombia, en los años sesenta se lanzaron al mundo de la fabricación de calzado factorías como Marasol y Norman.

Hay industria y grandes fabricantes. En medio de todo, importaciones, contrabando e incertidumbre, el calzado y el cuero hacen parte trascendental de una economía dinámica y vital en el desarrollo así como en la generación de empleo y tejido social.

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