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Lunes, 02 Marzo 2026 17:31

Hatos ganaderos de Paz de Ariporo: grandes reservorios de biodiversidad

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The Nature Conservancy (TNC) analizó la diversidad biológica presente en los hatos ganaderos tradicionales de 16 veredas de este municipio del Casanare.

Colombia y Venezuela comparten uno de los ecosistemas más amplios, diversos y culturalmente ricos del continente. Se trata de las sabanas tropicales, una ecorregión que cubre cerca de 38 millones de hectáreas. Este tesoro de la Orinoquia se caracteriza por marcados periodos de sequía e inundación, características que le permiten albergar riquezas ecosistémicas como sabanas secas e inundables, bosques de galería, morichales y humedales.

Desde hace varios siglos, en este paisaje llanero han interactuado el hombre, el ganado, el fuego, el agua y la vegetación. Sin embargo, durante el siglo XX y las primeras décadas del XXI, la mano antrópica ha causado aceleradas transformaciones.

La expansión de la agricultura industrial (arroz, soya y palma africana) y la introducción de razas bovinas exóticas, han modificado el paisaje. Según el IDEAM, el 20% de las sabanas naturales de la Orinoquia colombiana han sido convertidas a agricultura intensiva o ganadería tecnificada.

Esta transformación está concentrada en los municipios del sur y centro de Casanare. Un caso atípico se presenta en Paz de Ariporo, una amplia tajada del departamento donde la ganadería tradicional predomina en el 70% de su área con una mezcla entre producción con conservación.

La mayoría de sus llaneros aplican el conocimiento ancestral sobre los ciclos naturales que aprendieron de sus antepasados, como manejar el fuego, rotar los potreros y adaptarse a la estacionalidad extrema; es decir que producen sin degradar y conservan la biodiversidad.

 

 

Esta particularidad en Paz de Ariporo fue lo que motivó a Thomas Walschburger y Francisco Castro, expertos de The Nature Conservancy (TNC), a analizar la agrobiodiversidad presente en los hatos ganaderos tradicionales del municipio. Los investigadores dijeron que quisieron estudiar la diversidad biológica asociada a los sistemas agrícolas, pecuarios y forestales del municipio. Agrobiodiversidad y sostenibilidad en los hatos ganaderos del paisaje llanero de Paz de Ariporo,

Los expertos se trazaron tres objetivos: realizar un inventario exhaustivo y caracterización taxonómica de la agrobiodiversidad; identificar y documentar las funciones ecológicas y usos tradicionales de las especies; y promover el conocimiento tradicional de los llaneros.

 

“Buscamos documentar, valorar y difundir el papel que desempeñan los hatos ganaderos tradicionales del municipio en la conservación de la agrobiodiversidad, como un ejemplo de equilibrio entre producción, cultura y naturaleza”, aseguraron los autores del estudio.

 

La ganadería tradicional se caracteriza por el uso predominante de pastos nativos de sabana y la cría de razas criollas o cruces con bajo nivel de introgresión genética, ganado adaptado a las condiciones locales y con menor requerimiento de insumos veterinarios.

 

“Los hatos tradicionales realizan un manejo adaptativo del ganado según la estacionalidad e integran los ecosistemas naturales, manteniendo morichales, bosques de galería y matas de monte como parte integral del sistema productivo”, afirmaron Walschburger y Castro en el estudio.

 

Explosión botánica

 

 

 

Los expertos escogieron 16 veredas para su estudio, terrenos que suman 2.550 hectáreas y que cuentan con una alta representatividad de los ecosistemas del mosaico paisajístico del municipio, como sabanas altas y bajas, morichales y bosques de galería.

Estas veredas también se caracterizan por hacer una ganadería tradicional continua desde hace más de 30 años y contar con una alta existencia de sabedores locales reconocidos por la comunidad debido a su conocimiento sobre las plantas.

 

“Revisamos exhaustivamente la literatura científica y bases de datos de biodiversidad de la zona de estudio para construir un listado preliminar de especies potencialmente presentes”, afirman Walschburger y Castro.

 

Luego realizaron varios talleres participativos y recorridos de campo con más de 40 sabedores locales, ganaderos tradicionales, vaqueros y caporales, para validar, ampliar y enriquecer el listado con conocimiento tradicional. El paso final, especificó el estudio, fue una validación taxonómica rigurosa mediante consulta a especialistas y bases de datos actualizadas. Todas las especies reportadas, tanto en literatura como por sabedores locales, fueron sometidas a esta evaluación”.

El análisi dio como resultado un inventario de 955 especies de plantas vasculares distribuidas en 132 familias y 544 géneros. Según Walschburger y Castro, este es el registro más completo de diversidad vegetal para el municipio hasta la fecha.

 

 

Al avanzar en el trabajo investigativo, se destaca la alta riqueza de especies en un sistema percibido como un monocultivo de pasto, desmonta este preconcepto y revela que los hatos tradicionales funcionan como archipiélagos de biodiversidad, donde la actividad productiva se entrelaza funcionalmente con la conservación. El ramillete botánico incluye 89 especies de leguminosas, vitales por su capacidad de fijar nitrógeno atmosférico mediante simbiosis con bacterias; y 67 de gramíneas o pastos, que proveen cobertura protectora del suelo y previenen la erosión.

 

"También identificamos numerosas hierbas, arbustos y árboles silvestres característicos de las sabanas y bosques de galería. Su riqueza indica la presencia de especies pioneras adaptadas a suelos ácidos”, comentaron los expertos del estudio.

 

Para Walschburger y Castro, estos resultados indican que el paisaje ganadero mantiene una vegetación heterogénea, donde coexisten pastizales abiertos con matas de monte, cercas vivas y corredores ribereños, creando así hábitats diversos para la fauna asociada. Asimismo, la presencia de las familias dominantes, dice el estudio, refleja un balance funcional entre productividad pecuaria y conservación de la flora nativa, donde especies herbáceas, arbustivas y arbóreas contribuyen sinérgicamente a la multifuncionalidad ecológica del hato.

El 82% de las especies de flora identificadas, 782, son nativas de la región de la Orinoquia o de ecosistemas neotropicales similares. Solo el 18% son introducidas, principalmente plantas cultivadas en topocheras con usos alimentarios y medicinales.

“Esto indica que el sistema ganadero tradicional ha mantenido la matriz vegetal nativa del paisaje, en contraste con sistemas intensivos que reemplazan casi totalmente la vegetación original por especies exóticas”.

Las 658 especies de sabana reportadas (69% del total) refutan la noción de que los hatos tradicionales son pobres en biodiversidad. “Destaca que la ganadería tradicional en sabana natural está conservando elementos fundamentales de su flora característica, en lugar de degradarlos”.

 

Usos y funciones ecológicas

 

 

 

El estudio de los expertos de TNC también documentó 162 especies de plantas cultivadas en huertas tradicionales locales, conocidas como topocheras o chagras familiares, así como en huertos caseros con sistemas agroforestales de baja intensidad.

Estas áreas de cultivo funcionan como verdaderos reservorios de biodiversidad domesticada en torno a las viviendas, donde las familias, principalmente mujeres, siembran y cuidan árboles frutales, plantas medicinales, hortalizas, tubérculos y ornamentales.

Para Walschburger y Castro, las topocheras y huertos caseros son verdaderos bancos de biodiversidad doméstica in situ que integran prácticas de agroforestería tradicional y contribuyen a la seguridad alimentaria y medicinal de la comunidad. Explicó que también a la conservación de variedades locales y razas criollas de plantas cultivadas; el mantenimiento de conocimientos tradicionales de manejo, como calendarios de siembra; y la autonomía económica de las mujeres rurales.

Uno de los datos más reveladores del estudio es la categorización de 894 usos y múltiples funciones ecológicas esenciales, como provisión de néctar para polinizadores, alimento para fauna, fijación de nitrógeno, estabilización de suelos y regulación microclimática.

Agregó la exploración que la multifuncionalidad promedio es alta: 60% de las especies tienen dos o más usos, y 37 especies tienen más de cinco usos documentados, demostrando conocimiento tradicional profundo sobre propiedades y potencialidades de la flora regional”.

284 especies proveen de néctar a las abejas, aves y otros insectos; 198 producen frutos a los animales; 89 fijan biológicamente el nitrógeno; 67 estabilizan los suelos y controlan la erosión; 124 regulan el microclima; 156 retienen humedad y regulan el agua.

La agrobiodiversidad, apuntó el análisis, no se mide solo en número de especies, sino en la diversidad de sus funciones y usos. Una sola especie puede tener múltiples usos: la Mauritia flexuosa da fruto comestible, fibra para artesanías, madera, material para techos, medicina y función ecológica”.

Los expertos de TNC encontraron 147 especies de uso medicinal en los hatos tradicionales de Paz de Ariporo, además de 116 de uso alimentario, 78 de uso maderable y construcción, 68 de uso ornamental y 43 de uso artesanal.

En el estudio catalogan el uso medicinal como una farmacia viva llanera. “Las propiedades curativas más comunes se orientan al control de infecciones, fortalecimiento del sistema inmunológico y tratamiento de problemas digestivos y respiratorios”.

Fauna llanera

 

 

 

La revisión de literatura y bases de datos realizada por Walschburger y Castro en Paz de Ariporo arrojó que alberga aproximadamente 350 especies de vertebrados, como 230 especies de aves, 60 de mamíferos, 35 de reptiles y anfibios y 25 de peces.

Su riqueza en fauna, puntualizan los expertos, también cuenta con una diversidad no cuantificada, pero significativa, de invertebrados. Se destacan los polinizadores (abejas nativas y mariposas) y descomponedores (escarabajos coprófagos y termitas)”.

El estudio menciona algunos de los roles ecológicos de la fauna llanera. Por ejemplo, el alcaraván y el garrapatero controlan poblaciones de insectos (garrapatas, moscas, saltamontes) que podrían convertirse en plagas del ganado.

El chigüiro y el venado mantienen activos los ciclos tróficos mediante herbivoría selectiva que favorece la renovación de pastizales; mientras que el puma y el jaguar regulan las poblaciones herbívoras y garantizan el equilibrio de la cadena trófica.

Las abejas nativas meliponas cumplen roles fundamentales en la polinización de plantas silvestres y cultivadas. Los escarabajos coprófagos reciclan rápidamente las heces del ganado, incorporando así nutrientes al suelo.

 

 

Los expertos de TNC también analizaron las razas criollas bovinas, equinas y porcinas que hacen parte de la ganadería tradicional del Casanare, las cuales se han adaptado evolutivamente a las condiciones tropicales extremas de la sabana. La conservación de estas razas es estratégica frente al cambio climático, dado que representan siglos de adaptación evolutiva y selección empírica a condiciones extremas de la sabana; además, refuerzan la identidad cultural del llano”

Las razas criollas, según el estudio, enfrentan una presión creciente de sustitución por razas comerciales de mayor productividad a corto plazo. “Esto genera erosión genética acelerada y sin programas específicos de incentivos y reconocimiento económico, su futuro es incierto”.

Los hatos tradicionales de Paz de Ariporo generan múltiples servicios ecosistémicos que representan beneficios que la sociedad obtiene de los ecosistemas bien conservados y funcionalmente integrados.

Por ejemplo, los morichales y sabanas inundables actúan como reguladores naturales del ciclo del agua, almacenando grandes volúmenes durante la época de lluvias y liberándolos gradualmente durante la sequía y manteniendo caudales base en caños y pozos.

Los escarabajos coprófagos incorporan rápidamente las heces del ganado al suelo (procesando hasta 80% de las heces entre 24 y 48 horas). Las leguminosas nativas fijan nitrógeno atmosférico y mantienen la fertilidad natural sin requerir fertilizantes sintéticos.

Los árboles dispersos en potreros, bosques de galería conservados y suelos orgánicos de morichales capturan y almacenan carbono atmosférico. El estudio sugiere que los sistemas silvopastoriles tradicionales pueden secuestrar 2 a 5 toneladas de CO₂ por hectárea por año.

Conclusiones

 

 

Con este estudio, realizado entre 2024 y 2025, Walschburger y Castro quieren demostrar que los hatos ganaderos tradicionales de Paz de Ariporo, constituyen sistemas socio ecológicos de excepcional valor para la conservación de la agrobiodiversidad en la Orinoquia colombiana.

955 especies de plantas vasculares y aproximadamente 350 especies de fauna vertebrada y razas criollas con alto valor adaptativo, desmontan categóricamente el mito persistente de que son desiertos verdes o ecosistemas empobrecidos”.

También afirman que esta diversidad es el resultado directo de las prácticas del manejo tradicional que mantienen activamente la heterogeneidad del paisaje: rotación estacional del ganado, uso controlado del fuego, conservación de morichales y bosques de galería, árboles dispersos en potreros y topocheras diversificadas.

Los servicios ecosistémicos generados, como regulación hídrica, reciclaje acelerado de nutrientes, secuestro de carbono, control biológico natural de plagas y polinización, sostienen simultáneamente la producción pecuaria y la resiliencia territorial”, recalcan los conocedores.

El conocimiento ecológico tradicional llanero es un gran protagonista en estos reservorios de biodiversidad. Los campesinos hacen uso del calendario ecológico, indicadores biológicos de predicción climática, protocolos de manejo del fuego y conocimiento etnobotánico medicinal.

Este conocimiento, a criterio de los investigadores, enfrenta una erosión acelerada por la educación formal descontextualizada, que no valida saberes locales, además de la migración juvenil hacia áreas urbanas, el cambio de modelo productivo y la ruptura intergeneracional en transmisión práctica”.

Para los expertos de TNC, la ganadería tradicional de Paz de Ariporo representa un modelo empíricamente viable de compatibilidad entre producción, conservación e identidad cultural, alineado conceptualmente con soluciones basadas en la naturaleza.

A juicio de la investigación, estos sistemas funcionan efectivamente como reservorios activos de biodiversidad y corredores de conectividad ecológica en un contexto regional de transformación acelerada del paisaje por agroindustria.

Recomiendan apoyar la candidatura de Paz de Ariporo como Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM), programa de la FAO que fortalecería la gobernanza local y visibilizaría la Orinoquia como modelo global de compatibilidad producción-conservación.

 

 

El SIPAM, aclaró la investigación, representa una oportunidad histórica para visibilizar, valorar y fortalecer este modelo de sostenibilidad basado en la sabiduría acumulada de generaciones, además de destacar el potencial como modelo replicable de ganadería sostenible basada en la naturaleza.

Esto, según citan los investigadores en el estudio, requiere de una voluntad institucional explícita para reconocer, valorar económicamente y apoyar sostenidamente lo que funciona, “y no imponer modelos externos estandarizados e inadaptados a las condiciones ecológicas y culturales del territorio.

Por último, recomiendan desarrollar un programa piloto de agroturismo de sabana y turismo cultural en los hatos ganaderos tradicionales para que se valore la agrobiodiversidad, el paisaje escénico y las prácticas tradicionales como activos económicos.

La ganadería tradicional, dice el informe, debe incorporarse explícitamente en la Estrategia Departamental de Cambio Climático, reconociendo formalmente su contribución a mitigación (secuestro de carbono) y adaptación (resiliencia basada en agrobiodiversidad y conocimiento local).

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