Miércoles, 23 Marzo 2016 08:09

Campesinos del Sumapaz piden revisión urgente del TLC

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Para los labriegos el acuerdo comercial no solo lleva micos, también loros, guacamayas, manatíes y otras especies de fauna.

Una de las razones que nos movió hacia la rica región del Sumapaz fue la invitación que nos cursó la Asociación Agrícola de Productores y Comercializadores de productos Agropecuarios del Sumapaz, Afrijosum. Esta agremiación de campesinos tiene claro que para competir con Estados Unidos y con Europa es necesario fortalecer los conceptos asociativos, obviamente sobre pilares de productividad, competitividad, inocuidad y buenas prácticas agrícolas y ganaderas.

Los campesinos, conscientes de este nuevo entorno, alistan sus mejores armas para competir, pero tienen dudas, preguntas e inquietudes sobre una negociación de la que afirman, salieron mal librados.

Los muy amables, hospitalarios y generosos productores de la Región del Sumapaz afirmaron que el estado les hizo un gol en la negociación del TLC tanto con Europa como con Estados Unidos porque la idea era abrirle la puerta a la tecnología, a la maquinaria y a los bienes de capital para poder desarrollar mejores producciones y no abrir las importaciones con cero arancel a los productos que se siembran con mucha dificultad en Colombia y que al final de la negociación resultaron castigados y entregados sin que hoy exista un doliente de tan precaria transacción. Afirman que el gobierno no midió el alcance de su error y pasó por alto los efectos lamentables de la ruinosa apertura económica de 1991.

Para colmo de males en el texto final de la negociación del TLC con Estados Unidos, el capítulo agrícola deja un sabor amargo y una sensación de deshonestidad porque siempre se habló de no tocar el medio ambiente y de proteger ese patrimonio colombiano. Lo cierto es que al revisar dicho texto la sorpresa no es mínima toda vez que se estipula que se puede llevar a territorio americano, primates vivos, ballenas, delfines marsopas, manatíes, dugongos y reptiles como serpientes y tortugas de mar. De igual manera los labriegos piden claridad sobre las subpartidas contempladas en los dos listados que le abren paso a la salida de loros, cacatúas, papayos y otras especies exóticas sin dejar de lado que también busca llevar aves de rapiña, incluida el águila.

Esos pedidos aparecen en las listas de desgravación tanto de Colombia como de Estados Unidos y los labriegos expresaron que inclusive no sería justo ni ético con el medio ambiente traer al trópico colombiano especies norteamericanas, adaptadas a su hábitat.

El agricultor y miembro de Afrijosum, Marceliano Beltrán, dijo en Diariolaeconomia.com que es inexplicable que en una negociación que se supone seria, incluyan especies de fauna y flora lo cual atenta contra la soberanía y contra el ecosistema.

“Aquí metieron micos, pero de verdad y otras especies como loros y guacamayas, hay mucho más que revisar en este TLC porque hasta dónde yo sé, los monos nada tienen que ver con especies menores o las cacatúas con las aves de corral, la verdad, eso es totalmente ilógico y cualquier país serio lo identifica y hace los correctivos del caso de manera inmediata”, declaró Beltrán.

Sobre el tema del libre comercio, el agricultor dijo que este es una realidad y por tal razón le pidió al Presidente de Estados Unidos y a los candidatos presidenciales con mayor opción a ocupar la Casa Blanca, tener en cuenta al productor colombiano porque el libre comercio debe ser para todos y en igualdad de condiciones porque de lo contrario se promueve una competencia desleal.

Dijo que potencias como Estados Unidos subsidian a sus campesinos, les dan todo tipo de ayudas adicionales, escenario ideal para las mega producciones que se pueden llevar al resto del mundo a muy bajo precio y en volúmenes increíbles, aspecto que destruye precios y acaba con unos productores que antes de ver la firma del acuerdo, ya estaban en banca rota.

“Yo le pido al Presidente, Barack Obama, y a quien vaya a ser su sucesor que nos permita competir, que nos deje llevar alimentos para los norteamericanos. Sería ideal que nos tuvieran en cuenta, que exaltarán y le dieran importancia a los campesinos colombianos que sembrando para exportar dejarán de cultivar coca y acabarán así con el negocio del narcotráfico, porque el ingreso ecuánime del campo desestimula acciones delictivas”, comentó.

En opinión de este productor de Cabrera, Cundinamarca, el TLC no ha beneficiado a Colombia en absolutamente nada porque productos exóticos como la uchuva y la gulupa no están llegando a Estados Unidos, solamente a los mercados de Europa.

Otro producto que tuvo un revés fue la granadilla que no entró a Estados Unidos porque a criterio de Beltrán, los norteamericanos si cuidan su economía y en ese orden de ideas está primero la manzana y el durazno de california. “Aquí el gobierno no mira eso, tan solo nos deja solos para ver como salimos adelante y el que no pueda, que se joda”.

De cara a una revisión del capítulo agrícola, consideró necesario que en esta eventual reunión se sienten agrónomos, veterinarios y zootecnistas ya que en Colombia todos los funcionarios son abogados. Consideró que los juristas son muy versados en leyes y derecho, pero poco doctos en temas de la ruralidad y del engranaje de la economía.

“Yo no sé porque resultaron los micos y otras especies silvestres en el capítulo agrícola del TLC con Estados Unidos, no sé en que estaban pensando los funcionarios del expresidente, Álvaro Uribe, ojalá que sea un mal entendido porque si son tan lindos los miquitos y las guacamayas, pues qué bueno para los americanos que vengan a hacer turismo a Colombia y aprecien esas especies aquí, en su casa”, declaró.

Para el productor, una revisión del capítulo agrícola del TLC sería muy importante de cara al proceso de paz porque básicamente lo que necesita Colombia es una ruralidad más fortalecida, que les garantice ganancia a sus agricultores. La guerra en Colombia, expuso, empezó en el campo por el abandono y puede terminar allí, pero solo si hay condiciones de equidad, inclusión, competitividad y productividad como bases del agro-negocio.

Son muchas las dudas y las deudas con el TLC porque inclusive Agro Ingreso Seguro, AIS, que surgió como una solución para los productores que salieran afectados colapsó por las corruptelas del gobierno de turno.

La agricultura debe mejorar

El productor agropecuario, Marceliano Beltrán, aseguró que con la entrada de la apertura económica y ahora con la entrada en vigor del TLC, los productos perdieron precio frente a la oferta extranjera, afectando un negocio que se hace con mucho sacrificio y en ocasiones a pérdida.

Manifestó su descontento con las últimas medidas del gobierno que apuntan a castigar la eficiencia de los productores con desgravaciones para productos como el frijol, la palma de aceite, la lenteja y el ajo. Según el agricultor las grandes siembras de frijol permitieron recuperar las enormes pérdidas, pero precisó que se viene un bajonazo que resultará letal porque hay que sumar las pérdidas por el Fenómeno de El Niño que dañó la cosecha en un 60 por ciento.

“El negocio estaba bueno porque salió poco frijol y se cotizó bien, situación que garantizaba nuevas siembras, pero con productos importados se nos viene la ruina encima porque no habría como cubrir la próxima cosecha. Lamentablemente la bonanza siempre se le deja al productor extranjero, el colombiano según las autoridades, no tiene derecho a ella”, aseveró el señor Beltrán.

Explicó que en el ciclo del frijol que es de seis meses para su recolección hay gastos que no se aplazan como es el de sostener la familia, pagar educación, alimentación, vestuario y otros rubros de la casa muy elevados como servicios públicos e imprevistos. A lo anterior dijo, hay que agregarle la manutención de los jornales y sus remuneraciones.

Actualmente, para el caso del municipio de Cabrera, se prevén mayores siembras de frijol porque la gente volvió a creer en las políticas del gobierno que llegó y convenció con programas muy interesantes como “Colombia Siembra”. Reiteró que todo eso queda en el piso si los precios bajan mucho porque contrario a la renta campesina se podría acercar una quiebra total.

Sembrar una carga de frijol Bola Roja en Cabrera demanda recursos por 300.000 y hasta por 400.000 pesos, Actualmente esa carga se paga a valores que oscilan entre los 850.000 y los 900.000 pesos. Este precio alcanzó los 950.000 pesos pero con el anunció de las importaciones bajó en 50.000 pesos.

Para este cultivador de frijol, la solución a los grandes y alarmantes problemas de inflación no se deben dar por la vía de las importaciones sino a la regulación, la vigilancia y el control de las cadenas productivas todas vez que los mayores precios en todos los productos agrícolas y pecuarios obedecen a la injusta y maltratadora intermediación. En este momento en el que inclusive ha habido transferencia de tecnología, insistió, el beneficio de una buena agricultura no favorece ni al productor primario ni al consumidor que debería gozar de muy buenos precios.

En los últimos años, dijo Beltrán, la salida fácil del ejecutivo fue y es aprobar créditos a diestra y siniestra que finalmente terminan siendo impagables y redundando en el embargo del predio, es decir que contrario a ayudar, el estado termina empobreciendo al campesino.

“Nosotros no necesitamos que nos regalen absolutamente nada, tan solo pedimos condiciones óptimas de mercado y oportunidades de producir. Aquí no caben más acuerdos en desventaja, esos que están en vigencia y que prohíben exportar frutas porque tienen agroquímicos, eso quiere decir que el gobierno colombiano debería prohibir la importación y el uso de esos insumos porque le están haciendo mal al mundo”, dijo.

Una denuncia delicada tiene que ver con el uso intensivo de agroquímicos y pesticidas que afectaron lugares delicados y claves en la producción de agua como los páramos. En esas zonas es tan elevado el porcentaje de químicos que ya hay muertes masivas de abejas y colibrís, fauna determinante en la polinización.

Le pidió al gobierno controlar la importación de pesticidas y agroquímicos porque según los expertos, estos llegan con diferentes especificaciones y con verdaderos problemas de salud para animales y seres humanos.
“Aquí necesitamos que el ICA prohíba la importación de esos productos que son demasiado sistémicos y que producen cáncer y tumores más adelante”, precisó el labriego.

El Idema debe volver

Los labriegos de Cabrera y los de la Zona del Sumapaz consideraron de suma urgencia revivir entidades acabadas por la corrupción, pero eficientes en su esquema como el Instituto de Mercadeo Agropecuario, IDEMA, considerado como un instrumento muy útil para la agricultura y la ganadería por el sistema de absorción de cosechas que premia a productores y consumidores.

“El IDEMA fue una importantísima entidad en su momento porque el gobierno garantizaba a través de ella precios y acopiaba alimentos para los tiempos de escasez, pero tristemente se acabó porque como todo en Colombia, lo bueno no dura”, expuso el productor.

Muy a sabiendas que el actual Ministro de Agricultura, Aurelio Iragorri Valencia, nada tuvo que ver con el TLC, los campesinos de Cabrera invitaron al funcionario a visitar el municipio para que se convenza de los duro que es sembrar alimentos en una tierra con un enorme potencial, pero sin vías secundarias y con pocas condiciones de rentabilidad.

El municipio adolece de reservas de recebo y el poco que hay llega proveniente de Girardot a un costo elevado. Las reservas que tiene Cabrera en este material esencial para las carreteras o vías, anota, no tiene licencia de la CAR y tal y como están las cosas no sería raro que le cobraran al municipio una gruesa suma de dinero por aprobarle una licencia ambiental para usar sus recursos para el desarrollo.

Agregó que el fiasco que resultó el llamado Censo Agropecuario tuvo su origen en la falta de profesionalismo de los encuestadores que por física pereza no fueron a los predios e hicieron entrevistas a la distancia.

Cabrera es un municipio agrícola por excelencia, allí se producen muy buenas frutas como el tomate de árbol, la granadilla, mora, aguacate hass, curuba, lulo y otras exóticas y de alta demanda en el mercado interno y foráneo. Es usual ver siembras de frijol, arveja y otros alimentos que llegan a la Central de Abastos de Bogotá o de Girardot.

El municipio ha perdido con cargo al clima y a la falta de obras, cosechas importantes de arveja y frijol verde porque son productos perecederos que no pueden estar más de dos días en un camión enterrado por el barro y de dónde resulta muy difícil y demorado salir.

Ojo con los engaños

Los campesinos y productores denunciaron que hay una situación muy delicada y que tiene que ver con el producto que se le vende al productor final. Resulta y pasa que algunas tiendas de cadena revuelven frijol Bola Roja de Colombia, de muy alta calidad, con especies de frijol importado de diferentes características lo cual hace que por ese “miti-miti” se pierda calidad, textura y sabor.

“Es por eso que muchas amas de casa se quejan y dicen que al sacar los frijoles de la olla a presión, unos quedan muy duros y otros demasiado blandos. El frijol colombiano por fortuna es de muy buena calidad, es excelente y si es de una sola cosecha se cocina muy bien”, explicó el productor.

Aclaró que el frijol que aparece con gorgojos o plagas indeseables es por lo general una leguminosa importada que lleva mucho tiempo en bodega y sin las condiciones debidas. Indicó que ese problema por fortuna no lo tiene el frijol nacional.

No solo de Norteamérica llega frijol con gorgojo, aparece mucho en importaciones de Suramérica y de México. Este alimento lo traen de Bolivia, de Argentina y de varios países, pero según los productores, el importador suele adquirir el frijol o alimento más barato, muchas veces lo que ya está en deshecho.

Para desdicha del consumidor, en Colombia no se baja el costo de la canasta familiar con calidad sino con productos importados que ya no tienen valor en ningún mercado. “La gente come un producto de muy mala calidad porque llega sin sabor y sin frescura, eso sí con hongos, impurezas y con bichos, pero eso es lo que le dan a los colombianos, alimentos viejos”.

Este problema, señaló, Marceliano Beltrán, es culpa del Instituto Colombiano Agropecuario, ICA, que permite el ingreso de alimentos con problemas de calidad y sanidad. Apuntó que la ley solo aplica para el productor doméstico al que se le hace todo tipo de exigencias como las buenas prácticas agrícolas y la inocuidad, pero el control del importado es diferente porque a Colombia llega producto con agroquímicos y con gorgojos, eso, sostuvo, se ve en varios supermercados, “la llamada ley del embudo”.

Cabrera es un municipio no tan vetusto, su fundación data de 1910 cuando al sitio llegaron varios colonos que venían de la región montañosa del Sumapaz. Su nombre al parecer deriva del apellido de uno de los generales de la Guerra de los Mil Días.

Aunque no se tiene claridad sobre la presencia de asentamientos indígenas, Cabrera fue al parecer el sitio de los Sutagaos, una familia con fuertes parentescos Chibchas, pero también con lazos que los vinculan con las familias Caribe, Pijaos y Panches. Esta tribu habitó los territorios de Fusagasugá, pero fueron avanzando por las estribaciones de la cordillera oriental hasta llegar a predios de la hoy Cabrera. Los vocablos aborígenes indican que los Sutagaos eran los “hijos del sol”.

Esta población cuenta con 4.500 habitantes aproximadamente y la fertilidad de sus tierras está puesta a toda prueba. Es un sitio ideal para el turismo y las caminatas ecológicas. Cabrera, distinto a lo que se dice, es territorio de paz en dónde sus conciudadanos ven en el suelo la mayor riqueza, la labranza y la cría de ganado bovino y caprino está en el ADN de los cabrerunos que viven embelesados con sus verdes montañas, con sus quebradas, ríos y lagunas. Son comunes los saltos de agua, pero muy famosas resultan las cascadas Alto Ariari y Santa Rita.

Impresionan esas caídas de aguas negras y rojizas que vienen según algunos de las reservas de uranio.

En esa puerta que resulta ser Cabrera a la Reserva Natural del Sumapaz, hay apego por el ecosistema y por las buenas costumbres. Allí las nubes saludan en las mañanas mientras pausadamente le abren sus exclusas al astro rey, ese que pasa pleno y calienta el rostro de quienes caminan apresurados por las calles de un municipio católico y lleno de fe, regalando sonrisas y saludos lugareños.

Resultó más que grato visitar Cabrera, fue impresionante ir a la finca de Marceliano Beltrán y ver esos cultivos diversos de fruta y frijol. Me encantó esa siembra de lulo de color amarillo y naranja con visos verdes, me trajo a colación momentos gratos el aroma y sabor de esa fruta mágica. Qué decir de los cosechados y ya listos frijoles Bola Roja, brillantes y con calidad a la vista, pletóricos resultaron los árboles de aguacate Hass y maravilló todo ese entusiasmo en niños, niñas, jóvenes, ancianos, hombres y mujeres comprometidos con la región.

Allá estuve plácidamente, en la zona rural de Cabrera y me encontré con caminos milenarios de aborígenes precolombinos, con fincas y casas fantasmales así como con lagunas mágicas y encantadas, todas con una mixtura de verdad, misterio, magia y mito, pero llenas de espectacularidad y una visual que hechiza a cualquiera.

 

 

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