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Domingo, 26 Septiembre 2021 10:25

Delincuencia horroriza, pero urgen salidas yendo a la raíz del problema

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Delincuencia horroriza, pero urgen salidas yendo a la raíz del problema Imagen-de-Tumisu-en-Pixabay

El hampa campea, la industria del delito se exporta, las ciudades se hacen cada vez más complicadas, pero para el analista Aurelio Suárez, el debate está en qué es lo que fomenta muertes, robos y atracos.

El país, de manera preocupante, deja ver un problema sumamente grave que está impactando a la sociedad y a la misma economía. Hoy, como consecuencia de los atracos, las pocas personas que salían a demandar bienes y servicios no lo están haciendo, la gente tiene pánico, la sugestión se apodera de muchos y él término calle horroriza.

En diálogo con Diariolaeconomia.com, el analista económico Aurelio Suárez Montoya, dijo que el pánico que hay actualmente en el país tiene varios fundamentos y aristas, la desocupación, el hambre, narcotráfico, micro-tráfico, la exclusión y la falta de oportunidad entre tantas lecturas que el flagelo pueda tener.

Expuso que el pavor reinante en el país con respecto a la seguridad, porque hay horror, se establece en varios aspectos, el primero unas cifras aterradoras como por ejemplo que en Bogotá se roban dos celulares por minuto y que cada hora los malhechores sustraen una bicicleta o una moto. La categoría de hurto a personas, un asunto muy sensible por los robos reportados.

En homicidios, la estadística muestra que en 2015 habían de manera violenta 16.000 muertes al año, hoy el reporte es de 12.000 decesos de ese estilo, es decir, dijo Suárez Montoya, que el país de debe al acuerdo de paz, 4.000 homicidios menos, sin que la cifra aliente porque sigue siendo muy alta.

El segundo tema que asusta a la población es que no ve a las autoridades, y allí, dijo el analista, hay que hablar desde el Presidente de la República Iván Duque, para abajo, lo cual invita a algunos alcaldes y otros funcionarios a tener un diagnóstico cierto de la situación, entre tanto, apuntó el experto, se dan soluciones infundadas porque con 350 efectivos de la PM en Bogotá, no es fácil cubrir la totalidad del problema que suele diseminarse por las capitales con ollas, zonas neurálgicas, presencia de extranjeros con fines delictivos y otros aspectos delincuenciales, lo cual hace que la gente no palpe una política de seguridad fundamentada y estructurada a partir de un análisis.

 

Aurelio Suárez Montoya

“El asunto es complejo y tiene varias explicaciones que han quedado en muchos documentos de seguridad. Hay un pliego del BID del año 2019 que dice que las penurias económicas son uno de los factores concomitantes con la violencia, al igual que el consumo de alcohol, narcóticos, la desestructuración familiar, deserción escolar y la edad de la población. Hay otros tratadistas donde dicen que nadie escoge su futuro y aclaró que también hay violencia emocional con unos impactos alarmantes en la población. Consideró perentorio asistir en programas de educación a las comunidades y a las escuelas de primaria y secundaria”, puntualizó Suárez Montoya.

 

Analizó que cuando se hace un inventario para morigerar esas cosas, incluyendo diagnósticos y propuestas, es fácil ver que Colombia se rajó, pues no se ve en el camino nada que pueda estructurar una política de seguridad.

Una de las recomendaciones claves en torno a la seguridad es el control a las armas ilegales. Agregó que algunas entidades o centros especializados como el Instituto de Estudios Superiores en Derecho Penal, Indepac, señala que en la última década, más o menos, las armas ilegales pasaron de dos millones a 4.5 millones en manos de los nacionales.

 

“El país tiene un componente adicional que es el narcotráfico ya que en Colombia viene aumentando el consumo interno de sustancias psicoactivas, hoy el 3.5 por ciento de población aproximadamente consume ese tipo de narcóticos, sin embargo, cuando se miran las detenciones por estupefacientes, ha disminuido el número de aprehensiones o requerimientos diarios, respecto a tres o cuatro años atrás”, afirmó Suárez Montoya.

 

Sobre el tema, anotó, que hay una serie de factores que vienen creciendo y generan inseguridad, pero que además se agravan porque en Colombia no hay una política integral y sólida de seguridad.

 

Reforma a la Policía, el cambio debe ser general

En opinión de Aurelio Suárez Montoya, hay un tema muy delicado, tiene que ver con lo que se está discutiendo en el Congreso de la República y es la reforma a la Policía, en vista que al hacer un recuento de los miembros de la institución que han tenido que salir del servicio por actividades irregulares en los últimos cinco años, la suma llega fácilmente a los 7.000 agentes del orden.

Si bien, la Policía como institución tiene gente muy buena, comprometida con la ciudadanía, aferrada al derecho y sumamente honesta, igualmente, hay que decir, la regla tiene sus excepciones como es el caso del coronel de la Policía que servía como gancho en la temible y escabrosa Calle del Bronx, por citar un ejemplo.

 

“Estamos frente a una situación en donde yo diría, hay que replantearlo todo, la labor de la Policía, la estructura de la institución. A la Policía le hicieron un estudio en el año 2017, en pleno gobierno de Juan Manuel Santos, en donde se presentó un modelo de transformación de los uniformados, hoy el piloto está engavetado. Ahí me llamó la atención un estudio de la Universidad de los Andes de hace dos años en donde se demuestra cómo hay una resistencia al cambio del generalazgo en la Policía”, aseveró el versado.

 

Desde su perspectiva y dadas las condiciones, el país tiene que tomar medidas de corto, mediano y largo plazo, en donde las de corto plazo están enfocadas con la prevención del delito, pero eso, comentó Suárez Montoya, no es lo único porque tiene que haber un cuadrante entre la restricción y la prevención para después pasar a las esferas institucionales, es decir, cómo está funcionando la Fiscalía, de qué manera funcionan los jueces, pero sobretodo, cómo está funcionando la Policía porque no es posible que en Bogotá y en todo el país sigan existiendo unas zonas, y en ese asunto, el experto citó a Pereira, Cali, Medellín y Barranquilla, que están en poder del micro-tráfico sin que pase absolutamente nada en esos focos de crimen, dejando la pregunta en el aire, ¿y por qué las autoridades no proceden?

En esa situación desglosó Suárez, hay muchos factores, advirtiendo que el componente económico tiene un gran peso. Por ejemplo, añadió, casi todos los tratadistas internacionales sobre temas de seguridad hablan de atender la desigualdad, porque este es un elemento que fomenta la violencia. El lío se complica porque se están desarrollando modelos de ciudad y país, claramente estratégicas y que en el fondo son propiciadores de ignominia e intimidación tal y como lo demuestran un sinnúmero de estudios en el mundo.

 

 

El escenario es complejo, Colombia está doblegada por la inseguridad y las crecientes bandas criminales. Hoy, como si fuera poco el problema económico, se suman los asaltos a establecimientos públicos, el fleteo y los recurrentes robos callejeros, un contexto deplorable que muestra una contracción adicional de la economía, pero igualmente, la precarización social que como dicen algunos analistas es también la consecuencia del modelo económico y la globalización porque con importaciones masivas muchas personas quedaron sin hacer absolutamente nada, esperando cualquier tipo de propuesta que les genere ingreso. El reto para las autoridades es gigante, asunto aun más apremiante si se tiene en cuenta que el cuerpo policial en el país es de 157.820 agentes. No sobra recordar que la Policía Nacional fue creada por el Decreto 1000 del cinco de noviembre de 1891.     

En materia de lenguaje violento, explicó Suárez, el país tiene en sus dirigentes, de lado y lado, un cruce vehemente de palabras ofensivas, soeces e inconvenientes que influyen en la población, posiciones agresivas que quedan guardadas en la mente, es decir que con ese y otros paradigmas, el país está rajado en todo y por ello hay que empezar de nuevo y volver a la seguridad, no se trata de adoptar medidas coyunturales sino de darle trámite a toda una política integral de protección ciudadana. 

El tema, complementó, no es replicar la seguridad democrática porque bajo ese concepto la causa se desborda por la misma represión y termina generando otro tipo de violencia y de crímenes.

Un tema es cierto, amen de lo espinoso, hay que corregir las desigualdades al interior de la misma Policía, el país no puede seguir con una fuerza pública opulenta y otra empobrecida, sin derecho y sin margen de vivir dignamente. Algunos comentan que los Policías deberían tener mejores condiciones salariales, en vivienda, prelación para la educación superior de sus hijos y recreación, finalmente son quienes salvaguardan, exponiendo sus vidas, la tranquilidad nacional.

Sobre el tema, Suárez apuntó que el estudio que adelantó la comisión encargada por el Presidente Juan Manuel Santos para mejorar la Policía tenía tres componentes esenciales, salarios de los gendarmes, mecanismo de reclutamiento de agentes de Policía y la poca transparencia en las investigaciones internas de la institución.

Yo hago una pregunta, eso fue en el año 2017, vamos para un cuatrienio, ¿se ha resuelto algo?, no ha pasado nada en muchos casos que deja hoy una Policía cuestionada por temas de Derechos Humanos, luego hay que empezar por Imagen-de-ugo_leonardo-en-Pixabayel comienzo, educación, prevención, asepsia en las instituciones y construir una política de seguridad consecuente, estructurada y confiable.

Justamente el Congreso de la Republica adelanta un debate sobre la reforma a la Policía que incluye varias propuestas e iniciativas.

 

“De manera infortunada escuche al presidente del Senado diciendo que ellos van a probar en la cámara alta lo que le parezca al Gobierno, algo complicado porque no reúne el principio democrático y de independencia en las ramas del poder público. Una reforma cosmética, subsidiaria, frágil y allegada no resuelve nada ni tiene el mínimo sentido”, recalcó Suárez.

 

Cabe recordar que en la reforma proyecta mayor regulación y control de armas traumáticas. En la actualidad la imagen negativa de la institución está muy alta y el ejecutivo busca cambiar el rumbo para retomar respeto, apego y franqueza.

La inseguridad de hoy no puede endilgársele única y exclusivamente a la llegada masiva de extranjeros, el tema pasa por el modelo económico, la salida de gente de los campos, de las empresas, el cambio de importaciones masivas por puestos de trabajo fue llenando la copa y la realidad social de hoy es un coctel molotov, estallido expresado en descomposición social, prostitución, crimen organizado, bandas de ladrones, tráfico de estupefacientes y atracadores.

Alguien dijo hace más de 100 años, un tratadista o sociólogo inglés, afirmaba que la forma como un ser humano puede mirar la política urbana depende de dos factores, la relación entre el campo y la ciudad, pero igual de la política de vivienda obrera.

 

“Necesariamente el campo produce migración por el desarrollo mismo del capitalismo, por el avance de la tecnología y de las fuerzas productivas etcétera, pero si un gobierno no tiene unas políticas para atender a las personas que migran del campo a la ciudad, para que el labriego llegue a la urbe y pueda adecuarse, acoplarse y poder estar a un nivel urbano de ingreso mínimo para resolver necesidades básicas y de subsistencia, lo que genera es un caos social y por supuesto que hoy tenemos un elemento de esos aquí que no se ha tratado. A mí me atrajo el hecho que le hubiesen quitado un lote a la mafia y ahora se lo vayan a dar a los concesionarios de un aeropuerto, en lugar de encontrar en una extensión de 600 hectáreas, poder construir una ciudad con hospitales, colegios y buena vivienda para los colombianos marginales que habitan zonas deprimidas. ¿Cómo es posible que estemos manejando el país de esa forma?, aquí lo visible es que estamos en ceros y eso está reflejando las verdaderas realidades de la sociedad Colombiana.

 

El país está llamado a poner la casa en orden, a componer las cargas para evitar un problema de descomposición social que le dio rienda suelta a un crimen organizado que no da tregua.

Imagen-de-Victoria_Borodinova-en-PixabayDentro del crimen organizado, manifestó Suarez Montoya, hay verdaderas bandas delincuenciales y eso, en su opinión, muestra un factor inexplicable de falta de tolerancia. Manifestó su inquietud por unos grupos criminales totalmente profesionalizados que no se pueden desarticular, ¿Qué será lo que pasa ahí?

En tiempos de Al Capone, la institucionalidad Norteamericana trabajó muy duro para atacar las mafias para lo cual hubo integración, persecución y arrojo para perseguir las bandas profesionales y desarticularlas. El crecimiento de las armas ilegales en Colombia es totalmente inexplicable.

A las cuarentenas y restricciones se unió una restricción en términos económicos, pero hay problemas estructurales desde antes de la pandemia. Suárez aclaró que la economía y todo venía muy mal desde antes de la pandemia, después de eso todo se derrumbó.

 

“Me llega a la mente el libro de Mauricio Cárdenas, sobre cómo ha avanzado Colombia, cuando la economía en ese tiempo creció al dos por ciento, con una destorcida en los precios de los productos básicos que trataron de suplir con los TLC y me preguntó, ¿pudieron?”

 

Mucha gente salió del campo sin dinero, sin tierra y amenazada, las necesidades que pasaron fueron muchas, después sin ingreso ni opción entraron a grupos delincuenciales y petrificaron su corazón.

Las industrias del crimen o multinacionales de la muerte terminaron globalizándose porque ese esquema cuando abre la puerta permite que entre absolutamente todo, hoy tenemos la globalización del crimen, el país tiene un tema de narcotráfico muy apremiante que pesa en la seguridad de la gente, ya exporta sus deplorables productos y su amenaza.

 

“El narcotráfico tiene un componente que pesa en la inflación y la inseguridad. Hoy nos enfrentamos a una política antidroga de los Estados Unidos que no ha generado sino problemas, muertos, sangre y desolación”, expresó Suárez.

 

El gran problema de narcotráfico lo resuelve Estados Unidos, el inconveniente sin duda está allá, un gramo de cocaína en Colombia se puede multiplicar en las calles de Nueva York por más de 30 veces. Al ver la cadena de las siembras prohibidas, la principal ganancia está en el tráfico, mas no en la producción que implica un 15 por ciento.

La historia dice que toda la vida hubo ladrones y personas interesadas en despojar al de al lado, la manera de evitar el crimen paso por amputaciones y tortura hasta la muerte, una práctica oriental para atracadores y corruptos. De hecho cuando Jesús fue crucificado lo acompañaron en la brutal jornada dos ladrones, el que la Biblia refiere como buen ladrón ubicado a la derecha del redentor y el mal ladrón, Gestas, a la izquierda.

Imagen-de-Gerd-Altmann-en-PixabayAl observar el delito y el hurto en la historia es fácil notar que los malhechores en todas las etapas de la humanidad fueron personas excluidas, sin oportunidad o saqueadas y desposeídas en el nombre de su majestad el Rey. Generalmente la pobreza empezó siendo el caldo de cultivo de la delincuencia pero con los siglos el quitar lo ajeno fue tomando perfil y se fue profesionalizando. Pasamos desde el ladronzuelo que esculcaba bolsillos en oriente próximo, al intimidante forajido, luego al asalto de las diligencias en el viejo oeste en pleno siglo XIX y luego a las bandas mafiosas por el licor.

El deseo de ganar dinero fácil, acudiendo al hurto o asesinato ha dejado grandes huellas en la historia universal, algunas reivindicaron o crearon paradigmas de valor enfrentando o evitando el robo, como Robin Hood, el príncipe de los ladrones, el mismo que robaba a los ricos para darle a los pobres, igual Ali Babá, el humilde leñador de Persia que dejó viendo un chispero a los 40 ladrones

Cabe informar que a comienzos de octubre saldrá el libro “Saqueo” 30 años de la economía colombiana, una obra de Aurelio Suárez que crudamente muestra el por qué el país está como está, 965 páginas de historia, análisis y entretención.

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