La crisis logística mundial, la falta de contenedores y el aumento de los fletes que entre Asia y Latinoamérica pasaron de 1.500 y 2.000 dólares a 10.000 y 20.000 dólares, tiene al mundo postrado, enfrentando problemas agudos de inflación y con una carestía desbordada porque finalmente quienes pagan los sobrecostos son los consumidores.
Varias empresas se han visto en problemas y han tenido que aplazar las entregas como pasa con maquinaria, vehículos y bienes de capital. Los automotores según los expertos debieron permanecer en fábrica y acopiados ante la falta de componentes que tardaron en llegar por los contratiempos logísticos.
Al término de la fase alta de la pandemia, vino un estallido en la demanda de bienes, un fenómeno apenas consecuente por el frenazo del mundo expresado en cierres, quiebras y parálisis. Para los más conocedores al problema de logística se sumaron otros inconvenientes tales como la caída en la mano de obra y los efectos del clima. El problema siendo mundial, ha golpeado las economías emergentes llevándolas a replantear sus manejos fiscales, así como monetarios.
La situación es muy complicada y por eso se vislumbra un relicario de reformas para paliar los impactos dejados por el Covid-19, entre esos cambios de política se contemplan incentivos para la inversión, mejor trato a los trabajadores, atacar los líos crecientes de desigualdad y enfrentar con todo tipo de estrategia, el efecto invernadero, pues el clima se consolida como la más férrea amenaza.
Existe incertidumbre, el mundo sigue en vilo entre otras cosas por la guerra entre Rusia y Ucrania, la cereza del pastel. Hay desabastecimiento, los cereales y algunas oleaginosas tienen problemas y el mundo sigue pensando en cómo reinventarse. Los más consagrados economistas creen que el libre comercio tendrá un receso, con lo cual vendrá el afianzamiento de las cadenas regionales de valor y los mercados hemisféricos como también los locales.
A estas alturas muchos países están reactivando su agricultura, quienes exportan alimentos en alto número optaron por suspender los despachos para garantizar seguridad alimentaria ante una posible hambruna, en fin, el mundo sigue lleno de dilemas, tratando de superar los embrollos y aprendiendo a la brava. Cuando más se pensaba en los cambios coactivos en las economías emergentes por el sonado fracaso del modelo económico, ahora los países denominados potencias entraron en esa onda de diseñar un traje muy a la moda para estrenar y acudir sin complejos al tremendo baile que imponen retos tenaces como la geopolítica, las pandemias, la producción agrícola y el cambio climático.
La realidad es una, el mundo se encareció y los registros de inflación espantan en todo el planeta, los datos superan décadas de tranquilidad y no se ve luz al final del túnel, ya que como se ha dicho en este medio hasta el cansancio el problema parece ir de largo.
No en vano el Banco Mundial dice que en los últimos 150 años el globo ha padecido catorce recesiones, empero asegura que la impulsada por el Covid-19, podría fácilmente ser la cuarta por sus efectos en esa lóbrega historia.
Según los análisis del organismo multilateral, el sobresalto económico que desprendió del Covid, tan solo sería sobrepasado por el inicio de la Primera Guerra Mundial en 1914, la Gran Depresión de 1929 que se extendió hasta 1932 y la desmovilización de tropas luego de la Segunda Guerra Mundial, hecho acaecido entre 1945 y 1946.
Por diversos motivos el mundo ha experimentado caídas económicas considerables, de hecho, se han visto desde tiempos añejos, en los grandes imperios. Una cercana dentro de las más devastadoras fue la que desprendió de la Peste Negra en el siglo XIV, esa que llegó a su máximo perjuicio entre 1347 y 1353.
De todas maneras, en siglo y medio, retomando datos del Banco Mundial, hubo afectaciones por diversos motivos, en 1873 vino una crisis financiera de gran calado que postró las economías de Europa y Norteamérica. Su fin llegó solo hasta 1879.
Estados Unidos experimentó la crisis global de 1885 que repercutió en los mercados internacionales. Después de la gran Depresión, el desplome que inició en 1882 en Estados Unidos se ubica como la tercera más grave en territorio estadounidense, ya que duro 38 meses y dejó saldos lamentables en la economía.
1893 también está en el recuerdo de los investigadores, en desarrollo del periodo citado, explotó una inexorable depresión económica que logró superarse en 1897 tras dejar mal trechos todos los sectores productivos, conllevando a una crisis política. En ese tiempo el dato de desempleo fue histórico al superar el 10 por ciento.
Hablando de desplomes y caos económico, un referente que sacudió los mercados fue el pánico de 1907, de hecho, la primera crisis financiera internacional en el siglo XX. Dicen los economistas que fue superada solo por la Gran Depresión de 1930. Tan grave fue el problema que obligó a las autoridades norteamericanas a impulsar una reforma monetaria, la cual le abrió paso a la puesta en marcha de la Reserva Federal.
La crisis de 1907 llevó grandes aprendizajes y por eso la banca privada se dio cuenta de lo importante que resultaba tener un Banco Central, ello recordando que el famoso pánico se acuarteló básicamente en compañías fiduciarias, entidades que compitieron con los bancos fuertemente por los jugosos y atrayentes depósitos.
Entre otras crisis se reportan la de 1938, la tercera más fuerte del siglo XX, 1945, 1975 o el famoso estancamiento de la economía por el punto final al auge que vino luego de la Segunda Guerra Mundial, 1982, crisis monetaria, 2009 o caída del mercado hipotecario y 2020, la aparición del Covid-19.
Las crisis son impredecibles, pero cíclicas, llegan súbitamente y arrasan con los mercados y las economías por diferentes razones, desde las pulgas en los barcos que navegaban hace siglos entre Asia y Europa, un disparo en Sarajevo a un archiduque y el famoso estornudo chino que literalmente se sintió en Tunja y el mundo entero, en fin pasaron y seguirán apareciendo, lo importante es aprender de cada una para ir fortaleciendo la vacuna.
En este 2022, el globo sigue con el lastre de la pandemia y quienes estudian los mercados creen que la crisis tardará, más ahora con los bombardeos que sacuden los Balcanes.
En diálogo con Diariolaeconomía.com, el Vicepresidente Ejecutivo de la Asociación Colombiana de Fabricantes de Autopartes, ACOLFA, Alberto Macías Osorio, afirmó que actualmente el rompimiento de la cadena de suministro sigue golpeando la industria automotriz y de autopartes, pero aclaró que el conflicto entre Rusia y Ucrania no ha sopesado tanto en el sector porque de Ucrania no llegan materias primas para la fabricación de partes.
Dijo que los ucranianos son muy fuertes en los mercados petroquímicos, plásticos y demás derivados, pero el actual conflicto, no ha golpeado, recalcó, la industria autopartista.
Los más afectados con ese acontecimiento bélico, el que espera, termine pronto, son los agricultores colombianos y del mundo porque bajó ostensiblemente la oferta de fertilizantes, disparando los precios y haciendo casi imposible cultivar, de otro lado, expuso, la agroindustria vio crecer el precio del trigo y el aceite de girasol, productos que vienen de Rusia y Ucrania, también disparados en valor y grandes responsables de la alarmante inflación.
En su análisis, Macías informó que el gran dolor de cabeza para la industria y la economía, también mundial, fue la crisis logística porque condujo a desabastecimiento, escasez y encarecimiento, pues los fletes llegaron a niveles increíbles, impactando los precios y los tiempos de entrega. En carros como en maquinara agrícola importada, sostuvo, los problemas fueron considerables en vista que muchos automóviles o bienes de capital debieron esperar en las ensambladoras para poder ser despachados en condiciones óptimas.
El problema, explicó Macías, obedeció a la alta demanda de buques de gran capacidad porque hoy en día están llegando a los grandes puertos, barcos de altísimo calado mientras que los pequeños no están operando, originando retrasos, puesto que no es fácil llenar una embarcación que supera las 24.000 toneladas, una labor complicada que por lo general amplía los tiempos.
Agregó que los puertos que no tienen la suficiente capacidad para recibir ese tipo de buques se afectan como es el caso colombiano, ya que los puertos están diseñados para navíos pequeños por lo que no hay posibilidad de desembarque directo de mercancías, lo que explica que se deba hacer descarga en puertos grandes para que luego los barcos pequeños transporten los bienes hasta las costas colombianas, desde luego con las respectivas demoras y los mayores precios.
El problema, razonó el Vicepresidente Ejecutivo de Acolfa, altera la industria y termina siendo un multiplicador del precio final del producto internado, ítem aún más alto por los niveles de tasa de cambio.
Independiente de las vicisitudes, los empresarios de la industria automotriz y los fabricantes de autopartes no paran y por el contrario hacen uso de ese espíritu valiente y de la inherente resiliencia para seguir adelante, mostrando dinamismo, creciendo y generando empleo.
“Es muy difícil que nos acaben sin que podamos reaccionar, creo que aquí tenemos alma, vocación y lo mejor de la industria, para el caso de las autopartes es un sector que sabe reponerse, enfrentar retos y seguir incólume.
Luchamos con arrojo, no nos dejamos amedrantar, estamos vivos, salir del entorno productivo no es nuestra opción y por eso nos acoplamos a las circunstancias. Hoy tenemos una producción baja, acorde con el mercado y la realidad del mundo, pero no bajamos los brazos porque seguimos innovando, buscando mercados y con ganas de exportar. La situación es difícil, pero no nos vamos a vencer fácilmente, es más creo que saldremos triunfantes”, señaló el directivo.
Reforma tributaria debe ser audaz y abaratar el país
Colombia se apresta a elegir el nuevo Presidente de la República y desde ya se hacen en todos los sectores productivos conjeturas sobre lo que debe ser la política económica, el reto fiscal y con ello lo que debe ser una verdadera reforma tributaria.
Para Macías, bajar tarifas de IVA, eliminar diferenciales e inclusive morigerar impuestos complejos como el de renta, le daría mayor dinámica al país porque incrementaría el recaudo e invitaría a la formalización. Esa fórmula, afirmó, sería viable eliminando exenciones y combatiendo la evasión con mayor intensidad.
Bajar el IVA, infirió, premiaría el trabajo y el valor agregado, llevaría a un mayor consumo y a la mayor dinámica de las empresas. Sobre bajar el impuesto de renta, dejó claro que debería ser una medida para las empresas que defienden el valor añadido, es decir si un empresario compra producto colombiano, genera transformación productiva y brinda mano de obra, la renta para ese agente debe ser inferior por los beneficios que incorpora.
“Por el simple hecho de importar, un industrial paga menos renta, pero lo cierto es que lo que se está importando es desempleo y por eso creo que al aparato productivo hay que darle esos beneficios. No puede ser una reforma tributaria que les baje tarifas a todos porque se puede caer en el error de premiar a algunos que no generan valor agregado”, declaró el señor Macías.
Anotó que quién llegue a la Casa de Nariño tendrá una tarea difícil, pero no imposible y sostuvo que el nuevo gobierno debe apelar a la innovación y explorar fórmulas para reactivar la economía, generar empleo y encadenamientos productivos, dejar de ver el nocivo libre comercio como un todo y buscar soluciones hacia adentro porque un país con ingreso, demanda bienes y servicios, la elemental fórmula de dinamizar la economía
Tratados de libre comercio no llenaron las expectativas
En días pasados la ex Viceministra de Comercio Exterior, Claudia Uribe, aseguró que los acuerdos comerciales rubricados por Colombia debían ir a revisión frente a las desventajas que hay para los empresarios y productores colombianos que tienen que competir en medio de las dificultades y con ayudas y subsidios que amparan los sectores empresariales y el campo en otros países como Estados Unidos y los de la Unión Europea.
Según Alberto Macías, los acuerdos llegaron en un momento de extrema dificultad en Colombia, inclusive con la estela de quiebras que dejó la apertura económica, un golpe mortal a las pymes, el campo y la industria en general.
Si bien mostró total acuerdo con la sugerencia de la ex Viceministra, indicó que hay que ver el cómo proceder, ya que no se trata de revisar los acuerdos per se o por capricho sino potenciar en cada convenio lo que sea positivo que muy seguramente serán varios artículos que habrá que mantener por cuanto no se puede ir en detrimento de lo que el país viene haciendo. De igual manera, afirmó, hay que ver los sectores productivos a los que les ha ido mal o no tienen un futuro alentador por su sensibilidad para corregir y permitirles su desarrollo en el mercado local de donde muchos podrían salir ante la fuerte competencia y las visibles desventajas.
“Los productos o sectores que estén tipificados como perdedores deben ir automáticamente a revisión, pero no se trata de renegociar porque sí, tan solo mirar nuestras fortalezas como país, en qué productos somos sólidos en determinados acuerdos y en cuáles no. Eso es lo que simplemente hay que hacer”, aseveró el Vicepresidente de Acolfa.
Para nadie es un secreto que los productos agrícolas terminaron pagando de alguna manera, los platos rotos de la negociación, los acuerdos no fueron tan color de rosa y algunos hablan de serias amenazas y la posible desaparición.
En opinión de Macías algunos sectores, al calor de la estipulación o acuerdo, o con el afán de quedar bien con el Gobierno de turno, aceptaron unas condiciones sin análisis, con prisa y adversas por la celeridad, tan precariamente pactadas que a la fecha los resultados no se han visto.
A criterio del respetable Alberto Macías, ahora viene sentar a esos sectores y preguntarles por qué sí y obviamente el por qué no. Aclaró que además hay productos que no necesitan acuerdos para su exportación como es el caso del café, el carbón, petróleo o níquel por citar algunos, puesto que se trata de bienes que los demanda el mercado exógeno sin necesidad de convenios, incluso pagan los precios de franja internacional o los pactados sin problema alguno.
Macías insistió que entonces sí vale la pena hacer un análisis muy detallado y con lupa, de manera pormenorizada de cada uno de los acuerdos, una observación minuciosa de ganadores y perdedores, así como de los que pueden ganar terreno, todo para potenciar la economía colombiana.
Frente a la crítica hecha por la ex Viceministra en el sentido de que los empresarios no estuvieron a la altura del acuerdo, quedándose con la exportación de materias primas, sin valor agregado, y productos para el mercado interno, Macías salió al paso y puntualizó que no fue así, ya que muchos no se dan cuenta que Colombia no es un país competitivo y sus productos menos.
“No es que hayamos pasado por alto el hacer la tarea, es que no somos viables competitivamente hablando y lograrlo es todo un desafío, hay que generar las condiciones para que el país y sus productos sean competitivos. Que no se nos olvide que aquí los valores logísticos son de los más costosos del mundo, los servicios públicos y la gasolina igual muestran tarifas que superan los estándares internacionales, luego en esas condiciones adversas todo es complejo y no podemos exportar, pero negligencia no hubo, ganas las tuvimos, pero repito, las condiciones fueron cero, alejadas de la realidad y sin el cumplimiento de los compromisos suscritos en la agenda interna, así de claro es”, aseveró el Vicepresidente de Acolfa, Alberto Macías.
El tratado de libre comercio entre Estados Unidos y Colombia, llamado TLC, fue aprobado por el Congreso estadounidense el 12 de octubre de 2011, el 21 de octubre el Gobierno de Washington firmó la legislación que implementó los acuerdos comerciales con Colombia, Panamá y Corea del Sur. Finalmente entró en vigencia el 15 de mayo de 2012.
Acuerdos comerciales deben tener otra generación
Siguiendo con los temas de libre comercio, el Vicepresidente Ejecutivo de Acolfa, indicó que, de cara al futuro inmediato, debe haber una nueva generación de tratados comerciales. Expresó que los actuales TLC incluyen toda la nómina de productos, lo cual no debe ser así porque hay bienes que no tienen potencialidad para ser exportados por lo que el país debe mirar productos antes que mercados, explorar fortalezas y bajo esa premisa rubricar acuerdos con naciones que también tienen potencial importador.
Insistió en que Colombia debe hacer el match de lo que vende versus lo que otros países demandan y si hay conciencia, sencillamente se firma el TLC, caso opuesto, remarcó, no se puede firmar por firmar porque un Estado no debe comprometer todos sus productos, en esencia los de un país en donde hacer empresa o sembrar es sinónimo de estrés y sufrimiento,
Macías dijo que el gran error de Colombia fue justamente ese, entrar en un juego comercial queriendo asimilar las capacidades de países desarrollados que lamentablemente no tiene.
“Comparativamente quisimos parecernos a los ricos siendo pobres, pero lo cierto es que se puede mejorar, ajustar en la economía local y entrar en una nueva generación de acuerdos comerciales. Colombia requiere del libre comercio innovación, bienes de capital, maquinaria a bajo costo y todo lo que facilite producir, pero lo inaceptable es pignorar sectores que son generadores de riqueza, crecimiento y empleo. Tenemos que identificar las necesidades y crear un ambiente político acorde con las demandas del industrial, todo acompañado de incentivos para que ese productor, fabricante o transformador se pueda potencializar vía las nuevas tendencias 4.0 agrupadas en la automatización de los procesos industriales, buscando más eficiencia, aprovechando la inteligencia artificial y sacando el máximo de capacidad que ofrece una herramienta como el Big Data. Otro instrumento es la quinta generación de tecnologías, mejor conocido como 5- G, al igual que el Internet de las cosas”, complementó Alberto Macías.
Formuló que para lograr ese objetivo debe haber condiciones políticas y facilidades económicas, con el fin de que la tecnología ingrese a las industrias, aportando competitividad pues el país, a criterio del invitado, no puede quedarse atrás o seguir rezagado.