La vitivinicultura es sin duda alguna parte del ADN de los argentinos, de hecho es un legado europeo que supieron acopiar y optimizar los sureños. Esta actividad tiene sus orígenes en la colonia debido a que dentro de la agricultura, los españoles estaban ligados al cultivo de la uva. Dicen los conocedores que fue a mediados del siglo XVI cuando los conquistadores, en medio de afugias y retos, transportaron al elevado Cuzco las primeras cepas de la fundamental fruta, de la sagrada e infaltable vid.
A esos 3.399 metros sobre el nivel del mar, en plena capital del imperio Inca, arribaron las incipientes plantas del linaje Vittis vinífera, de allí fueron conducidas a Chile en 1551 y posteriormente, en un periodo de cinco o seis años socializadas en Argentina por ciudadanos de Santiago del Estero, no tardó mucho en consolidarse su explotación por cuanto de la muy bella región la siembra se extendió por el centro, nororiente y occidente de las tierras argentinas.
Los productores son claros al decir que no hay fechas puntuales sobre los primeros cultivos de uva en Mendoza, de esa basta región de Cuyo en donde brilla con luz propia la ciudad de Mendoza del Nuevo Valle de la Rioja, una provincia esencial en el comercio, industria turismo y el lugar sagrado de los Andes en donde prospera la actividad vitivinícola. Mendoza es muy importante en logística y desarrollo regional porque por allí pasa todo el flujo de mercancías que va y vienen al amparo del Mercado Común del Sur, Mercosur.
Algunos audaces exploradores del tiempo han dicho que los primeros viñedos fueron plantados en la provincia de San Juan entre 1570 y 1590, como quien dice si el cálculo no falla la primera semilla de uva apta para el vino alcanzó suelo argentino en la mitad del siglo XVI.
Los conquistadores y colonos, sin querer queriendo, utilizando una frase apuntalada por el chavo del ocho, fundaron una industria con tremendo éxito que con el correr del tiempo fue dándole desarrollo, identidad y entorno a la región que en sus comienzos era descrita como solitaria, improductiva, seca y rodeada de montañas rugosas e infranqueables. Con los viñedos, esa zona cerril, se transformó en algo paradisiaco, atiborrado del verde agrícola y desde luego atiborrada de promisión.
Hay que decir que la atmósfera inmejorable, matizada por un clima ideal y unos suelos propicios, resultó trascendental en el crecimiento de la vitivinicultura que logró con arrojo extenderse, especialmente, por las comarcas andinas.
En sus inicios la región y el país vinícola produjeron la especial bebida espirituosa en bajas cantidades que abastecían las nacientes poblaciones de la colonia, se trataba de un procedimiento arcaico que más allá de su esencia primaria produjo vinos de muy buena calidad. El año 1853 resultó determinante en el sector puesto que el proceso de pacificación, la adopción de una Carta Constitucional y la puesta en marcha de la primera Escuela de Agricultura de la República Argentina, llamada en sus albores Quinta Normal de Agricultura, evolucionaron la provincia y la potenciaron como región productora de vinos, con el caer de los almanaques, consolidada como la más importante del dinámico país del Cono Sur.
El gran logro encontró tremendo aliado en el ferrocarril puesto en marcha en 1884 que articulo o generó conectividad terrestre entre Mendoza y San Juan con la vertiginosa y pujante ciudad de Buenos Aires. El tema no fue menor porque las provincias cuyanas, famosas por su excelente producción de frutas y hortalizas se convirtieron, gracias al tren, en abastecedoras de alimento y vino para toda Argentina, tiempo después y por la condición porteña de la ciudad capital esos productos fueron saliendo para otros mercados del mundo.
La colonización encontró garantías con el dictado de leyes de aguas y tierras y gracias a esa disposición las siembras de uva y fabricación de vino dieron un salto considerable en desarrollo y prospectiva. A esa bondad se une dentro del contexto histórico la migración europea a tierras argentinas a finales del siglo XIX y el alba del significativo siglo XX. Con los nuevos habitantes provenientes del Viejo Mundo llegaron más y mejores conocimientos sobre el cultivo de uva y obtención vinícola, de esa manera logró catapultarse la industria del vino que halló nuevas técnicas, mejores variedades y un cúmulo de innovación que logró encajar en un entorno especial, facilitando calidad en vinos, el concepto denominación de origen y la adopción de métodos enológicos muy útiles en bodega.
La industria del vino alcanzó una destacada profesionalización en el tiempo, tanto, agricultores y cultivadores de uva como transformadores llegaron a la cúspide, consecuencia de la capacitación y el estudio permanente de la vid, no en vano en los comienzos de 1900 inició operaciones la Bodega de la Escuela de Enología de la importantísima Quinta Agronómica en Mendoza, un compendio de investigación y toda una concepción de la uva y el vino como como ciencia así como exploración, igualmente apalancada en rigores técnicos.
En el marco de Expovinos, la feria de vinos de Colombia, que se lleva a cabo en las instalaciones de Corferias en Bogotá, fue impresionante la presencia de marcas y casas vinícolas que siguen haciendo historia a través de los viñedos, unos de una calidad inmarchitable y otros, parte del arte de añejar e innovar en tan noble y creciente industria en donde una copa se convierte en la mejor y más afortunada experiencia. Casualmente de Mendoza, fundada por pedro del Castillo el dos de marzo de 1561 y trasladada y refundada el 28 de marzo de 1562, llegaron al gran encuentro, reconocidos empresarios, pero también afamadas haciendas y marcas.
En charla con Diariolaeconomia.com, el Export-Manager para Latinoamérica de Bodegas Santa Julia y Zuccardi, Rodolfo Gil Fain Binda, destacó los 18 años de Expovinos en Colombia a tiempo que manifestó la importancia del mercado colombiano para las marcas mendocinas muy a pesar de la elevada carga impositiva para los productos de la empresa que siguen comercializándose de manera importante, en medio de los cambios en el estatuto tributario.
Anotó que por fortuna el colombiano sigue aprendiendo de vinos y saca provecho de la oferta gastronómica generosa que suele acompañarse de manera ideal por un buen vino con las mejores uvas de Mendoza y la experiencia de una casa de gran prestigio en la elaboración de vino con grandes atributos, una bebida noble y sana que armoniza muy bien con las comidas. La venta de los productos, apuntó Gil, aportan significativamente al crecimiento de Colombia.
Aparte de los aportes económicos, explicó el contertulio, el vino es determinante en la generación de empleo y tejido social, algo importante porque a la hora de comunicar el vino debe haber claridad y naturalidad y no hacer el tema complejo porque ello implica alejar a las personas de la especial bebida.
En su plática, Gil Fain Binda anotó que una vez que las personas empiezan a conocer, estudiar y probar distintas variedades, disfrutan mucho más del vino que cuando se detalla de manera práctica entra en la gente que se acerca al vetusto extracto.
Actualmente el grupo cuenta con dos bodegas, una ubicada en el Valle de Uco que procesa y produce vinos Zuccardi, despensa seleccionada por tres años consecutivos como la mejor bodega del mundo, la única en Argentina que cuenta con tres vinos con 100 puntos Robert Parker, calificación perfecta que ubica las bebidas en la gama de alta calidad y que ayuda a transmitir las características del fabuloso terroir del Valle de Uco, es decir humedad del suelo y subsuelo, altitud del viñedo, latitud, topografía, composición, textura, estructura, profundidad, fertilidad y densidad de la superficie utilizada en viñedos.
El Valle de Uco, puntualizó Rodolfo Gil, hace parte de una provincia muy enfocada en la producción de vinos, pero el lugar citado, recalcó, sigue dando resultados extraordinarios.
Por otro lado, dijo, está la bodega en Maipú en donde se elaboran los vinos Santa Julia, un sitio conocido por ser el principal productor de uva orgánica de Argentina, una empresa que apuesta por sustentabilidad lo que incluye medio ambiente y sociedad puesto que hay apoyos a las comunidades y una política empresarial de crecer de la mano de los trabajadores, a tal punto que la compañía creó dos centros de capacitación en donde los colaboradores pueden culminar sus estudios secundarios, igual salones infantiles en donde padres y madres pueden dejar sus niños bajo cuidado y recibiendo ilustración.
El grupo vinícola tiene en una línea de sus vinos el pergamino Fair for Life que permite que por cada botella comercializada se destine una cantidad algún proyecto social, sin embargo matizó que el medio ambiente es un tema demasiado importante para la empresa. Si bien no el 100 por ciento de los viñedos están certificados como orgánicos, sí el total de estos son tratados de manera sostenible, de la misma manera que los avalados.
“En el caso de Santa Julia lo importa directo el Grupo Éxito y se puede conseguir a una relación precio-calidad excelente porque al no haber un intermediario, es factible llegar con un precio competitivo al mercado. Para el caso de Zuccardi, el importador es DLK y sucede lo mismo porque este grupo está enfocado en cadenas de restaurantes y en todo el canal On Premise, es decir que los vinos llegan a los sitios de gourmet a precios demasiado justos”, aseveró Rodolfo Gil Fain Binda.
En línea con el mundo, la crisis global logística, el postre del modo Covid-19, afectó la agricultura y obviamente los viñedos que vieron una inflación disparada expresada en insumos, costos de combustibles y otros rubros. Como si fuera poco, el conflicto Ucrania-Rusia agudizó los contratiempos de la agenda internacional. Argentina que tiene sus propios problemas, uno de ellos, la inflación anual que muestra indicadores muy fuertes, un tipo de cambio fijo que no estimula las ventas al extranjero y unos valores en insumos que crecen día a día castigando los costos de producción y en algunos casos eficiencia y rentabilidad.
El caso de Zuccardi, una empresa familiar, es bien sugestivo porque no está pendiente de la cifra inmediata sino que piensa en el largo plazo y en estrategias de fidelización con sus clientes, de manera inherente hace seguimiento a los número y costes porque sin rentabilidad sería imposible operar, pero insiste en el plan a largo plazo sin desgastarse en el ya.
El grupo comercializa con sus dos bodegas algo más de 15 millones de litros, por fortuna vinos de calidad que involucran el trabajo comprometido de toda una familia que defiende al unísono la oferta de atributo. La empresa maneja por ellos cuatro pilares fundamentales, uno calidad, en lo que es reiterativo, sustentabilidad y mejor ambiente, innovación, todo acompañado de desarrollo social porque la empresa trabaja sin pausa para poder ser útil a la comunidad, eso para Santa Julia y Zuccardi.
Actualmente la firma vende el 50 por ciento de su producción en Argentina y la otra mitad en el mercado internacional, un mix importante porque para poder ser fuerte afuera hay que ser fuerte adentro.
“Hoy en Argentina somos una marca muy fuerte y reconocida, lo cual es fundamental. Cuando alguien viaja a nuestro país y disfruta del turismo del vino, potente en la región, puede ver la importancia que tiene la marca, un plus adicional que nos pone como la primera opción en el mercado externo”, señaló Gil Fain Binda.
La situación de Argentina es delicada y ello ha redundado en una consecuente contracción de la demanda interna, un asunto complicado porque el inconveniente se suma a los costos de producción por la inflación, igualmente la llegada de una helada muy fuerte a finales del año anterior generó apuros en la industria y el sector primario de la vid, un problema que se vio reflejado en la menor oferta de uva que disparó los precios en la materia prima y desde luego en el vino para el caso del mercado local que mostró sobresaltos, todo efecto de la inflación interna y exógena.
Cambio climático, preocupación no tan grande en las tierras del sur
Es por todos, conocido, que el cambio climático es el enemigo a vencer en los próximos años porque la meteorología sigue siendo impredecible, de todas maneras el directivo indicó que en el hemisferio sur no hay daños atmosféricos tan acentuados como en el hemisferio norte, un factor que influye es que después desde el Ecuador hacia el sur hay menor proporción de tierra, totalmente ambiguo a la parte septentrional del globo en donde no es muy grata la ecuación al analizar el porcentaje tierra-agua.
En el sur, reiteró, hay más agua de los océanos que opera como un amortiguador a los cambios de climáticos, evitando un enorme detrimento que se observa en otras latitudes, fundamentalmente del norte como acontece con Europa y las terribles olas de calor, por citar un ejemplo. Al sur igual le ayuda la contención que hacen las selvas como Amazonas y otras muy características del trópico, verbigracia Colombia en donde las junglas están por doquier.
El grupo trabaja duro para seguir creciendo, la situación hace que exista timidez y no se contemple retomar el repunte a doble dígito, pero amén de las dificultades propias y globales hay espacio para continuar con la dinámica, siendo conscientes que por mayores precios y líos de solvencia en los hogares, el consumidor evite adquirir productos o bienes, considerados por algunos de lujo, luego el crecimiento será posible, pero no tan holgadamente, eso sí apostando fuertemente a la industria y al largo plazo.
El vino aparte de ser salud, es amistad, gourmet y felicidad porque una botella de vino se abre para compartir, celebrar o acompañar la buena mesa, sin duda el vino une a la gente y en estos tiempos de conflicto, lo ideal es poder disfrutar de una buena copa para generar confraternidad y camaradería, una iniciativa bíblica llevada al cáliz de Jesús en la última cena y que representó la sangre derramada del Salvador.
Zuccardi, un vino diferenciado para disfrutar en familia
A su turno el Director de Vinos Familia Zuccardi, José Alberto Zuccardi, dijo que la bodega fue fundada en 1963 con el convencimiento de que la marca produciría vinos de muy alta calidad, sobre pilares de innovación, compromiso social y ambiental.
Su fundador, el ingeniero Alberto Zuccardi, avizoró un negocio rural apalancado en particularidad y diferenciación por lo que apostó por viñedos y vinos de gama alta, pero igual por olivares de enormes condiciones. Familia Zuccardi dispone de las mejores uvas cosechadas en los viñedos de Valle de Uco, Maipú y Santa Rosa en la provincia de Mendoza. La empresa cuenta con una gran reputación y se caracteriza por obtener vinos de muy alta calidad, cargados de valor agregado.
Por la escasez de agua en Mendoza, el precursor de la bodega le dio rienda suelta en 1950 a sus experimentos con nuevos sistemas de irrigación, le gustaba su emprendimiento así tuviera en el pensamiento y el corazón a su natal Tucumán. Caviló sobre la llegada de sus bisabuelos al norte de Argentina, personas buenas que salieron de la región italiana de Avelino buscando tranquilidad y oportunidad.
Ya en 1963 Alberto Zuccardi estableció un viñedo en la región mendocina de Maipú, lo cual le sirvió para mostrarles a los lugareños el funcionamiento de un sistema de riego, creación suya. Así el empresario Alberto Zuccardi y su señora Emma empezaron a escribir la historia de una empresa familiar que llegaría muy lejos, en poco tiempo, en 1968 edifican la bodega que marcaría un hito.
José Alberto Zuccardi, hijo, ingresa a la empresa familiar, igual que su padre con visión y precisión. En los años 80, adelantándose a los cambios que asomaban en la industria del vino a nivel mundial, la marca arranca con un juicioso proceso de reconversión de viñedos, todo para lograr variedades vitivinícolas de alta calidad, el ojo avizor del hijo llevó la empresa a lugares de privilegio con una marca que resulta de gran valor para Argentina. El paso siguiente fue la puesta en el mercado de vinos Premium, una apuesta ganadora en la línea de gama alta.
En 1999 el grupo crea la denominación Zuccardi Q, por Quality, luego de seleccionar las mejores parcelas de viñedos y de poner al frente del nuevo producto a los colaboradores más experimentados. En ese mismo año la bodega presenta Zuccardi Q Tempranillo, cosecha 1997, un vino lleno de novedad y exquisitez, el grupo logro una excelsa maduración y atributos, pero puso por primera vez la etiqueta de gama alta. Este vino ultra Premium fue un enorme avance y un salto de calidad, se elaboró en Mendoza con tempranillo, una variedad utilizada en Argentina desde el siglo XVIII, pero poco considerada a la hora de producir vinos de calidad superior.
Hoy son tres generaciones las que trabajan en Familia Zuccardi, el padre, la generación de José Alberto y sus hijos que ya están al mando de las actividades. En la empresa se hace de todo porque como lo señala don José Alberto, el vino es una pasión y una forma de vivir que expresa lugares e inclusive a las personas que lo hacen.
Las dos bodegas, Santa Julia en Maipú y Zuccardi Valle de Uco son un emblema de Mendoza, sus vinos tienen como particularidad que son obtenciones de terroir, es decir que hablan del lugar de donde vienen las uvas, a la empresa le encanta decir que hace los vinos en el viñedo.
Aclaró que la variedad que identifica a Argentina es Malbec, pero indicó que igual se fabrica Cabernet Franc, vinos tintos bastante coloreados, con delicado bouquet y aroma básicamente herbal, pero con romas adicionales, de acuerdo al lugar de siembra. En el portafolio está el Cabernet Sauvignon, tempranillo, Chardonnay, Torrontés y una gama amplia de variedades porque recalco que Argentina es Malbec, pero también diversidad.
La ampliación, sostuvo, es la calidad en producto que garantiza el Valle de Uco y las enormes propiedades en suelo cultivable.
Anotó que el Covid-19, los asuntos logísticos, el abastecimiento de botellas y otros inconvenientes generaron aprietos, pero el consumo se mantuvo porque en pandemia la gente se quedó en su casa, cocinó y tomó más vino porque sin duda se trata de la bebida de la familia. En medio del encierro por la enfermedad, paradójicamente los consumos de vino crecieron fuertemente en todo el globo, fue un fenómeno interesante.
En Argentina la pandemia aconteció con todo tipo de medidas restrictivas y sanitarias, pero para hacerla más llevadera por las limitaciones la gente tomó más vino teniendo en cuenta que es un alimento con un porcentaje de alcohol.
“Nosotros somos un país poblado por inmigrantes italianos, españoles, francés y otros de Europa que trajeron el hábito de cultivar la vid, pero igual la costumbre de consumir vino con las comidas, luego al hablar de vinos el tema pasa por alimentación saludable más no por alcohol”, declaró el señor Zuccardi.
La marca llega hoy a 70 países, Latinoamérica y todos los continentes, pero lo reconfortante es que el vino argentino va creciendo en su reconocimiento, pero el grupo lo ve satisfactoriamente con Zuccardi y Santa Julia, sellos que siguen en el proceso de conquistar nuevos mercados. En Europa las ventas son destacadas, pero Inglaterra es el tercer mercado, después de Argentina y Estados Unidos, de todas maneras la marca está en todo el continente europeo, desde los países nórdicos hasta las naciones que producen vino, en donde hay ventas porque el consumidor quiere probar la oferta internacional.
En opinión de José Alberto Zuccardi, Colombia es un mercado importante para el grupo porque el consumo de vino ha ido creciendo a pasos agigantados porque si bien hay más de 50 millones de habitantes cada vez hay más personas que aprecian el vino.
En Mendoza, explicó, el cambio climático se expresa con menor cantidad de nieve en la cordillera lo que obliga a los agricultores a ser más eficientes en el uso del agua, algo perentorio porque en su apreciación la vida humana es muy corta en relación con los tiempos de la naturaleza, lo que hace muy difícil predecir que va a pasar.
Los retos son muchos, el grupo Zuccardi quiere mostrarle al mercado los llamados vinos de terroir, de esos que hablan de su origen, del lugar de donde vienen las uvas. Es bueno remembrar que en 2005 Zuccardi Zeta, un corte de Malbec y Tempranillo, obtuvo en desarrollo de Vinexpo, Francia, el reconocimiento como una de las diez revelaciones llevadas a la famosa feria.
Grupo Éxito, nuevamente la saca del parque con Expovinos
La Directora de la Feria Expovinos Carolina Cardona, el evento se llevó a cabo en medio de una mayor tranquilidad puesto que el dólar fluctúa y tiende a la baja, las materias primas siguen bajando de precio y el mundo está en un reacomodamiento de las cifras, algo positivo porque el fenómeno da el margen para demandar bienes y servicios.
A la feria que llegó a su versión número 18 la coyuntura le sirve porque la gente no solo querrá saber más de vino sino que tendrá los recursos para comprar una buena botella de tinto, blanco o rosado, el vino que más le cautive o llame su atención.
“Estamos muy emocionados porque Expovinos ya tiene cédula, cumplió su mayoría de edad y cada día buscamos nuevas tendencias para hacer de la feria algo mucho más interesante y que logre cautivar a ese público número que año tras año viene. Tenemos espacios muy amplios para aprender, disfrutar y seguir enriqueciendo el conocimiento, habrá espacios para consumir preparaciones a base de vino, unos cocteles ligeros y fáciles de preparar, todo dirigido por expertos que orientarán sobre qué se está tomando y con qué se preparó para que los asistentes tengan posteriormente la experiencia en sus casas, una forma ideal de ingresar a la categoría de principiantes”, manifestó Cardona.
Resaltó los espacios creados en la feria para expertos como charlas, conversatorios, catas a ciegas, música y lúdica, todo un entorno apacible para consentir los sentidos.
La vocera puntualizó que a la feria llega vino de todo el mundo y de todas las calidades, hay presencia de España, Francia, Italia, Portugal, Estados Unidos, Chile y Argentina entre tantos, pero igual está la muestra colombiana que sigue haciendo la tarea para construir una historia vinícola. Colombia, acentuó, es un país aún muy pequeño en la producción de vino así como en compra o ingesta pues no se acerca a países como Portugal, Francia o España, hay un comportamiento prematuro, pero se empieza a hacer pinitos porque el per cápita se acerca al litro, algo para destacar porque cuando inició la feria el consumo era de 0.3, lo que muestra ha aportado al crecimiento de la demanda.
En la versión que culmina, afirmó la Directora de Expovinos, los asistentes encontraron más de 600 referencias con un promocional muy interesante que es la segunda unidad con el 80 por ciento de descuento. La gente encontró muchas marcas de vinos importados, pero igual propuestas colombianas.
La gente ha entrado por el camino del vino, ya sabe de calidades y características, en Colombia predomina el vino tinto, pero este año entraron fuerte a esa torta los vinos blanco y rosado, seguramente de más consumo por el clima cálido y la calidad ofrecida.
En Colombia las ciudades que más toman vino son Bogotá y Medellín porque lograron crear una cultura a partir del viñedo, la capital de país representa el 50 por ciento de las ventas, mostrando que es la urbe que más vino consume en Colombia.
A futuro el crecimiento en el consumo puede pasar a 1.1 o 1.2 litros, algo lento, pero seguro, entre otras cosas porque las personas ven en este producto, salud, buena digestión, el mejor acompañante en comidas y todo un deleite a la hora de compartir.
En el ámbito local hay personas que se han metido tanto en el tema que ya diferencian los vinos del Viejo Mundo a los del Nuevo Mundo, para el caso de Colombia el consumidor se inclina preferencialmente por los vinos de Chile y Argentina, para Carolina Cardona los colombianos siguen siendo muy de paladar Malbec.
Sería ideal, dijo, que las personas sepan más de vino y gourmet, que aprendan a diferenciarlo y utilizarlo adecuadamente en los diferentes eventos, en preparación de cocteles y en las aplicaciones que pueden requerir algunos platos. La feria quiere seguir construyendo esa democratización y el consumo responsable de vino.
El gusto por el vino ha crecido tanto que inclusive varias universidades que tienen el programa de sommelier, es decir la persona que crea y actualiza la carta de vinos en común acuerdo con los chefs y el gerente de alimentos y bebidas. Este cargo tiene por función recomendar maridajes de comida y vino, asesora a los comensales sobre vino dependiendo del gusto personal y el plato escogido.
Cifras al vino
El consumo del vino sigue creciendo en Colombia. En el mercado nacional la categoría ocupa la segunda posición en el ranking de ventas de bebidas alcohólicas, con una participación del 13% luego de las cervezas según Nielsen (corte al mes de junio de 2023). En 2022 se vendieron 43 millones de botellas. En Grupo Éxito, la categoría de vinos ocupa el segundo lugar en la participación de ventas de licores con un peso del 14.51% después de las cervezas (38.92%) y superando a los whiskys (11.78%). La categoría de vinos ha crecido un 13,38% en el acumulado del 2023 aportando más de $10 mil millones de pesos a la sublínea de licores en el Grupo Éxito. De cada 100 pesos que se venden de vinos en el retail en Colombia, incluyendo formatos descuento, 49,3 son vendidos por el Grupo Éxito según la consultora Nielsen (junio de 2023).
Carulla es líder en venta de vinos de Grupo Éxito, cuenta con el 27,35% de participación en el mercado. Carulla y Éxito representan más del 83.59% de las ventas de vino del Grupo Éxito, con una participación de 51.58% y 32.01%, respectivamente. En promedio, el 34% de los clientes que compran vino en las cadenas de Grupo Éxito vuelven a adquirir la categoría.
“Grupo Éxito ofrece 1480 referencias de vinos siendo la selección más amplia en el país. Este portafolio comprende 760 tintos, 380 blancos; 120 rosados; 180 espumantes y 40 referencias de vino dulce. Grupo Éxito tiene 60 marcas exclusivas. En 2022 la línea de vinos exclusivos creció el 30% representando el 23% de las ventas totales de vino del grupo. Durante 2023 las marcas exclusivas vienen creciendo un 45% y 27% en unidades vendidas. En las marcas exclusivas se destaca Cruzares a $14.950 que se encuentra en tinto, blanco y rosado y es la marca más vendida con cerca de un millón de botellas al año”, aseveró Carolina Cardona Echeverri, Directora de Expovinos.
La crisis climática se vino
El tema de incertidumbre climática toca a todos los sectores de la economía y el vino no queda por fuera pues ante una ola de calor intensa o un fenómeno de la niña agudo, algunos países productores de vino podrían estar en problemas, dándole ventajas incluso a los productores latinoamericanos, más exactamente a las prestigiosas bodegas del Cono Sur.
A criterio de Carolina Cardona, cada vez se va descubriendo nuevos terrenos o espacios para cultivos de uva, pero también variedades. En ese asunto la venta es muy grande para Suramérica y Colombia, un país tropical con todas las vicisitudes en clima podría tener oportunidad porque en Villa de Leyva hay viñedos de muy buena calidad luego el tema es interesante y se puede ir explotando en la medida que por clima vaya surgiendo la necesidad.
Al igual que Villa de Leyva en Boyacá, el Valle del Cauca tiene tradición con los cultivos de uva y la producción de uvas, de la región se tienen según la organización de Expovinos unas 20 referencias, es decir que tibiamente en Colombia ya hay en la industria del vino calidad y variedad. Grupo éxito tiene codificadas 35 referencias de vinos nacionales, en promedio cinco marcas.
Los colombianos están llamados a incrementar el consumo de vino, esencialmente importado, pero sin descuidar la oferta nacional porque hay empresas que han apostado por la bebida, y el momento es ahora cuando retornan los niveles coherentes de la economía, luego nuevamente le llegó la buena hora al vino, aprovechando el boom que se tiene, pero igual incentivando el consumo responsable y la educación para que las personas sepan que están consumiendo y con qué fin lo están haciendo.
El vino dicen los historiadores fue obtenido por primera vez en el periodo neolítico, luego de vestigios arqueológicos encontrados en los montes Zagros, en la zona que hoy muestra a Irán e Irak en donde prosperó la vitis vinífera sylvestris, un producto que posiblemente se produjo por la llegada de la cerámica.
El vino, la fermentación del jugo o zumo de uva ha estado en todas las culturas milenarias, en Roma llegó en el año 200 antes de Cristo. Las bebidas a partir de uva a las que se les agregaba azúcar se registran según los expertos 6.000 y 5.000 años a.C, pero el verdadero origen del vino se dio en la Edad de Bronce, año 3.000 a.C, una preparación al parecer accidental tal y como pasó con el queso.
Los investigadores han establecido que la primera cosecha de uva destinada a la obtención de vino se dio en sumeria, debido a unas plantaciones enormemente beneficiadas por estar en unas tierras fértiles en donde recibieron riego de los ríos Tigris y Éufrates, la otrora, colorida y mágica Mesopotamia, cuna del vino. De sumeria pasó a Egipto e donde encontró fuerte competencia con la cerveza que se fabricaba justo en el año 3.000 antes de la era cristiana. La vid fue encontrando su sitio y fue cultivada a orillas del río Nilo en donde nacieron sólidas industrias productoras de vino tinto.