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Lunes, 18 Abril 2016 21:06

En oriente hay un paraíso pletórico de encanto llamado Vichada

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Visitar el Vichada no es asunto mínimo, se trata de un viaje de aventura y mito por las inhóspitas tierras del rey Jaguar.

Enviado especial a Puerto Carreño

Todo el departamento del Vichada tiene bajo sus cielos azules de estival, grises invernales o rojos con fondo naranja de amaneceres así como del gran recibo carmesí de la llegada de la penumbra o el enamorador ocaso, un paisaje único que se caracteriza por unas sabanas extensas e interminables bañadas por ríos y cuencas hidrográficas que hacen de esta tierra la gran reserva acuífera de la altillanura y de la Orinoquía.

Salir de Puerto Carreño, la capital, a otros destinos es un paseo maravilloso en verano, pero la peor pesadilla en invierno toda vez que las carreteras que se forman se hacen intransitables y el lodo pasa a ser el más grande dolor de cabeza.

Esta región está diseñada para maravillar a colombianos y extranjeros, la verdad es muy hermosa y tiene como valor agregado la diversidad porque se pasa de llanuras secas y austeras a selvas húmedas, muy calientes, pero eso si llenas de agua y vida salvaje.

Salimos en una pequeña caravana por las rojizas arenas hasta llegar al famoso puente “Paso Ganado” por debajo del cual pasa casi que calmado, pero con corriente baja vertiginosa el río Bita, afluente protegida y unas de las más puras y limpias del mundo.

Desde este punto arranca una travesía que nos lleva al eje del enorme y emblemático rio Orinoco hasta llegar a la inspección de Cazuarito en dónde la prehistoria dejó su huella en unas piedras pictográficas enriqueciendo un turismo arqueológico toda vez que allí existe un afloramiento rocoso llamada el Macizo Guayanés que deja ver bajo un calor abrazador unos petroglifos o piedras talladas muy comunes en el neolítico o la milenariamente conocida edad de piedra tallada.

Allí son muy comunes las cuevas de pictogramas que hacen parte del arte rupestre y a esta muestra arqueológica le hacen compañía vasijas, piedras líticas, piedras del mal y del bien lo cual se acopia en un museo que se quiere afianzar en este mini puerto sobre el Orinoco.

La docente de la institución educativa Antonia Santos de Cazuarito, Maydé Arana Monsalve, le dijo a Diariolaeconomia.com que allí son muy llamativos los cementerios indígenas y las cuevas de los murciélagos. Toda esta tierra, precisó, guarda los vestigios y la historia de la etnia Sikuani que tiene sus raíces en la familia Caribe.

Agregó que en este rincón de la otra Colombia, de esa nación excluida que no se visita ni se tiene en cuenta, hay una riqueza en mitos y leyendas pues se habla de un gran tesoro escondido, de la pantera de dos cabezas y otras que llenan con agrado el oído de quienes llegan como visitantes a la región.

En este punto frente al rio Orinoco que pasa con imponencia por frente a Colombia y Venezuela hay familias que viven prácticamente de lo que les suministra Venezuela, pero hoy complicados por la situación tensa que se vive entre las dos patrias bolivarianas.

Cazuarito que en Sikuani traduce nido de culebra es un paraje complicado en dónde la fuerza pública hace presencia y ejerce no solo institucionalidad sino autoridad y opciones para la industria turística que nace y depende desde luego de la seguridad.

El gran rio Orinoco que quiere decir en lengua aborigen Tamanaco “Serpiente Enroscada” por semejar a una gran anaconda sirve de medio de transporte y fuente de alimento para los lugareños de las dos orillas en dónde cambian escudos y banderas.

Desde 2008 esta población quiere impulsar el ecoturismo que involucre armoniosamente los hermanos venezolanos, los colombianos de todos los rincones y obviamente a los extranjeros europeos, asiáticos, norteamericanos y de América Latina que quieran disfrutar de un turismo diferente. Esta invitación se hizo extensiva a los africanos y australianos quienes encontrarán muy seguramente algunas afinidades geológicas como también de fauna y flora.

Puerto Ayacucho es la ciudad capital del Estado Amazonas que es, dicho sea de paso, el más reciente en Venezuela y en dónde los habitantes de Cazuarito pueden hacer compras cuando la Guardia Venezolana lo permite porque hay momentos de hostilidad tras el cierre de los pasas fronterizos. “Hoy en día estamos en crisis económica y la única forma de salvar este pequeño caserío es impulsando el turismo, no hay de otra”

La docente le pidió al gobierno y directamente a la ministra de Cultura todo su respaldo para puedan hacer uso de un lote que perteneció a la Defensa Civil y que luego de diez años sigue abandonado, haciendo posible que con una orden del alto gobierno se pueda acondicionar como museo.

“Hoy este lote es un basurero, pero si el gobierno nos ayuda podremos mostrar las riquezas de Cazuarito en arqueología que fue considerado por la Unesco catedral del arte rupestre, no en vano dicen que en esta región están los segundos petroglifos más grandes, tan solo superados por los de Nazca en el Perú, pero no le hemos sacado provecho”, declaró la señora, Arana Monsalve.

El rio Orinoco, sostuvo, está lleno de historia como también de mitos y leyendas. Por este río entró el desarrollo a Colombia y es en este eje del país y por estas aguas por dónde empieza a edificarse la historia económica del país. Los mitos no son pocos y hay quienes sostienen que en el cerro humeante reside bajo silencios y misterios el Tesoro de El Dorado.

Otras leyendas son la del Mohán y los custodios de los tesoros de los cerros. “No se equivocó quien desde la presidencia dijo que el Vichada era el tesoro de Colombia y por eso le pedimos al señor Presidente Santos que no deje de mirar para acá porque hoy más que nunca los necesitamos”.

Esta tierra de felinos, aves, micos y anacondas es un contraste de selva y llano que redunda en una mezcla de ecosistemas. Cabe anotar que el 70 por ciento de las aves de Colombia están en los llanos orientales. Otro atractivo es la tonina o delfín rosado, el perro de agua y la inmensa variedad de peces.

Una claridad que hay que hacer es que a Colombia tan solo le corresponde el 35 por ciento río Orinoco porque nace en el Estado Amazonas en Venezuela. Lo anterior explica porque es baja la pesca en este río para el capítulo Colombia, pero a lo anterior se suma el incumplimiento de los comparendos ambientales porque hay caza y pesca indiscriminada que afectan el ecosistema.

La cultura indígena, siendo más cuidadosa de la selva tiende a las quemas y dejarse influenciar por los comerciantes de especies.

Sobre la posible llegada de multinacionales a la Altillanura, la maestra expresó su total desacuerdo porque anotó que se trata de monocultivos que saturarán los suelos de químicos y que al final del ejercicio dejarán un daño ambiental considerable. “Como si fuera poco se quieren meter petroleras porque a esta zona llegó Ecopetrol con siete empresas más, lo grave es que en Santa Rosalía y Primavera ya hay operaciones”.

Colombia está muy lejos del Vichada

El gerente de operaciones turísticas, Alejandro Siblesz Vera, es un venezolano de corazón colombiano y muy seducido por las selvas y los senderos ambientales.

Aseguró que Vichada urge que el gobierno nacional le mire y le ponga sus ojos porque el departamento es una región que ha estado escondida del mundo por espacio de muchos años. Aseguró que tristemente la gente no conoce el Vichada, ni los mismos colombianos con lo cual más de uno se priva de la belleza, del encanto y de toda una bello paisaje, fauna y flora. Con este docto en el tema Vichada recorrimos los senderos selváticos, los mismos que en tiempo de lluvia crecen hasta cinco metros, haciendo que el recorrido sea a futuro una ruta anegada y hasta desconocida. Allí llegamos a sitios increíbles en dónde fue fácil ver las huellas de dantas, pumas y jaguares.

“No se les haga raro que mientras estamos en este corredor selvático, muchos animales nos estén observando, ellos nos ven furtivos y de lejos porque le temen al hombre”, afirmó Alejandro Siblesz Vera.

Sobre la llegada de inversión a la altillanura, este experto anotó que si se hace con responsabilidad habrá un impacto favorable para la región que le abrirá las puertas al progreso y a las mejoras económicas y sociales porque de por medio está el factor empleo.

Criticó que actualmente se ha obrado irresponsablemente con la tierra porque hay quemas y robos de manera paulatina a la sabana lo cual no le hace bien a la región. Añadió que la entrada de capital y la experiencia podrían contrarrestar el daño causado y que tiene al Vichada en riesgo de quedarse sin bosque y sin morichales.

Dijo que en los llanos colombo venezolanos de manera única se comparte una cultura afín muy a pesar de las diferencias en los sistemas de gobierno.

El Tuparro, ¡Qué Maravilla!

Al salir de la inspección de Garcitas por vía fluvial, puntualmente por el imponente Orinoco, el espectáculo se hizo aún mucho más llamativo. Los colores verdes de árboles, palmas y arbustos nos llevaron por esa afluente hacia el mismísimo paraíso, el Parque Natural El Tuparro, una correría hídrica totalmente adornada de fauna y flora en dónde llegan caños translucidos e impecables de todos los rincones de la maraña.

Este parque tiene 548.000 hectáreas las cuales están bajo el cuidado y la responsabilidad de Parques Nacionales Naturales de Colombia.

La jefe del Parque Nacional El Tuparro, María Teresa Sierra, le dijo a este medio que el sitio es importante porque tiene una serie de ecosistemas que son particulares como los afloramientos rocosos, la parte cuaternaria, la mezcla de bosques de galería, la zona de raudales que son dos barreras biológicas muy importantes del río Orinoco como es el Maypures que hace parte de este parque. De igual manera está la zona de sabanas de las cuales muchas son inundables.

Todo lo anterior hace que la zona sea dueña de una fauna y una flora muy específica para el país y desde luego de gran importancia.

“Tenemos una gran concentración de aguas de diferentes ríos como el Orinoco, El Tuparro, El Tomo, El Tuparrito, El Tomito y otros que soportan la riqueza hídrica de Colombia así como de Venezuela. Indiscutiblemente somos la zona más conservada de la cuenca del Orinoco”, explicó la señora Sierra.

Cabe anotar que dentro del parque hay una comunidad indígena de la familia Sikuani y pequeños asentamientos en donde otrora hubo colonos, pero que con un arduo trabajo el parque quedó única y exclusivamente para la conservación.

En el primer trimestre hubo cerca de 700 visitas con la particularidad que un número importante de turistas eran extranjeros.

Este parque, uno de los destinos más amados por el cronista, Alexander Von Humbolt, quien no vaciló en declarar la hoy zona protegida como la octava maravilla del mundo, es la nueva opción de turismo ecológico. Es por ello que alemanes y extranjeros de todas las latitudes quieren llegar a conocer las bellezas naturales que guarda Colombia en el eje oriental bajo nubes de colores rojizos.

Como se trata de 548.000 hectáreas, el parque no es fácil de cubrir y por ello la entidad en común acuerdo con la armada y el ejército intentan a toda costa erradicar los cultivos ilícitos que promueven grupos armados al margen de la ley. Parques es una entidad que adelanta monitoreos tanto por vía terrestre como por vía fluvial, trabajo que se apoya en los datos satelitales que dan aviso de puntos de calor para prevenir los incendios forestales que le puedan causar daño al medio ambiente.

La funcionaria apuntó que muchos turistas colombianos de grandes cascos urbanos están mirando hacia el Vichada porque están cambiando la concepción del turismo en vista que la región ofrece ecoturismo, un descanso de paz, tranquilidad, salud, contemplación y en síntesis un turismo para el alma.

Dentro de los retos de la entidad está mejorar la infraestructura, trabajar en monitoreo de fauna, que ya se hace, y ampliar el sondeo participativo con comunidades adyacentes que son las vecinas al parque.

“Con esto, esas comunidades nos informan cual era el estado de las especies al momento de su captura, su género y toda una trazabilidad que ayuda a preservar la fauna y las especies del río”, dijo.

Para Parques es muy importante tener acercamiento con las comunidades a tal punto que hoy no existen barreras lingüísticas porque hay lugareños u aborígenes capacitados que hacen la conexión entre la entidad y las etnias. “Así, con esta dinámica, todos tenemos el mismo norte, es decir hacer uso de los recursos, pero de una manera adecuada”.

Logramos caminar selva adentro, recibir la dolorosa picada de una avispa que nos sirvió para mejorar la salud según los expertos en la maraña y nadamos en ríos y caños de aguas claras. En la embarcación observamos piedras de todas las formas, ríos complicados y arenas blancas de mucha finura.

El aborigen, Juan Carlos Gaitán de la etnia Sikuani, dijo que su familia vive de la siembra de plátano maíz, yuca y todo lo que es comida. Destacó el sabor entre neutro y ácido del casabe hecho de la yuca amarga y venenosa con lo que se acompaña la proteína del día.

Los Sikuanis pescan o cazan solo cuando tienen eventos entre las familias de las diferentes aldeas. Aseveró que las carnes de la selva son de inmejorable sabor porque tienen un toque único y exótico como la danta, el venado, la lapa y el mismo mono que cazan con flecha y llevan luego a su mesa como un plato muy especial que sabe a bosque, selva y dulce.

La cacería dura todo el día, pero actualmente el arco es clave en esas jornadas porque la cerbatana pasó de moda y ya no se usa para soplar a presión los dardos envenenados.

El nombre indígena de Juan Carlos es Donto que en Sikuani quiere decir sereno.

Al llegar de nuevo al sitio de alojamiento en el parque se ve el centro de comunicaciones, sitio que domina la Infantería de Marina, la misma que guarda el orden y garantiza seguridad. Una vez se pisa la playa del río, quienes llegamos a tan hermoso sitio ocupamos unas cabañas hechas en madera con un estilo muy particular que deja a quien allí se hospeda en contacto con la naturaleza y con el cántico que viene de las piedras del Gran Río.

Este refugio en medio de la selva cuenta con el servicio de agua, pero adolece de unas plantas de energía que permitan llevar luz eléctrica a las cabañas y a los linderos del complejo turístico.

Desde esas chozuelas turísticas llega a la mente un relicario de pensamientos como el abandonado sitio para huérfanos del padre. Javier de Nicoló, sobre la rivera del Orinoco, de igual manera llega a la mente la inspiración del vate y escritor, José Eustasio Rivera, y su obra la Vorágine publicada en 1924 en tiempos de la gran depresión económica.

Esa obra aun en el dilema sobre si es Modernismo o Costumbrismo, refleja la dura vida entre llanura y selva, muestra la cruda realidad del colono y el indígena así como la aberrante situación de los esclavos del caucho. Sobre los balcones de madera, o quizás recostado en barandas de madera del Parque Nacional El Tuparro, llega ese inmenso poder literario, del huilense Rivera, afortunado en una visión que plasmó en retórica selvática.

Tras observar semejante hermosura natural es fácil cavilar sobre la fortuna de haberla visitado. Sencillamente no tuve que morir siendo un buen samaritano para decir sin temor a equivocarme que logré visitar el paraíso.

En la mente quedaron las palmas, los cucuritos, los bejucos cadena, el pendare y otras plantas y árboles que sirven de alimento y vivienda a los aborígenes. También quedó el recuerdo de aquellas huellas felinas, el rostro escondido de las toninas, el chorro interminable de ríos y caños, el grito de loros y araguatos, el correr de alcaravanes, el caminar incómodo del caimán gigante, las serpientes que nadan a orilla de los ríos y toda la amabilidad y el amor que recibe por parte de los vichadenses quien llega a la extensa, enamoradora y única tierra del jaguar, ese que escondido en la selva despide al visitante con un rugido fuerte de pantera onca o con una mirada clandestina y brillante la cual guarda los más grandes secretos que convergen entre interminables sabanas y espesas selvas, las mismas que le dan esa característica de maravilla al muy hermoso Vichada.

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