Domingo, 18 Septiembre 2016 09:16

La clase media está sacando a pasear el perro de los ricos: Sala i Martín

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El gran talón de Aquiles de Colombia y de América Latina en general es la falta de inversión en educación de calidad y la brecha que este factor genera en las clases sociales. El mundo está ingresando a la cuarta revolución industrial y tecnológica.

Estuvo en Colombia y habló con Diariolaeconomia.com, es un hombre analítico, serio y con mundo en su cabeza. Sabe que la economía tiene sus ciclos, pero también que tiene defectos con orígenes en las débiles políticas públicas y lamenta que hoy el empobrecimiento esté arropando a la otrora indispensable clase media, el bordón de las economías y el punto de equilibrio social.

El catedrático de la Universidad de Columbia, Xavier Sala i Martín, quien además es conocido por ser el coautor del Global Competitiveness Report y padre intelectual del Competitiveness Index el cual clasifica a 142 países del mundo en orden de competitividad dijo que si los países, entre ellos Colombia que le dijeron si a la globalización, tardan en invertir en educación, infraestructura y en erradicar la corrupción están llamados a colapsar.

Hombre sugestivo e imperdible por sus chaquetas de colores las cuales lo hacen fácil de identificar en los grandes foros de la economía como en Davos (Suiza) o en el mismo Fondo Monetario Internacional, asegura que la economía debe tener color así como sus chaquetas, sencillamente porque hay que dejar de lado el gris o el negro del tema para decirle al mundo que este tema es abigarrado y muy cercano a la gente. Es por eso que decidió darle vida a su libro “Economía en Colores”, una manera divertida y fácil de abordar los temas económicos, dejando de lado ese matiz aburridor y oscuro que tiene la economía como tal.

Al hablar de colores, del blanco de la esperanza, del negro de la tragedia y llevándolos a una economía mundial que no despega, Sala comentó que hay dos movimientos importantes de largo plazo, de un lado los países que anteriormente se llamaban pobres, del tercer mundo, en vía de desarrollo y hoy bautizados como emergentes, están convergiendo de verdad hacia los ricos porque ya han pasado décadas en las que estos países crecen más que los ricos, situación que nunca se había visto. El tema es sugestivo porque esos países ricos eran cada vez más acaudalados y los pobres más precarizados, eran distancias o brechas que se hacían más grandes, pero la tendencia de hoy cambio porque los de arriba crecen un poco en tanto que los emergentes lo hacen a tasas importantes.

Toda esta convergencia, explicó Sala, obedece a la serie de reformas que adelantó el mundo o muchos países y que empezó por China en donde el giro fue de 180 grados.

“En todos estos países, aproximadamente 5.000 millones de ciudadanos, 1.300 millones que viven en China, 1.200 millones en India, 4.000 millones en general que habitan el Asia, 400 millones de habitantes en América Latina y 700 millones en África empezaron a crecer en una gran parte de esa población por esas reformas que se hicieron al cambiar escenarios políticos y económicos tal y como pasó en China que dejó el comunismo o India que abandonó las doctrinas de Indira Gandhi. Lo propio pasó en América Latina que aprendió determinantes lecciones de las grandes crisis de los años 80 y 90, región que se caracterizó por sufrir todas las dificultades, lo anterior sucedió, entre otras cosas por la mala gestión de los bancos centrales, de los excesivos déficits y de otros factores que repentinamente cambiaron, haciendo que América Latina y otros bloques económicos en el mundo lograrán esa gran convergencia”, declaró el señor Sala i Martín.

Aseguró que la demora en la segunda generación de reformas como se habló en Davos revisando los índices de competitividad han frenado un poco el crecimiento acumulado y a lo anterior se añade que el crecimiento vertiginoso que traían China e India, países superpoblados, habían aumentado la demanda de materias primas jalonando el costo de estas al alza lo que llevó a que otros países sacaran provecho de los inmejorables precios de los commodities tal y como se vio con la oferta latinoamericana, africana y asiática.

Todo el boom termina cuando China e India se desaceleran marchitando los precios de las materias primas, haciendo que por lógica las economías que abastecían esas naciones gigantes se desacelerarán lo cual se agudizó por la tardanza en las reformas de segunda generación. En opinión de Sala, lo que el mundo está viendo es la ralentización de la gran convergencia.

El catedrático precisó que el segundo fenómeno que se observa es la también ralentización del mundo avanzado porque este entró al proceso de transición hacia lo que se conoce como la cuarta revolución industrial. Parte de esta pérdida en velocidad, dijo, es estadística porque no se ha medido debidamente el PIB porque el ser humano hace uso de gran cantidad de servicios a través de la Internet y todo el vademécum de redes sociales.

“Como es sabido, la contabilización del PIB es el precio de una cosa multiplicado por la cantidad de esa cosa y cuando producíamos patatas y coches el ejercicio era básico pues se trataba de precio de patatas por cantidad de patatas más precios de coches por cantidad de coches, eso era muy fácil, actualmente google es un servicio y el valor de los bienes y servicios que son utilizados en esa plataforma es un servicio, pero la contabilidad de Google es cero porque no pagamos, claramente es un servicio, claramente es una red productiva. Lo cierto es que si a la humanidad le quitaran Google esta sería capaz de pagar grandes cantidades de dinero por volverla a tener porque hoy se depende de las redes sociales y las facilidades que ofrecen en compras, reservas y otros servicios. De no tener Google seríamos más miserables, pero al mirar la contabilidad esta nos dice que el PIB que viene de todo esto es cero más teniendo la comodidad, la felicidad y el confort que ofrece de manera gratis”, sostuvo el economista.

Aseguró que parte de la desaceleración obedece a que la humanidad se está moviendo hacia un mundo en donde lo que valoramos no tiene precio haciendo que contablemente el globo sea más pobre. Sala dijo que en medio de esto hay que tener en cuenta que el mundo camina hacia una nueva economía y es la digital porque hay muchos puestos de trabajo que se están perdiendo por la facilidad que brinda la era digital y que afecta directamente a la clase media lo cual debe ser motivo de preocupación toda vez que el fenómeno vendrá acompañado de robótica y nuevas tecnologías que desplazan y desplazarán mano de obra situación que muestra que muchos ganan con la nueva realidad, pero igualmente que muchos pierden.

Todo lo anterior conlleva a buscar métodos de ayuda para que esa persona que perdió su puesto de trabajo logre reconvertirse para que vuelva a trabajar en otra actividad. Indicó que eso pasa con más ahínco en la clase media y eso hace que vengan las ya visibles desigualdades.

“Muchas de estas gentes están paseando los perros de los ricos y esta desigualdad necesariamente genera malestar a tal punto que esta segunda tendencia hizo que en todos los países, mayormente ricos, movimientos populistas o demagogos como el Brexit en done se culpa a los extranjeros de los males que afronta esta clase media que pierden sus puestos de trabajo, lo mismo pasa en Grecia con los demagogos de izquierda, en Francia con los derechistas, en España y en Estados Unidos con el señor Trump que es un exponente de todo esto”, apuntó el catedrático.

Afirmó que para nadie es un secreto que en Estados Unidos la clase media está sufriendo y advirtió que si no hay soluciones para esos problemas aparecerán más Trump y otros locos pues en Guatemala la nación eligió a un cómico. Dijo que un país serio tiene a un payaso de Presidente lo cual hace parte del descontento general que es real y que demanda solución porque se corre el riesgo de retornar a 1914 tiempo en el que los países se cierran en sí mismos y cuando eso pasa, expuso, aparecen nacionalismos, guerras, depresiones y enormes problemas.

Reiteró que es perentorio ayudar a la gente que pierde en el complejo momento de transición y si no hay auxilio, todo el sistema puede terminar destruido por culpa de los demagogos que plantean soluciones fáciles y que finalmente no van a funcionar.

“Todo esto está fomentando una serie de odios porque en Estados Unidos muchos creen que la culpa de su tragedia es de los mexicanos, de los latinos o de los chinos escenario que pondera la confrontación y esto hay que evitarlo cuanto antes. Todo estos hace parte de la combinación de las dos tenencias, una la ralentización de la convergencia y el impacto de la cuarta revolución que deja ganadores y perdedores, pero en donde no estamos haciendo mucho por quienes pierden”, expresó el analista.

En su disyuntiva Xavier Sala i Martín asegura que si bien hay un gran problema de por medio este no tiene que ver con el modelo económico o con el consenso de Washington porque tan solo hay una situación llamada nueva revolución la cual es un cambio de paradigma tecnológico en donde muchos pierden, pero desestimó que los males de las economías, por lo menos de las emergentes, pasen por privatizaciones o modelo como un todo.

La solución es la educación

Hablando de paliativos, Sala dice que la solución, claramente pasa por lo educativo porque hay que educar y formar a mucha gente que pierde con la nueva tendencia económica.

A los que están saliendo del mercado laboral, insistió, hay que educarlos o reciclarlos porque ellos no quieren caridad sino oportunidad y dignidad, el tema no es más que re-educar.

“Están entrando nuevas tecnologías en donde va a cambiar el entorno y los niños tendrán que cambiar de profesión permanentemente y viviremos en un mundo en donde muchas profesiones como las agencias de viajes y otras de servicios van a desaparecer. Podrían salir del mercado los profesores porque para eso está la Internet o los mismos periodistas porque los periódicos están cerrando porque no se están adaptando al nuevo mundo, hay un lío en Colombia y es que se sigue por la senda de graduar profesionales tradicionales sin prever que la tecnología desplazará trabajos y oficios”, destacó.

La clave insistió es reforzar la educación, optimizar la enseñanza para ayudar a los niños a enfrentar con verdaderas herramientas, el mundo que les viene encima y que así puedan sobrevivir.

El problema en Colombia, añadió, es de desigualdad educativa porque el inconveniente no se queda solamente en que el niño rico hereda de su padre bienes y el pobre se queda con la vida paupérrima de familia. En Colombia hay unas diferencias salariales abismales porque hay jóvenes que trabajan para multinacionales y cobran salarios norteamericanos y hay otros que trabajan en el campo con salarios africanos pero lo cierto es que esa diferencia la marca la educación lo cual revierte en diferencias económicas porque Colombia educa mejor a unos que a otros.

Reconoció por su experiencia en Columbia que el país del café produce grandes estudiantes solo que al lado de tan encomiables educandos hay millones de niños que técnicamente son analfabetos y que han acabado el sistema educativo obligatorio y no pueden hacer nada, llevándolos, desafortunadamente, a tener un salario africano.

Criticó la carencia de políticas públicas para educación y para otros frentes de la sociedad y sostuvo que cuando las hay no funcionan, es decir que el país tira el dinero porque no lo usa eficientemente. Ese dinero que se despilfarra, adujo, debe llegar a las zonas rurales o a las zonas conflictivas para que los nacionales tengan futuro sobre pilares de educación.

Urge competitividad

La globalización hace que los países hagan importantes inversiones en competitividad porque de no ser así quedarán rezagados y con grandes dificultades.
Xavier Sala i Martín aseguró que en el pasado informe de competitividad fueron identificadas tres grandes áreas de problemas en Colombia. El primero pasa por la desigualdad en la educación que consideró la madre de todos los problemas y dijo que igual daño hace la corrupción y la falencia en infraestructura.

Dijo que no es consecuente que ir de Bogotá al mar sea imposible por el déficit de infraestructura, problema que inicia en las ciudades porque se nota la pérdida de competitividad, eficiencia y calidad de vida con los trancones y falta de obras de desarrollo para la competitividad.

“Hace un par de años cuando todavía las materias primas eran caras y en este país había más dinero, se hablaba de grandes planes de infraestructura, pero lamentablemente esa prospectiva desaparece en el momento en que se desploma el precio del petróleo y el gobierno se queda sin recursos, desde luego pensando en reformas tributarias, pero con un gran problema encima porque sin infraestructura no hay competitividad”, dijo Sala.

Colombia, aseguró, debería estar a la par con naciones que fueron igual o más pobres y que hoy son todo un paradigma de desarrollo como Singapur y otras del sudeste asiático. Vio con muy buenos ojos lo que pasa en Medellín en donde se trabaja en innovación y competitividad.

Hay que atacar la corrupción

El connotado economista dijo que una vez conjurado el problema de orden público y de guerra con los acuerdos de paz que dicho sea de paso no traerán soluciones inmediatas, el enemigo a vencer es la corrupción, flagelo que ha desbocado la coherencia y la falta de equidad.

Sobre la corrupción, dijo que es un mal considerable en Colombia que llevó a que mucha gente se revelara porque se cansó de ver como se robaban su dinero. Es inconcebible que la plata de los impuestos la desaparezcan luego de cobrar impuestos onerosos para no hacer obras muy necesarias o ejecutando algunas con terribles sobrecostos.

“Como padre de familia o como empresa que cumplo con los tributos me molesto porque no veo mis impuestos reflejados en obras, si es del caso me voy para Suecia en donde pago seguramente más impuestos, pero en donde veo todo invertido. En la última encuesta hecha a los empresarios, el principal problema de Colombia es el de impuestos, lo que no pasa en Suecia porque hay una muy buena contrapartida”, dijo Sala.

En este punto de impuestos entra según el analista, eficiencia no solo en vías sino en administración de justicia, en salud, vivienda y en todo lo que por sentido común debe tener un ser humano digno que paga sus tributos.

En Estados Unidos, explicó, hay impuestos bajos y servicios bajos tampoco hay quejas y el sistema funciona. “Quien diga que esto no funciona miente, lo que no funciona es tener impuestos suecos y servicios africanos”.

Una tributaria mal hecha espanta la inversión

El escritor, analista y catedrático, Xavier Sala i Martín, el hombre de la “Economía en Colores”, advirtió que una reforma tributaria mal diseñada y poco competitiva ahuyenta la inversión, pero sobre todo si solamente se habla de los ingresos.

Expresó que lo que realmente le preocupa es que nadie habla de qué va a pasar con esos impuestos pues el discurso se quedó en que se perdieron recursos por la caída en el precio del petróleo y como el crudo no está dando dinero pues habrá que quitárselo a la gente.

“A mí me parece que esta es la peor razón porque nadie en el gobierno explica para qué necesita dinero, como lo va a gastar, si en una reforma educativa, si en infraestructura o en desarrollo, pero no invertir solo en donde el ministro gana votos ni donde están las empresas que le pagan comisiones, no, hay que pensar en soluciones racionales, como quien dice tener un tren o unas vías que aseguren que seremos exitosos en el comercio. Con una explicación seria y sincera y con una factura por el monto que eso demanda, inmediatamente cobre impuestos porque hablar de tributos sin obras, sin servicios o sin mejoras no tiene ningún sentido”, especificó el autor.

Solamente habrá competitividad con impuestos bien invertidos y mejorando la vida de los colombianos, pero hay que abrir el debate sin separarlo en temas puntuales de educación, corrupción, impuestos, infraestructura y de eficiencia del estado.

Expuso de igual manera que en Colombia se habla mucho de la informalidad, pero aclaró que esta desprende de la misma incompetencia del estado.

La paz es necesaria, pero no hay que confundirla con PIB

El señor Sala dijo que el posible fin de la guerra en Colombia traerá posiblemente grandes beneficios porque cambiará el escenario, pero dejó claro que la paz ya está interiorizada en los empresarios de tal manera que cuando esta se firme no pasará nada porque el dividendo ya se tiene, lo cual no quiere decir que es irrelevante.

“La pregunta es qué pasa si gana el NO, pues un problema que no estaba en el radar vuelve a él y los empresarios harán conjeturas porque si vuelven los secuestros, la extorsión, las FARC y todo ese ámbito complicado, decidirán que lo mejor es ir a Chile que a Colombia porque a la hora de analizar en donde se quiere operar hay países que ofrecen condiciones y que no tienen este tipo de inconvenientes y dadas esas condiciones pierde quien se queda sin inversión porque quien no tiene guerra o conflicto, obviamente pasa a ser más competitivo”, dijo.

Sala precisó que no cree que en Colombia la tasa de crecimiento se vaya a doblar si gana el SI en el referéndum, pero aseguró que si se puede dividir por dos si gana el NO.

“La paz genera felicidad directamente porque vivir en un país pacífico ofrece un bienestar directo, no a través de que se logre ser más rico a través del PIB. Decir que los acuerdos de paz van a afectar la competitividad o la inversión me parece ridículo, el efecto directo de la paz sobre el bienestar de la gente, en donde no hay que preocuparse porque muera gente, genera un bienestar tan grande que no se puede comparar con uno o dos puntos del PIB, poner el debate en términos económicos me parece un error. La paz, Per sé, es valiosa y seguramente tendrá efectos económicos, eso resulta innegable, pero estos serán de talla pequeña comparados con la grandeza directa de vivir sin el miedo que produce la violencia”, concluyó.

Con dualidades interesantes, Xavier Sala i Martín, asegura que acopia apegos de nación dobles pues tiene su corazón en Barcelona, pero su salario en Estados Unidos. Se siente muy catalán, pero lleva 30 años en Estados Unidos en dónde tiene su familia y una vida realizada.

Este hombre parco, pero amable, con la huella de los años en su incipiente barba y algo en su cabello habla a tiempo que tira la solapa de su diseñada chaqueta la cual es de tono vino tinto o morada como se dice en Colombia, de fondo tiene una camisa negra con corbata del mismo tono. Al dar por terminada su charla se levanta de la mesa en donde atendió a este medio, extiende su mano y paulatinamente se aleja del salón con algunas inquietudes del manejo económico y con la ilusión que por fin una reforma tributaria en Colombia, país que quiere, se invierta en la gente buena, en su educación, en sus vías, salud y calidad de vida, todo ello con el fin único de que sea posible saborear progreso en la masa y no con el avinagrado sentimiento general que produce ver los dineros que se aportan en los bolsillos de los corruptos impíos, esos que siguen inaugurando carreteras que no se ven sino en los documentos de ejecución del estado.

Se fue el escenario y quizás su mente volvió al Barcelona Fútbol Club o a esa inquietud que ronda por su cabeza desde hace ya algún tiempo, lo conveniente que puede resultar la independencia de Cataluña.

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